CASSA

‘Historia de Sabadell’. La fundación de CASSA (1949)

La Compañía de Aguas de Sabadell S.A (CASSA) fue creada en tiempos del alcalde franquista José María Marcet. Su constitución fue justificada para solucionar el endémico problema de escasez de agua para la industria y la población. La empresa otorgó el control de este servicio básico a los grandes fabricantes de la ciudad.

Hasta la Guerra Civil la ciudad se abastecía de agua a través del servicio municipal y dos empresas privadas: Compañía de Aguas para el Abastecimiento de Sabadell, S.A., conocida popularmente como Aguas de Terrassa por la procedencia de los acuíferos, y la Sociedad de Propietarios de la Mina de Aguas de Sabadell, S.A. Desde 1913, el servicio municipal, que obtenía el agua del río Ripoll, fue ganando terreno. Hasta la segunda mitad de la década de 1920, la aportación global de las empresas privadas era la más importante; desde la segunda mitad de la década de 1930, la aportación municipal superaba ampliamente a las dos empresas privadas. No obstante, el servicio municipal experimentaba crecientes problemas para satisfacer a sus clientes con los recursos disponibles.

La empresa más importante de estas dos compañías privadas era la Sociedad de Propietarios de la Mina de Aguas de Sabadell, fundada en 1843 y vinculada estrechamente con la Liga de la Defensa de las Aguas del Río Ripoll y de sus Afluentes y Derivados, integrada por los principales industriales de la ciudad. Desde 1912 esta empresa planteó construir un embalse en el río Ripoll para almacenar entre 10 y 30 millones de metros cúbicos de agua. Los costes económicos y las problemáticas condiciones geológicas del emplazamiento la hicieron desistir de este proyecto.

Desde finales de la década de 1920, la estrategia de los industriales del Gremio de Fabricantes, Cámara de Propietarios Urbanos y la Sociedad de Propietarios de la Mina se orientó hacia la búsqueda de suministros más lejanos que precisaban de alianzas con la ciudad de Barcelona. La Sociedad de Propietarios de la Mina estaba dispuesta firmemente a unir la oferta de agua de Sabadell con la de Barcelona. En la misma década, se planteó la posibilidad de fusionar ambas empresas privadas, pues tenían que adquirir regularmente agua al Ayuntamiento de Sabadell.

El advenimiento de Segunda República (1931) detuvo la constitución de los monopolios privados locales de suministro hídrico. Sin embargo, en el periodo republicano, la solución definitiva se pospuso por razones económicas. Desde 1922 el Ayuntamiento explotaba los pozos del río Ripoll, extrayendo unos 1.400 metros cúbicos diarios. Además, en 1935, contrató 2.000 metros cúbicos al día procedentes de una fuente de Barberà del Vallès.

La solución definitiva

Al acabar la Guerra Civil, las dos empresas privadas suministradoras de agua, que habían sido municipalizadas, fueron devueltas a sus propietarios en perfectas condiciones. De modo que, en 1939, las tres empresas reemprendieron sus operaciones. La Sociedad de Propietarios de la Mina de Sabadell era partidaria de importar agua a través de la Sociedad General de Aguas de Barcelona (SGAB). La otra compañía privada, conocida popularmente como Aguas de Terrassa, había disminuido su capacidad de suministro a causa de la sequía de la década de 1940 que había afectado a los pozos superficiales existentes en la ciudad, muchos de los cuales se habían secado; aunque en 1945 aún se contabilizaban unos 700.

Hasta 1944 la demanda de agua no había superado a la oferta. Sin embargo, la sequía de la década de 1940 y la creciente demanda del sector industrial provocaron restricciones en suministro. Como afirma, el alcalde José María Marcet en sus Memorias:

Las irregularidades en el suministro, que en otro tiempo habían sido excepcionales, se convirtieron en una norma. Se produjo el degradante espectáculo de las colas ante las fuentes públicas, faltó agua para beber y lavarse y se originó el consiguiente malestar social. Como alcalde de la ciudad, no tenía más que la siguiente alternativa: o resolvía el problema o me iba a casa (…) Hice un angustioso llamamiento a todos cuantos pudieran aportar soluciones. Inmediatamente tuve a mi lado el inapreciable apoyo de dos entidades ciudadanas: el Gremio de Fabricantes y el Banco de Sabadell. Recibí de ambas la seguridad de su incondicional apoyo con la manifestación que no debía preocuparme por las necesidades económicas o gastos que reportase la solución del angustioso problema”.

