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‘La Argentina de Milei y los EEUU de Trump como referentes’

Cuesta imaginar que la clase trabajadora española aceptara sin más que un gobierno ampliara la jornada laboral a 12 horas diarias, eliminara la remuneración de las horas extra o permitiera que el salario se pagara en especie. También resulta difícil creer que asumiera despidos sin causa ni indemnización, y menos aún que todas esas medidas se aplicaran de golpe, como un “escudo antisocial” inspirado en la motosierra, justo lo contrario del llamado “escudo social” que PP-VOX-Junts rechazaron en el Congreso. Ante ese escenario, la pregunta pertinente es: ¿votaría en España un trabajador o trabajadora a un gobierno que impulsara medidas de ese calibre?

Eso es, precisamente, lo que ha hecho Milei en Argentina. Un referente que Vox y el PP no ocultan. Abascal y Ayuso han expresado su admiración sin ambigüedades y han llegado a plantear que, si alcanzan el poder en España, seguirían el camino de “argentinizar” España (curiosa paradoja la de estos patriotas de bandera y postureo).

También parece difícil que la ciudadanía española -sirva el contundente y masivo rechazo al genocidio sionista de Gaza como ejemplo- comparta la política de Trump frente a todo aquello que obstaculiza su expansión imperialista: su apoyo incondicional a la actuación de Israel en Gaza y la propuesta de transformar la Franja en un complejo turístico; su intención de anexionarse territorios como Groenlandia o incluso Canadá; su ofensiva arancelaria contra la UE; sus críticas a la ONU, al sistema internacional de derechos humanos y al propio Derecho Internacional; el bombardeo de Venezuela con el secuestro de su presidente y su mujer; la SS yanqui (ICE) y la extensa lista de intervenciones que conforman su agenda global. En este escenario, la pregunta es inevitable: ¿estamos de acuerdo con ese modelo de (des)orden mundial que pretenden imponer multimillonarios y tecnoligarcas?

Cabe recordar que el PP y Vox han mostrado una sintonía política total con el trumpismo y sus políticas, aunque estas perjudiquen directamente a España y a la UE, o nos sitúen a las puertas de un conflicto bélico global. Otra muestra de su «patriotismo de cartón piedra». Uno se pregunta, con cierta ironía, hasta dónde llegaría esa afinidad: ¿dado que no tenemos petróleo ni “tierras raras”, aceptarían convertir a España en una suerte de «Hawái europeo» para que se apropien de nuestro aceite de oliva o jamón de bellota?

Resulta profundamente paradójico -cuanto menos desconcertante- que personas cuya subsistencia depende de vender su fuerza de trabajo opten por respaldar con su voto a quienes promueven una agenda que las perjudica directamente, beneficiando a la élite económica, en definitiva, voten a sus “verdugos”. Los hechos evidencian que una coalición de actores con conductas sociopáticas está trazando una hoja de ruta distópica -al estilo Mad Max-, donde prevalece la ley del más fuerte y la desprotección sistemática de las clases trabajadoras.

Epílogo. En democracia, la conformación de los gobiernos y las políticas económicas, sociales y legislativas que definen nuestro día a día dependen de nuestro voto. Cada papeleta depositada -y cada abstención deliberada- moldea el horizonte colectivo. Cada derecho conquistado o erosionado, cada política implementada o bloqueada, refleja nuestra participación ciudadana. Más allá de la indignación o la resignación, subsiste una verdad incómoda pero ineludible: somos corresponsables del presente y futuro de Catalunya, de España y del destino de nuestras propias vidas. Por ello, es urgente cultivar una ciudadanía crítica: aprender a identificar y rechazar la desinformación partidista, y combatir activamente el analfabetismo mediático que facilita la manipulación. La democracia no exime de responsabilidad, sino que la distribuye entre toda la ciudadanía y nos entrega también la herramienta para transformarla.

L’espai d’opinió reflecteix la visió personal de l’autor de l’article. iSabadell només la reprodueix.

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