Trapero

Opinión de Josep Asensio. ‘Carta al periodista holandés Marcel Haenen’

Permítame en primer lugar que me disculpe. Sé que yo no he hecho nada que pueda contrariarle, pero mi educación, llamémosle judeocristiana, me ha inculcado de alguna manera la culpa colectiva, ésa que aunque hayan pasado cuatro siglos, sigue golpeando nuestras mentes responsabilizándonos de acciones cometidas por nuestros antepasados. Sentí verdadera vergüenza ajena cuando el pasado 21 de agosto se produjo el desgraciado incidente en el que el Major de los Mossos de Esquadra, Josep Lluís Trapero, lo mandó a usted a tomar viento (quiero ser educado y no emplear otra expresión mucho más dura y usual) y tomó, acertadamente, según mi opinión, la determinación de levantarse y marcharse. Mire usted. Catalunya siempre ha sido un país de acogida. Un país en el que los inmigrantes han adoptado sin complejos y sin imposiciones la lengua propia de Catalunya, convirtiéndose en un verdadero país bilingüe, donde la propia ley catalana de educación obliga al conocimiento de las dos al finalizar la secundaria y donde también el Estatut las reconoce a las dos como oficiales.

El brutal atentado que ha golpeado Catalunya ha mostrado el lado más insolidario de sus dirigentes, en contraposición al desinteresado trabajo de sus ciudadanos, cuerpos sanitarios y de seguridad, que en su mayoría no entendemos cómo se ha radicalizado tanto la situación hasta el punto de negarse a hablar en castellano en una rueda de prensa en donde todos los periodistas dominaban esa lengua. Estoy seguro de que en su país hubieran renunciado a sus lenguas oficiales en favor del inglés con el único objetivo de informar y de aclarar las innumerables incógnitas que en ese momento vagaban por las mentes de todos. No obstante, desde hace tiempo en Catalunya estamos instalados en un sinsentido, en una paranoia donde la disidencia es duramente atacada, humillada y apartada. Incluso en las filas independentistas se practica sistemáticamente la marginación y el arrinconamiento de aquellos que se atreven a cuestionar el camino elegido por los que perdieron el llamado plebiscito.

Como catalán siento una profunda decepción al percatarme de que tanto Josep Lluís Trapero como el conseller de Interior, Joaquim Forn, aprovecharon el atentado para dar una imagen de país, de nación catalana, que no se corresponde con la realidad. Su orgullo patriótico chocó despiadadamente con la educación que se puede observar en los pueblos y ciudades de Catalunya cuando cualquier persona se dirige en castellano a un catalanohablante. De manera apabullantemente mayoritaria, éste último cambia su lengua para que podamos entenderla. Así, sin más. Solo unos cuantos fundamentalistas se negarán a hacerlo y algunos también tratarán de averiguar si es usted de fuera de Catalunya o no lo quiere entender.

Porque tiene usted que saber que la normalidad es lo que manda en Catalunya en cuestiones lingüísticas a nivel ciudadano, y el respeto impera en el conjunto de la colectividad. Al menos hasta hace unos años, siento confirmarle. Es más, muchos catalanes de lengua materna castellana hemos renunciado a ésta última y hemos adoptado el catalán para que nuestros hijos puedan aprenderla desde la cuna, pero eso ahora no importa.

Tiene usted que saber que el conseller de Interior eliminó el castellano de la web de su departamento cuando fue nombrado para el cargo que ostenta y que hace unos días, la consellera de Enseñanza, Carla Ponsatí, hizo el ridículo más espantoso de su vida al quedarse en blanco y no saber continuar su discurso en castellano. ¿En qué país existe un ministro de educación que no domina las dos lenguas que obligan sus leyes que sí sepan sus alumnos? Pero los improperios no acaban aquí. Mientras se elimina el castellano de las instituciones, se fomenta en círculos independentistas para atraer a aquellos que todavía dudan del buenismo de la opción separatista. Sin ir más lejos, la plataforma Súmate envía a sus huestes, Rufián y Baños, a los barrios castellanohablantes para convencerlos de que es mejor el precipicio que seguir en España. Ese es otro de los baluartes del independentismo: el odio a todo lo español, el odio a lo que rezuma no ya nacionalismo español, sino a la propia lengua y que quedará eliminada en la supuesta nueva Constitución de la supuesta nueva República Catalana, donde claramente, sin vergüenza y sin tapujos hablan de que será oficial en el periodo transitorio, pero ya no dicen nada de lo que pasará después. Utilizan hasta el árabe para prometer a este colectivo una nación con oportunidades, como hicieron en la publicidad de la conferencia “Catalunya, tierra de inmigrantes“. Y usted lo ha padecido en sus propias carnes. Le honra el hecho de haberse levantado. El mayor desprecio que podía hacer es irse, no colaborar con un escenario que se ofreció al mundo entero y que, desgraciadamente, no dio una buena imagen de nuestra comunidad.

Así están las cosas. El respeto hace tiempo que llama a la puerta pero la espera se le hace interminable. Por último querría explicarle un hecho desagradable que me sucedió hace unos días. Un conocido me mandó diversas fotos y mensajes en los que pretendía demostrarme la fuerza del movimiento independentista en la manifestación contra el terrorismo de Barcelona. Le respondí que me parecía muy mal que se enarbolaran banderas (cualquiera de ellas) en una concentración de este tipo y que habíamos dado una imagen como país (Catalunya y España) lamentable. Le recordé el silencio de las manifestaciones en Europa. También le mostré mi descontento por la actuación de Josep Lluís Trapero con usted. No se imagina la furia que salió de su boca cuando me llamó. Me dijo que ‘España nos roba’, me habló de desprecio, de balanzas fiscales, del corredor mediterráneo, de que ya tienen las urnas y las papeletas, de que ‘votaremos’, de que ‘nos iremos’ (de España, claro está), acabando con un espeluznante ‘si no eres independentista, márchate de aquí’. Intenté decirle que eso no tenía nada que ver con la manifestación, pero me colgó. Empiezan a producirse hasta amenazas de muerte en las redes a periodistas y políticos que solo quieren saber la verdad.

Así están las cosas, señor Haenen. Yo también recibiré críticas por esta carta que a usted le escribo; críticas e insultos variados sin ningún atisbo en encontrar un punto de encuentro. Lamentablemente son muchos los que anhelan ese choque que va a producir graves consecuencias. Si tiene tiempo, le recomiendo la lectura del artículo Catalunya se va a la mierda del periodista Xavier Rius, muy esclarecedor de lo que está pasando en mi país. Solo le quiero recordar una vez más que no nos juzgue a todos los catalanes por la actuación de unos cuantos que solo buscan el enfrentamiento y la hostilidad. Siempre que venga será bienvenido, con el respeto que usted se merece, sin olvidar que la lengua nunca será un impedimento para entendernos.