Una manifestant mostrant una imatge de Marta Farrés amb Manuel Bustos i un altra amb Marta Morell el dia 15 de juny de 2019 en una protesta a Sabadell. (Horitzontal)

‘Vivir del cuento’, por Josep Asensio

“La ética es conocer la diferencia  entre hacer aquello a lo que tienes derecho y hacer lo que es correcto”.

Potter Stewart (juez asociado de la Corte Suprema de los Estados Unidos de 1958 a 1981)

Es imposible no reflexionar sobre lo que está pasando en Sabadell desde que Marta Farrés asumió la alcaldía. Casi cada día se producen hechos que ponen en peligro el sentido mismo de la democracia, acciones que nunca fueron descritas en los programas electorales y situaciones que nos auguran un futuro muy negro para nuestra ciudad. Al ya sabido aumento del sueldo en un 10 por ciento de los concejales, a las pomposas y falsas declaraciones de intenciones, a las larguísimas sesiones de fotos y a la entrada de Marta Farrés en los juzgados, se une ahora la contratación de cargos de confianza, nombrados a dedo, sin ningún tipo de control, ni examen, ni oposición y que, por supuesto, no deberán presentar ningún informe ni ninguna valoración al final del mandato, es decir, dentro de cuatro años. Seguramente todo esto es legal, pero dista mucho de ser ético. Desde la entrada de Marta Farrés en el ayuntamiento, las noticias que más se han sucedido son las de los sueldos exagerados, la vuelta de antiguos cargos del aparato de Manuel Bustos y la marcha de Farrés de vacaciones durante todo el mes de agosto. ¿Todo éticamente correcto? No conozco ningún trabajador al que, después de tan solo dos meses de contrato, le pertenezca un mes de vacaciones. Repito, todo legal, con total seguridad, pero volvemos a lo mismo, sin un ápice de honradez.

Se suponía que los políticos tenían que dar ejemplo, pero en Sabadell, el esperpento, va aún más lejos. La pareja Morell-Cáceres se embolsará la cifra de 415.788,80 euros en cuatro años, sin tener que rendir cuentas de su gestión, sin hacer nada, sin cumplir un horario, sin fichar, sin inspectores que controlen su trabajo. A eso lo llamo yo “vivir del cuento”, algo que está muy de moda entre famosillos supervivientes y frustrados, con falta de dinero.

Me dicen, me digo a mí mismo, que la prudencia es obligada, que, a pesar de que la sangre hierva, debo ser respetuoso con aquellos que se autoimponen unos sueldos de escándalo, con aquellos que enchufan a su pareja con el pretexto de que no hay nadie mejor, de que es el mejor preparado para el cargo. Que, aunque se apropiara de la marca del partido, aunque expulsara a los militantes díscolos, aunque impidiera la entrada a asambleas convenientemente manipuladas, aun así, debo mantener la calma. Sin duda que lo haré. Básicamente porque considero que es complicado luchar en una ciudad donde sus ciudadanos, sus instituciones, están o bien adormecidas o muertas o untadas. Sorprende ese silencio, ese tupido velo de indiferencia al comprobar esa distorsión, esa deformación de la libertad que conduce a una concejala a campar a sus anchas. De hecho, estoy convencido de que la acción de Marta Morell colocando descaradamente a su pareja sentimental obedece a la convicción de que nada le va a pasar. Nuestra democracia no contempla la salida de un electo ante acciones de este tipo. Es más; una vez obtenido el cargo, se retiene hasta la muerte. Normal; 415.788,80 euros es mucho dinero, como para no aferrarse al cargo. En este caso, “la banda se ha puesto de acuerdo para repartirse el botín”, diría Albert Ribera.

La segona tinenta d'alcaldessa, Marta Morell (Podemos). Autor: David B.
La segona tinenta d’alcaldessa, Marta Morell (Podemos). Autor: David B.

La imperfección de nuestra democracia conlleva acciones literalmente deshonestas, promesas deliberadamente engañosas, ante las miradas de estupefacción de los ciudadanos que tenemos que esperar cuatro años para volver a opinar. En campaña se puede prometer la retirada de unas pistas de petanca, pero cuando se accede al cargo, se responde que eso ya no se puede hacer. Así, sin pestañear. Cuatro años que sirven principalmente para olvidarnos de lo que pasó al principio, porque en el fondo, somos tan primarios y superficiales que nos basta con tener nuestra acera y nuestra plaza más o menos limpia para perpetuar el engaño con nuestro voto. Y eso, con hacerlo los últimos meses antes de la campaña, ya es suficiente.

No obstante, nos queda el derecho al pataleo. El insulto no es una solución porque se giraría en contra. Un escrache no es mala solución pero la ley mordaza sigue en vigor y, como he dicho, esa gente mata por ese sueldo y esa impulsividad podría acarrear penas de prisión.

Así pues, se me ocurren dos acciones para contrarrestar la desfachatez con la que ciertos y ciertas listillos hacen y deshacen y, lo más penoso, se embolsan grandes cantidades de dinero a costa de nuestros impuestos. En primer lugar, la reacción de las fuerzas vivas sabadellenses. ¿Las hay? Me parece que no. Pasemos a la segunda posibilidad. Un acto que no conlleva ningún peligro pero que tiene un simbolismo especial. Me lo propuso un vecino de Granollers, harto de promesas incumplidas por parte de gestores de la Generalitat. Se trataba de levantarse y marcharse cada vez que el político de turno iniciaba su discurso, dejándolo con la palabra en la boca. Una especie de escrache inverso. Pueden ustedes imaginar la cara de estupefacción del gobernante quedándose solo y mondo ante un auditorio que, supuestamente, estaba preparado para escuchar nuevas mentiras.

Ignoro si la sociedad sabadellense está preparada para acciones de ese tipo; o si está preparada para algo; o si tiene capacidad de reacción ante atropellos como el cometido por la representante de Podemos en Sabadell. Y es que todavía es más grave que esto se produzca en gente que se autoproclama “de izquierdas” y que nadie de ese sector clame al cielo ante esa coyuntura que lo único que consigue es desmotivar a un electorado que se ve nuevamente engañado, no ya por la formación morada, sino por individuos que se apropian de su simbología para beneficio propio.

La inacción de un colectivo, en este caso Sabadell, es inversamente proporcional a la fuerza de sujetos que proclaman una cosa, pero hacen otra. Lo positivo de todo este asunto es que la información existe, que nadie puede decir que no sabía nada. Lo conveniente es que se pasara a la acción, que encima de cornudos no seamos apaleados y que, por lo tanto, se tomen las medidas necesarias para que esas personas que desafían a la ética, que desvirtúan cualquier sentimiento democrático con sus comportamientos, tengan enfrente a un ejercito de votantes que no están dispuestos a tragar más sapos. Levantarse ( e irse) cada vez que tomen la palabra es un acto de una prudencia exquisita, una acción no violenta que exterioriza un rechazo necesario si queremos salvaguardar algo la decencia de los valores democráticos. Si no reaccionamos, nos devoran.

Foto portada: concentració contra el pacte PSC-Podemos a l’Ajuntament. Autor: ACN.