‘L’estat de la ciutat (111)’: Pujolismo y soberanismo

L’ESTAT DE LA CIUTAT

Con menos de 24 horas de distancia se produjo la comparecencia de Jordi Pujol ante el Parlament de Catalunya y la firma de Artur Mas del decreto para convocar la consulta del 9N. Entramos en la recta final del proceso soberanista y en una semanas de intensas turbulencias políticas.

El encadenamiento de ambos acontecimientos expresa la estrategia de CiU de minimizar el impacto de las fundadas sospechas de corrupción institucionalizada durante los 23 años de gobiernos convergentes mediante el mecanismo de tapar, antes con la senyera y ahora con la estelada, las prácticas corruptas de una formación que tiene embargada su sede central por su presunta financiación irregular en el caso Palau.

La comparecencia de Pujol, el 26 de septiembre a las 16 horas, constituyó un monumental desprecio a la cámara catalana que cuenta con escasos precedentes. El ex president de la Generalitat hilvanó un relato fantástico sobre el origen de las cuentas opacas de su familia en el extranjero, sin aportar ninguna prueba documental. Además, no sólo se negó a responder a una sola de las preguntas de los diputados, que era el objeto de su comparecencia, sino que histriónicamente les abroncó por atreverse a cumplir con su obligación. Una actitud intolerable que sólo deja una salida honorable al legislativo catalán: la constitución de una comisión de investigación.

Foto: Parlament de Catalunya (Job Vermeulen).2014
El expresident, saliendo del Parlament. Foto: Parlament (Job Vermeulen)

Tendremos ocasión de comprobar si ERC comete el mismo error en que incurrió Pasqual Maragall cuando, a cambio del apoyo de CiU para sacar adelante el Estatut, renunció a investigar sobre el 3 por ciento de las presuntas comisiones irregulares de la adjudicación de obra pública. Ahora Esquerra podría verse tentada a tapar el caso Pujol, a cambio de salvar el proceso soberanista.

Ciertamente, los aparatos del Estado están utilizando el caso Pujol para intentar reventar el proceso soberanista. Ahora bien, esto no es óbice para que las fuerzas políticas y la sociedad catalana emprendan un combate sin concesiones contra la corrupción estructural que ha acompañado los ejecutivos convergentes. Mal empezaría el nuevo Estado que se quiere construir si previamente no se erradican unas prácticas incompatibles con una mínima moral democrática.

Dos intervenciones deleznables

Destacaron por su bajeza moral las intervenciones de la portavoz del PP, Alicia Sánchez-Camacho y de CiU, Jordi Turull. La primera, a diferencia de Pujol, se negó a comparecer en la cámara catalana por el turbio asunto de su comida con la ex amante del Jordi Pujol Ferrusola en el restaurante La Camarga, grabada por la agencia de detectives Método 3. La líder popular quiso presentarse como una especie de Juana de Arco de la transparencia y la lucha contra la corrupción. Ello a despecho de las informaciones periodísticas que apuntan que fue perceptora de los sobres en negro de Luis Bárcenas. El PP cometió una grave equivocación al designar a Sánchez-Camacho, que hace meses debería haber dejado la dirección del PP catalán, como representante del partido en esta esperada comparecencia.

Foto: Parlament de Catalunya (Job Vermeulen)
Pujol, durante su comparecencia. Foto: Parlament de Catalunya (Job Vermeulen)

Turull no le fue a la zaga. No le formuló ni una sola pregunta a Pujol, como era su obligación, dio por buenas las novelescas explicaciones del ex president y, lo que es más grave, se dedicó a criticar con una dureza injustificada a los portavoces de los grupos por realizar su trabajo. No contento con ello arropó a Pujol a la salida del Parlament; un gesto que revela la nula voluntad de Convergència de realizar una limpieza de las prácticas corruptas que han acompañado su gestión.

Perspectivas tras la firma del decreto

El 27 de septiembre a las 10:30 horas, Artur Mas cruzó su particular Rubicón al firmar el decreto de la convocatoria de la consulta. Entramos, pues, en la recta final del proceso soberanista y ante unas semanas de intensas turbulencias políticas

El president de la Generitat apareció flanqueado por los miembros de su gobierno y los dirigentes de ERC y CUP. En esta ocasión, a diferencia del acto de presentación de la fecha y preguntas del referéndum, ICV-EUiA tuvo la inteligencia política de no figurar en una foto que hubiera mostrado su seguidismo respecto al nacionalismo burgués y pequeñoburgués. No fue ésta la actitud de la CUP que, más allá de su retórica anticapitalista, se alinea con CiU y ERC en las grandes ocasiones, mostrando que forman parte de la extrema izquierda del movimiento soberanista. Un comportamiento que no debe extrañarnos, pues comparten una base social mesocrática semejante.