En 1946 el Ayuntamiento de Sabadell creó un comité para solucionar el problema del suministro hídrico. El ingeniero e industrial, Antoni Forrellad Solà, elaboró el informe titulado Comisión de Estudios del problema del agua para el abastecimiento de la ciudad. El problema del agua en Sabadell. También Forrellad fue el encargado, una vez constituida la Compañía de Aguas de Sabadell S.A.(CASSA), de confeccionar el proyecto y los planos de la conducción de aguas, utilizando como gran novedad técnica en la época tubos de uralita. Este comité se puso de acuerdo en dos puntos fundamentales. En primer lugar, los recursos locales eran insuficientes para satisfacer la demanda creciente de la ciudad; en segundo lugar, los incrementos en consumo, los nuevos usos industriales y la expansión de los usos domésticos estarían a cargo del suministro municipal.

Acción de la CASSA (1951). Fuente: Archivo CASSA.
Acción de CASSA (1951). Fuente: Archivo CASSA.

En 1948 Sabadell contaba con 60.000 habitantes y el consumo medio se situaba en unos 80 litros por persona y día. El Ayuntamiento no sólo suministraba la mayor parte del agua consumida por la ciudad, sino que abastecía a las dos empresas privadas que estaban en franca decadencia económica. Durante la segunda mitad de la década de 1940, la oferta hídrica procedente de fuera de Sabadell excedía el agua procedente de los pozos del Ripoll y Besòs. En la década siguiente, la industria textil lanera alcanzó el 80 por ciento de la actividad productiva de la ciudad. Especialmente, el proceso de tinte necesitaba grandes cantidades de agua, por ello muchas fábricas se ubicaban junto al Ripoll.

En esos años, a pesar de las restricciones a la importación, el sector textil lanero experimentó una época dorada con un notable crecimiento de la acumulación de capital. En este contexto, el Comité para el abastecimiento de oferta de agua de Sabadell abandonó la opción del río Besòs, que suponía unos costes elevados. Así se propuso traer agua del río Llobregat, aunque fuera desde una mayor distancia y de menor calidad a través de un sistema de canalización por Terrassa existente desde 1943. Sin embargo, esta solución fue desestimada por la dependencia que implicaba respecto a la ciudad vecina. Finalmente, el Comité propuso la creación de una nueva empresa con participación del sector industrial de la ciudad que, según el informe de Forrellad, “solucionaría el problema para siempre, tan importante para nuestra ciudad”.

La apuesta radicaba no tanto en que el agua procediera del Besòs o del Llobregat, sino unir la suerte de Sabadell a la de Barcelona con el siguiente argumento vertido por Marcet en sus Memorias:

Pese a algunas críticas que originó esta vinculación a la capital en cuanto al suministro de agua, he considerado siempre un gran acierto haber vinculado nuestra suerte a la de la gran Barcelona. Es evidente que la capital de Cataluña nunca se quedará sin agua, aunque sea preciso traerla del otro lado de la Península, y si no le falta a Barcelona, tampoco le faltará a Sabadell”.

