ARTICLE D’OPINIÓ
Manuel Navas, sociólogo.
Como miembro de la especie humana y ciudadano del mundo, me preocupa, y mucho, lo que acontece en el planeta, en todos los terrenos y, en consecuencia, me parece terrible que, Italia, Grecia, Eslovenia, Finlandia, Polonia, Suecia, Hungría, etc., conformen gobiernos con partidos de extrema derecha o que, en España (único país europeo con un gobierno de izquierdas -CIDOB-), también pueda entrar en el club de los gobiernos con elementos del fascismo 2.0.
Y al hablar de este fenómeno conviene recordar que la irrupción de la extrema derecha por el mundo no es fruto de ninguna catástrofe natural, ni designio divino, ni es tan desconcertante como nos lo venden. Es algo terrenal y casi predecible. La extrema derecha, en sus diversas versiones (fascismo, nazismo, franquismo o ahora el neofascismo 2.0), es inherente del capitalismo.
Siempre está ahí, agazapada, a la espera que se necesite sus servicios, actuando como mecanismo inmunológico que actúa ante cualquier situación que pueda cuestionar a las castas económicas dirigentes o al propio sistema.
En el siglo pasado el auge se produjo como respuesta a las revoluciones sociales. Hoy, que no parece previsible, al menos a corto plazo, un cambio de paradigma social que lo ponga en peligro, su irrupción responde a otras necesidades. La dinámica depredadora del neoliberalismo, que ha originado el actual y caótico desorden establecido, necesita señuelos que confundan las consecuencias con las causas y criminalice a las víctimas, exculpando a los culpables, utilizando instrumentos de persuasión/manipulación para que se interioricen/normalicen/banalicen discursos de odio, xenófobos, racistas, discriminatorios, …, fomentando enfrentamientos entre ciudadanos/as por razón del color de la piel, cultura, lugar de nacimiento, sexo, …
Un choque cainita entre quienes tenemos la marca oscura por haber nacido en la cara mala del mundo, en unos conflictos promovidos por quienes han nacido en la cara buena que, tras poner la gasolina (y el dinero) para el auge de la extrema derecha, hipócrita y cobardemente, miran hacia otro lado como si no tuviesen nada que ver en esta historia.
Al respecto, un apunte para quienes se creen el “ombligo del mundo”: pretender incidir con la abstención/voto nulo en el resultado de las elecciones del 23J bajo la falsa premisa del “cuanto peor para España, mejor para nosotros” o el que “no nos importa cuál sea el resultado”, o quienes afirman que el enemigo es el PSC y SUMAR (y no VOX) además de expresar un infantilismo y provincialismo ridículo, significa apostar por la entrada de la extrema derecha en el gobierno de España, convirtiéndose en aliados de los herederos del franquismo. Allá cada cual, pero es difícil que la historia perdone a los cómplices del regreso al pasado y la destrucción, los avances en lo social, económico, político y democrático de la actual legislatura (sin perjuicio de obviar la crítica que corresponda).
La democracia (el mejor de los sistemas políticos conocidos) tiene como señas de identidad la separación de poderes y el pluralismo político que incluye legalizar a los partidos que acepten las reglas de juego establecidas (incluidos aquellos de más que dudoso talante democrático que utilizan la democracia para socavarla y/o conducirla a su mínima expresión, como VOX, Aliança Catalana y similares o acompañantes). Es uno de los riesgos/grandeza de la democracia.
Frenar tendencias totalitarias requiere más democracia y esta, para ser digna de tal nombre, debe dotarse de contenido y es ahí donde alcanza (o no) su verdadero significado social, político y económico.
Para combatir el fascismo, la ciudadanía debe percibir/considerar que la democracia es útil para satisfacer sus necesidades (empleo, vivienda, sanidad, pensiones, educación, etc.) y facilitar la convivencia, la cohesión, la cultura, la justicia social, la de género, la distribución equitativa de la riqueza, la seguridad, la sostenibilidad, etc. y, en paralelo, ser contundentes con medidas radicalmente democráticas para acabar con bulos, fake news, etc., que con total impunidad difunden contertulianos/as (guardia pretoriana del bloque hegemónico del poder económico) y las redes sociales como generadora incesante de noticias falsas y desinformación. Y, sobre todo, la lucha antifascista precisa del voto ciudadano/a que, como efecto mariposa, provoque en las elecciones del 23J, el sorpasso del pueblo contra los Torquemadas del SXXI representado por el proyecto retrógrado del PP-VOX, con la esperanza de que esta vez, ¡no pasarán!.
Foto portada: votacions a les municipals de 2019. Autor: M.Tornel.
