Lágrimas de sangre

‘Lágrimas de barbarie’, por Josep Asensio

Hay locos que creen que el mundo está en sus manos, luego son un caos, viven descontrolados, llegando al desprecio, ensuciando espacios, contra la lógica ecológica del mundo que habitamos. Hay locos que secuestran camioneros, que cortan árboles, plantándolos en el asfalto. Cantan a la barbarie, les suda el sufrimiento, un niño llorando en un autocar parado. A veces me pregunto ¿quién serán, donde irán, qué pensarán? cuando estoy en el semáforo comiéndome un cruasán. Con pinta de perdidas, lidian con su rol, distintas vidas unidas todas bajo el mismo sol. Contenedores al sol, al fuego lento de las lentas mentes de viejos y jóvenes. Aceras desmembradas en nombre de la libertad, cascos hundidos en son de paz. ¿Quién será el siguiente que rompa con las normas? ¿Quién será el siguiente que se imponga por las formas?
Escenas cotidianas que conforman un patrón, después de algunos años, ¡conocemos el guión! Cada día la anarquía, cada noche luces de fuego cansino. Gritos y voces sin sentido, banderas imposibles, caos sin fin. Dolor y vuelta al dolor, cañones de sinsentido. Conductores indignados, violentos adoctrinados, caminantes encapuchados, cabizbajos, esperando una señal. Se organizan, se equivocan y a veces parece que hasta haya humanidad, alguien se bloquea en la asamblea, mentes anónimas que mimas en la intimidad. Desde Bruselas se impone la ley, se atajan los traidores. Barricadas de odio, odio al poder. Desobediencia y violencia, hijas de la misma matriz. Creyendo asfixiar al estado, mujeres y hombres se ahogan a diario. No llegan, esperan, se retuercen en sus asientos, lloran, el desespero. Mientras, el concierto ocupa la autopista. La alegría brota de la propia violencia. A veces, una sola mirada es suficiente, a veces hacen falta meses para conocerse, personas abominables, o auténtica basura, el arte de escoger quien se larga quien perdura. Cae el día, llega la noche. Otra vez disparos de rencor. Meridiana cortada, inteligencia anulada. ¿Qué mente sana puede imponer su idea sin hervor? ¿Qué cerebro hueco puede razonar? No hay fin, sí finalidad, la barbarie sin más. Me quedo la risa, me sobra la prisa. Me he vuelto a manchar la camisa. Y voy a celebrarlo con un container. La vida ha puesto alta la música. Y hemos venido a bailar y a joder al estado español. En la autopista. No piensa igual el conductor, con su despensa llena, en el arcén parado. Se pudre la mercancía y nadie le va a pagar. A lo lejos, humo de libertad, dicen ellos, hogueras de desprecio para la colectividad. Gas pimienta salvador, no es la solución. Permite pasar, atiza el fuego y más ardor. Oyes la llamada del clan. Hermanos y hermanas de otra madre, más fieles que un can. Miras hacia atrás y ahí están. Sabes que te quieren y que nunca te fallarán. Oyes la llamada del clan. Hermanos y hermanas de otra madre, más fieles que un can. Miras hacia atrás y ahí están. Sabes que te quieren y que nunca te fallarán. Vienen del norte, del este y del sur. Del oeste, también. Como símbolo, un tractor, como lema la desunión. No desfallecen, cantan sin fin. Alegría aparente muerte en la mente. Los demás no existen, ¿para qué? Nuevo país sin la mitad, ese es el final. ¿A quién le importa el trayecto? La llegada nos hará libres ¿a todos? ¿Cuánto durará? Preguntad a Barcelona. Ella lo sabrá. Sois la energía que hace girar esta atmósfera de mierda y la niebla de ahí afuera. Sois la energía que crea el viento y la tormenta. Cada uno con su palo y por su senda. Vuestros actos, sabed, no me representan. Y sabed que tampoco representan a toda la humanidad. Aunque la mitad todavía no lo sepa, cada carcajada vuestra manda al mar la miseria, la impotencia y la soledad donde nos queréis ahogar. ¿No os importa el dolor de los terceros? Adoquín o baldosa como solución, papelera destructora, cohete mortal. Cemento liberador, cemento coaccionador. Boicot impuesto, chantaje dispuesto. En nombre de todas, guerrilla urbana. Unos pocos coartando a todas. Entrar en Barna es un combate y en vuestro vientre hay guerra, un desmán en vuestro pecho. Bom bom! no late, bombardea. Hay sal en vuestra espalda y arena entre los dedos. Sois parte del paisaje deshumanizado, en el suelo. No sé si tiene sentido todo lo que sentís, pero justo ahora está creciendo conmigo el bosque de los pensamientos de la quietud, mientras se pudren en el trastero de vuestro cerebro los vuestros. Y celebro que en este hemisferio haya calma. Si vamos lejos no es por vosotros. No es para menos. Con los pies paralelos apuntando hacia al cielo. Limpio aire libre, retorno eterno. ¡Dejadnos en paz! Vuestra lucha no es la nuestra. Vuestra luz no ilumina, solo aporta aflicción. Y si alguna vez abrís los ojos, veréis a todas en el mismo lugar. ¡Dejad atrás las barricadas encarceladoras! Libertad humeante, verdad discordante. Lágrimas de sangre, lágrimas de decepción. Antes de todas, ahora de unas pocas, cuánta frustración.