Unas palabras proféticas pues tanto la SGAB como CASSA acabarían siendo adquiridas, décadas después y ya en el siglo XXI, por Aigües de Barcelona (Agbar) filial catalana de la multinacional francesa Suez Environnement

Los industriales se mostraron muy preocupados por la cuestión de los rendimientos y las amortizaciones. Desde el Gremio de Fabricantes se creó una Comisión de Estudios que impulsó una encuesta para conocer la cantidad de agua adicional que los usuarios estarían dispuestos a consumir. Tras procesar unas doscientas respuestas se estableció un mínimo y un máximo de consumo mensual. De este modo se garantizaban grandes consumos a las empresas relacionadas con el lavado y los acabados de la lana. Además, se convenció a los empresarios de la necesidad de crear una gran compañía privada de aguas en la ciudad. El siguiente paso fue la fundación, en 1948, de la Asociación Promotora de la Compañía de Aguas de Sabadell, que tomaba como modelo empresarial la SGAB.

Monopolio municipal y capital mixto

Según el análisis de Masjuan, March y Saurí, CASSA nació como producto de la alianza entre los industriales y el Ayuntamiento franquista con el planteamiento de ofrecer esta materia prima a los empresarios textiles y dejando el segundo plano la cuestión del suministro a la población, que durante mucho tiempo continuó siendo deficiente. Bajo las condiciones de la dictadura franquista no existió, como ocurrió en tiempos de la monarquía alfonsina y Segunda República, ningún debate público entre los partidarios del agua como un servicio público básico y los defensores del agua como instrumento del beneficio privado.

Compradores de las primeras 5.000 acciones. Fuente: Mercè Argemí y Esteve Deu.
Compradores de las primeras 5.000 acciones. Fuente: Mercè Argemí y Esteve Deu.

CASSA se concibió como una empresa de capital mixto con un 80 por ciento de capital privado y un 20 por ciento de titularidad municipal, a pesar que la mayor parte del agua era suministrada por la administración local. El Ayuntamiento no utilizó su derecho a buscar recursos financieros para que el suministro fuese totalmente público cuando el servicio no arrojaba déficit alguno. Incluso después de la construcción de una canalización de 19 kilómetros debajo de la montaña de Collserola con un coste de 17 millones de pesetas.  Además, este gasto público estaba avalado por la concesión de un crédito garantizado por los ingresos derivados de la venta de agua.

Tampoco las dos empresas privadas hicieron nada contra la nueva situación de monopolio, aunque legalmente tenían el derecho preferente para liderar un proyecto para el suministro de agua a la ciudad. La mayor de estas empresas, la Sociedad de Propietarios de la Mina de Aguas de Sabadell, renunció al contencioso administrativo ya que sus principales accionistas se integraron en CASSA.

Finalmente el 22 de julio de 1949 finalmente se constituyó la Compañía de Aguas de Sabadell en régimen de monopolio municipal y propiedad mixta. El primer presidente de la nueva empresa, Gabriel Cirera Pons, era también el presidente del Gremio de Fabricantes y desempeñó el cargo hasta 1961, cuando fue sustituido por Francesc Enrich Valls. La vicepresidencia fue ocupada por el industrial Ferran Casablancas Planell, presidente del Banco de Sabadell, uno de los principales accionistas de la compañía y que ostentó este cargo hasta su muerte en 1960. De los once miembros del primer consejo de administración, siete pertenecían al Gremio de Fabricantes.

El vínculo entre las élites y CASSA era tan estrecho que el primer domicilio social de la empresa se ubicó en el mismo edificio del Gremio de Fabricantes, en la calle Sant Quirze, para trasladarse posteriormente a un inmueble contiguo a su actual sede. En 1986, CASSA compró este edificio, en la calle Concepció esquina Industria, con la finalidad de ampliar sus instalaciones. El inmueble había sido la antigua fábrica textil Sallarès Deu, construida en 1914 por el arquitecto Eduard Maria Bacells i Buigas. En 1988, los arquitectos Santiago Balcells Gorina y Josep Lluís Balcells Canela, hijo y nieto de Eduard Maria Balcells, se encargaron de la rehabilitación del edificio.

El Molí Amat (1944). Autor: Arnau Izard Llonch/Archivo UES.
El Molí Amat (1944). Autor: Arnau Izard Llonch/Archivo UES.

