Opinión de Josep Asensio. ‘Centenario de Gloria Fuertes’

¿Dónde te duele, Gloria?
Ahí me duele, en la mismísima vida.

Ayer mismo, la poetisa Gloria Fuertes hubiera cumplido 100 años. Los actos de reconocimiento se multiplican por toda la geografía española, aunque se concentran mayoritariamente en la Comunidad de Madrid. Nacida en el castizo barrio de Lavapiés, perdió a su madre tan solo con 15 años y tras estudiar bachillerato ejerció como oficinista, taquígrafa, puericultora y modista. En 1939 empezó su andadura como escritora en la revista infantil Maravillas, mientras trabajaba como secretaria en el Ministerio de Información, hasta 1960. Fue precisamente ese año cuando publicó su primer libro de poemas, Isla Ignorada. Antes había estudiado Biblioteconomía, lo que le permitió conocer a su gran amor, la hispanista estadounidense Phyllis Turnbull, con la que mantuvo una relación más de quince años. Después de un pequeño paso por dos universidades extranjeras, regresó a España para seguir escribiendo poemas para niños, para párvulos, según sus palabras. A mediados de los años 70 hizo una brillante incursión en la televisión, colaborando en los programas Un globo, dos globos, tres globos y Los chiripitifláuticos. A partir de este momento su popularidad aumentó y los recitales y lecturas de sus poemas se convirtieron en actos donde imperaba el amor a los niños, pero también a la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto al medio ambiente.

Gloria Fuertes es un caso particular de escritora no suficientemente reconocida. En palabras de Carme Riera, se trata de la última poeta popular, la más querida de todos y por todos. Los niños eran siempre los primeros en reconocer su ternura, pero la verdad es que se trató de una mujer que nos hizo sentir a todos un poco niños. Pretendió cambiar el mundo, denunciar la injusticia y dar testimonio, y era partidaria de que los poetas debían contar lo que pasa y ella lo hizo con una gracia innata, con esa voz ronca que le pasó factura y se la llevó un 27 de noviembre de 1998.

Pocos años antes, exactamente el 22 de marzo de 1993, el Ayuntamiento de Sabadell, con la colaboración del Teatre del Sol, tuvo la brillante idea de programar, dentro del ciclo Poesia al Teatre, un recital donde muchos sabadellenses tuvimos la oportunidad de disfrutar de una tarde con Gloria Fuertes. Por si esto fuera poco, contó también con la participación de José Agustín Goytisolo, aunque muchos de sus poemas fueron leídos por el actor Jordi Dauder, acompañados a la guitarra por Txiki Berraondo. Nunca antes la poesía en castellano había tenido un hueco en este ciclo y lo hizo a lo grande con dos monstruos que lograron, entre otras cosas, llenar el auditorio del Teatre del Sol. Era la primera vez que la poetisa madrileña visitaba Catalunya y lo hizo en Sabadell, en un acto desenfadado, lejos de los formalismos a los que nos tiene acostumbrada la poesía. Gloria Fuertes apareció en el escenario vestida con una americana blanca, pantalón negro, zapatos marrones y corbata color burdeos, y ya desde el primer momento se metió al público en el bolsillo con esa simpatía y esa mirada de niña buena. Su exclusiva manera de recitar la poesía, con largas pausas, miradas continuas al público y sonrisas espaciadas, cautivó plenamente, junto con esas pequeñas explicaciones de sus cortos poemas, por si alguien no los había entendido. Fue, sin duda, uno de esos minúsculos instantes de nuestras vidas que, a pesar de su intensidad emocional, pasan, desgraciadamente, desapercibidos en los grandes libros de la historia de nuestra ciudad.

Fuertes, en el Teatre del Sol.
Fuertes, en el Teatre del Sol. Autor: J.A.

La prensa local del momento destacó muy brevemente el paso de Gloria Fuertes por Sabadell y se centró más en los tópicos que se desprenden de su personalidad que en el significado de su poesía, en la que, no lo olvidemos, persigue la lucha contra las injusticias y la defensa de la dignidad de las personas. En cierta manera es una predecesora de los cambios que están por venir puesto que durante la dictadura se atreve a incluir temáticas políticamente incorrectas en sus poemas, disfrazadas de sencillez, pero igualmente potentes. Precisamente esa sencillez forma parte de su fuerte personalidad, que impregna sus poemas. Ella defendió siempre esa simplicidad, por su cercanía a la genialidad y porque de esa forma se logra transmitir mucho más. Gloria Fuertes buscaba tan solo que los que la leyeran acabaran el poema con una sonrisa y aunque se la encasilló en la poesía infantil, de hecho todos sus poemas tienen ese punto de madurez que los convierte en igualmente válidos para el mundo de los adultos. La bella gorda inocente, como la llamó Carme Riera, atraía a los niños no solo con sus poesías sino con su físico y se sentía feliz bajándose a su altura.

Su paso por Sabadell valió la pena. Y pena mostró toda una generación cuando nos dejó cinco años después. Los actos de homenaje se sucedieron y aún hoy la Fundación Gloria Fuertes sigue activa, desarrollando decenas de actividades para que su legado siga vivo. Sorprendentemente Catalunya es la única comunidad autónoma que no tiene un colegio o instituto a su nombre. Ignoro si alguna biblioteca sí que lo tiene e ignoro también si va a haber actos aquí en este Centenario en recuerdo de la poetisa. Mucho me temo que no, lo que es completamente injusto. La creadora de Melchora, Gaspara y Baltasara se merecería un reconocimiento también en Catalunya porque sus valores, sus ideas, sus anhelos, son los de todos, los que queremos un mundo mejor, un mundo en paz donde las desigualdades desaparezcan y donde las personas sean respetadas tal como son. Y eso no tiene fronteras, muy a pesar de las palabras de un zopenco como Javier Marías, que ya quisiera él tener la mitad de la estimación que sigue teniendo Gloria Fuertes. A este energúmeno le sugiero que lea la reflexión de Francisco Polo: “Las personas más interesantes son aquellas que no han tenido las cosas fáciles en la vida”. Gloria Fuertes fue una de ellas y logró lo que siempre quiso: sacarnos una sonrisa después de la lectura de una de sus pequeñas historias de esa vida suya.