Carolina Bescansa

‘Carolina Bescansa: la voz del sentido común’, per Josep Asensio

Se han cumplido ya 39 años de la proclamación de la Constitución que logró aquella unidad que ahora se añora. Ahora se ve todo muy lejano, pero en aquel momento, la dictadura, aunque ya en sus últimos instantes, todavía conservaba un núcleo muy duro que podía, con ayuda del ejército, desbaratar cualquier intento de democratización de la sociedad. Sentar en una mesa a Santiago Carrillo y a Manuel Fraga no fue tarea fácil, y las hemerotecas están llenas de personajes que ayudaron a conseguir ese anhelo común que significaba enterrar 40 años de dictadura y alcanzar de alguna manera la similitud con otros países de nuestro entorno. Aunque no pude votarla por ser demasiado joven, pienso que en su conjunto posee una gran actualidad porque representa al fin y al cabo una base sólida para desarrollar posteriormente sus postulados.

Se habla mucho en los últimos años del tratamiento que la Constitución dio a las comunidades históricas. No debemos olvidar que las estructuras del Estado eran en aquel momento profundamente franquistas y Adolfo Suárez fue visto como un traidor, así como el Rey Juan Carlos I que también renunció a la promesa de continuidad que le había hecho a Franco. Ante esta tesitura, la cautela se imponía, aunque se logró plasmar la palabra ‘nacionalidad’ en el artículo 2 de la Constitución a propuesta del grupo de Minoría Catalana, abanderado por Jordi Pujol. No podemos ni imaginar la importancia que tuvo esa palabra en aquellos momentos porque significaba diferenciar a las nacionalidades de las regiones y ya ponía sobre la mesa la convicción de que España era un estado plurinacional, al menos sobre el papel.

Casi 40 años después casi todo el mundo encuentra obsoleta la Constitución de 1978 aunque casi nadie se la ha leído. Evidentemente, nadie discute la necesidad de una revisión a fondo, especialmente aquellos puntos que se refieren al modelo territorial, una vez agotado el Estado de las Autonomías. La diversidad, la capacidad de algunos líderes políticos de echar más leña al fuego y la indiferencia de muchas comunidades autónomas, pueden acabar con las aspiraciones de aquellos que ven en esa reforma la última oportunidad para acabar con el separatismo. A este respecto, creo que hay que valorar la propuesta seria y trabajada que ha hecho la diputada de Podemos Carolina Bescansa. Las luchas internas en el partido morado, el superprotagonismo de Pablo Iglesias y la apuesta velada de sus dirigentes catalanes por el secesionismo, han hecho saltar todas las alarmas en las federaciones españolas de Podemos. Las diferentes formaciones que concurrieron a las últimas elecciones autonómicas y municipales en Catalunya bajo el paraguas de ICV, EUiA y Podemos han protagonizado el esperpento más ridículo de los últimos tiempos, dando bandazos de un lado para otro y permitiendo acciones claramente ilegales de sus socios minoritarios en los diversos Ayuntamientos. A nivel territorial, han apostado claramente por la ilegalidad, ignorando también a sus potenciales votantes y seguidores. Esta manifiesta ambigüedad, participada por Podemos y sus líderes, ha tenido como consecuencia la reacción de una de las fundadoras del partido, apartada y purgada descaradamente por su dirección. Carolina Bescansa ha hecho su propia propuesta de reforma constitucional, alejada por completo de las posiciones que defienden el derecho a decidir de una parte del territorio. Bescansa parece ser la única consciente del descalabro electoral de Podemos a nivel nacional, al verse atrapado por la telaraña secesionista y por la ya inequívoca posición de Ada Colau. Los votantes españoles de Podemos no entienden, piensa Bescansa, que Podemos haya dado la espalda a un sentimiento mayoritario de identidad española y como consecuencia, pueden dejar de votarle.

Carolina Bescansa y Pablo Iglesias.
Carolina Bescansa y Pablo Iglesias.

Carolina Bescansa es muy crítica con el discurso oficial y reclama tener uno para España. Es consciente que los nacionalistas no van a estar de acuerdo con esta propuesta porque parte del principio de negación de privilegios a ciertas comunidades, aunque plantea una reforma radical del Senado convirtiéndola en verdadera cámara territorial. Habla concretamente de ‘entes federados’ que son los que tienen que consensuar los cupos, la financiación autonómica y los fondos de compensación territorial. Finalmente, propone la elección directa del Presidente del Gobierno a dos vueltas. En cuanto a los referéndums, propone que lo sean para toda España y que se tengan en cuenta los resultados en esos ‘entes territoriales’.

La idea de Carolina Bescansa se apoya en el trabajo de expertos en derecho constitucional, catedráticos y expertos en economía y financiación y contiene la esencia y la semilla del Estado Federal que también reclama el PSOE. Una lástima que clame de alguna manera en el desierto después de la puñalada trapera que le dio el núcleo duro de Podemos. En Catalunya, Xavier Domènech también ha rechazado la propuesta de Bescansa, ignorándola. Está claro que a partir del día 21 habrá que mojarse. Catalunya en Comú – Podemos no ha entendido nada. Su intención de reconducir las elecciones hacia la dualidad izquierda-derecha también clama en el desierto. Su posición ‘Ni DUI ni 155’ también es ambigua, porque no ofrece alternativa creíble. ¿Quién puede estar contra la ilegalidad y contra la legalidad al mismo tiempo? Parece que solo ellos. En este país (Catalunya-España) hay gente, políticos, políticas, que están poniendo soluciones encima de la mesa, que creen todavía que las posiciones confusas, evasivas, radicales y troleras deben ser aniquiladas y sustituidas por aquellas que logren aquella cohesión que nos hace fuertes. Carolina Bescansa es una de ellas. También lo es Miquel Iceta, Íñigo Urkullu y me atrevo a dedir que también Dolors Montserrat. Y después de haber visto el programa Salvados del pasado domingo día 26 de noviembre, José Luis Rodríguez Zapatero, al que vi fuerte y todavía con mucho que ofrecer. En 1978 quizás no estaban los mejores pero hicieron un buen trabajo. ¿Y si elegimos ahora a los más capaces, a los que más entienden, a los que están alejados de sectarismos partidistas, para redactar esa Constitución que España necesita?