En el momento de la constitución de CASSA, se estableció una concesión de 99 años; es decir, hasta 2048, cuando los derechos y la infraestructura física pasarían a ser propiedad del Ayuntamiento  y la empresa dejaría de existir. Inicialmente, el capital se fijó en cinco millones de pesetas, que podía incrementarse hasta los 25 millones, el coste estimado de traer agua desde el río Llobregat. Mientras tanto, la empresa firmó un contrato con la SGAB para suministrar 7.500 metros cúbicos de agua por día, más del doble de la cantidad que llegaba a la ciudad en 1949. Entonces, la red urbana de agua, mayoritariamente pública, tenía una longitud de 105 kilómetros y cubría el 68 por ciento de las calles de Sabadell. A finales de la década de 1940, sólo una cuarta parte de las familias sabadellenses disponían de agua corriente pública en sus domicilios.

Las aguas procedentes del Llobregat llegaron finalmente a la ciudad en 1952. Este hecho no se destacó en la prensa ya que entonces Barcelona experimentaba graves restricciones de agua y hubiera sido contraproducente publicar el trasvase de agua a otra ciudad. Cuando, en 1953, la alternativa del Llobregat estuvo asegurada, CASSA solicitó al Ministerio de Obras Públicas una concesión directa del agua de este río para ser transportada por las nuevas instalaciones y conducciones y que fue adjudicada en 1955.

Entre 1956 y 1959 CASSA absorbió las dos empresas históricas privadas de agua y consolidó el monopolio del suministro urbano. A finales de esta década la compañía empresa extendió la red de suministro, obteniendo del río Llobregat al menos 15.000 metros cúbicos diarios. Esta expansión coincidió con un periodo de fuerte crecimiento de la población y la industria local.

Negocio seguro

En su estudio sobre el suministro de agua en Sabadell, Masjuan, March y Saurí concluyen que el caso de nuestra ciudad puede servir de ejemplo de cómo “un servicio municipal básico pasó a ser controlado por los capitales privados a mediados del siglo XX”. A su juicio, Sabadell “constituye un interesante, prematuro, y a su vez peculiar del proceso de privatización del suministro de agua directamente controlado por las élites políticas y económicas de la ciudad” y “cómo el agua puede ser incorporada a la acumulación de capital”. Un proceso que ilustra “la estrecha relación existente entre agua y urbanización o, en otras palabras, entre el control de servicios básicos por parte de intereses privados y el crecimiento urbano”.

Cuando a finales del siglo XX el sector textil, que históricamente había sido el motor del desarrollo económico de Sabadell, entró en crisis, “una nueva actividad conformada alrededor del ciclo del agua permite ganar nuevos ámbitos de negocio para las élites de la ciudad.” De hecho, el alcalde Marcet ya vislumbró esta perspectiva cuando escribió en sus Memorias: “el negocio del agua es de los de rendimiento seguro y constituye siempre una buena inversión, más aún para el futuro”.

Ahora bien, estas transformaciones serán el objeto de otra entrega de esta sección donde  explicaremos la diversificación de las inversiones de la compañía y el proceso que condujo a la absorción de CASSA por Agbar, filial catalana de la multinacional francesa Suez Environnement.

Bibliografía

ARGEMÍ RELAT, Mercè y DEU BAIGUAL, Esteve. 900 anys d’història de l’aigua a Sabadell del segle XI a 1949. CASSA, Sabadell, 1999.
BENAUL BERENGUER, Josep María (dir). El Gremi de Fabricants de Sabadell, 1559-2009. Organització empresarial i ciutat industrial, Fundació Gremi de Fabricants de Sabadell, 2009.
MARCET COLL, José María. Mi ciudad y yo. Veinte años en una Alcaldía (1940-1960). Duplex, Barcelona, 1963.
MASJUAN, Eduard, MARCH, Hug. y SAURÍ, David. Flujos de capital y flujos de agua: la industria textil y la privatización del suministro de agua en la ciudad de Sabadell durante la segunda mitad del siglo XX. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles n. 56, 2011.

Foto portada: sede de CASSA en la calle de Concepció, entre Industria e Illa. Autor: cedida.