Mas, després de convocar la consulta. Autor: Generalitat
Mas, després de convocar la consulta. Autor: Generalitat

Como todo el mundo sabe, el decreto será impugnado por el gobierno del PP ante el Tribunal Constitucional (TC), lo cual si éste lo admite a trámite, será automáticamente suspendido. Esto comportará que la consulta no tenga validez jurídica tanto a nivel español como internacional.

A diferencia de Escocia, aquí el referéndum no cuenta con el acuerdo del Estado de referencia lo cual se alza como un obstáculo formidable no sólo para la celebración de la consulta con unas mínimas garantías democráticas como para su reconocimiento internacional. La derrota de los independentistas escoceses ha debilitado la posición de la Generalitat, pues ha cerrado el camino de un precedente en la Unión Europea para arbitrar la aceptación de un nuevo Estado surgido de la secesión de un Estado miembro de la UE mediante el ejercicio del derecho de autodeterminación.

En este contexto es altamente probable que Mas argumente que él ha cumplido con su compromiso de convocar la consulta, pero que la suspensión del TC le priva de las mínimas garantías para su realización. Esto no le dejaría otra opción que disolver el Parlament y adelantar las elecciones autonómicas, pretendidamente plebiscitarias.

Máquinas nacionalitarias

En las próximas semanas el debate soberanista alcanzará cotas de paroxismo. Las máquinas propagandísticas del nacionalismo español y catalán funcionarán a su máxima potencia, lo cual ahondará la fractura entre España y Catalunya, pero también en el interior de Catalunya entre unionistas y separatistas. Un juego extremadamente peligroso y de imprevisibles consecuencias.

Para el PP la defensa de la “unidad de España” puede servirle para remontar una legislatura desastrosa e incluso permitirle conservar el poder. En Catalunya, desde el punto de vista político, la eventual imposibilidad de realizar la consulta consolidará la transferencia de la hegemonía en el interior del movimiento nacionalista de CiU a ERC.

El presidente del gobierno central, en la Muralla China, esta semana.
El presidente del gobierno central, en la Muralla China, esta semana.

Desde el punto de vista social, puede generar en un primer momento una gran frustración en las capas atomizadas y despolitizadas de las clases medidas, base social del movimiento secesionista. No obstante, en un segundo momento puede cristalizar en una masa social –cuyo referente sería la ANC– que persista en la reivindicación secesionista bajo otros escenarios políticos, ahora difícilmente previsibles, pero que podrían orientarse hacia una declaración unilateral de independencia de incierto resultado.

Más allá de estos eventuales desenlaces, la dinámica abierta por el proceso soberanista proporciona argumentos ideológicos y una base social para al menos una generación nacionalista.

Salidas al callejón

Todo parece indicar que la aventura soberanista aboca al país a un callejón sin salida y a incrementar el conflicto nacionalitario hasta niveles difícilmente soportables para cualquier sociedad democrática.

La existencia de una mayoría parlamentaria, con un gran apoyo social, a favor de la celebración de un referéndum de autodeterminación exige que las instancias políticas y jurídicas del Estado español arbitren una salida democrática a las reivindicaciones del movimiento soberanista. La crisis del régimen y del sistema de partidos de la Transición dificulta extraordinariamente que esto pueda plantearse en el actual marco jurídico-político, mediante una reforma constitucional. Por tanto, las fuerzas de izquierda española y catalana habrían de apostar por la apertura de un proceso constituyente hacia la tercera república federal cuyo ordenamiento jurídico contemplase, en determinadas circunstancias, el ejercicio del derecho a la autodeterminación.

La gravedad de la situación debería impulsar a las formaciones progresistas a ambos lados del Ebro a romper con su seguidismo respecto a los nacionalismos conservadores español y catalán, con el objetivo de levantar una alternativa que garantice la convivencia en condiciones de igualdad y fraternidad de los pueblos que habitan esta piel de toro en la estela de los dos grandes catalanes que fueron Pi i Margall y Salvador Espriu.   

Foto portada: Pujol, durante su comparecencia el viernes; Mas firmando la convocatoria de la consulta.