L’ESTAT DE LA CIUTAT
Se cumplen estos días los 100 primeros días de Juan Carlos Sánchez al frente de la alcaldía. Constituyen una amarga decepción para quienes esperaban que emprendiese la necesaria regeneración de la administración local y del vida pública de la ciudad tras 13 años de ominoso régimen bustista.
Mañana se cumplirán cien días de la investidura de Juan Carlos Sánchez al frente de la alcaldía de Sabadell. Se ha agotado, pues, el periodo de gracia que normalmente se respeta antes de realizar una primera evaluación de la acción de los cargos ejecutivos.
Sánchez llegó al poder después de ostentar la alcaldía accidental en plena crisis de Mercurio y en la que se ganó la reprobación del pleno municipal por su errática defensa de la presunción de inocencia y su negativa (“ni puedo, ni quiero”) a cesar a los cargos electos, de confianza y funcionarios imputados en la presunta trama de corrupción urbanística desvelada por la Fiscalía Anticorrupción.
A pesar de este aciago precedente, su investidura abrió una moderada expectativa sobre su voluntad de emprender la necesaria labor de regeneración democrática del municipio, tras 13 años de régimen bustista, caracterizado por el caciquismo, nepotismo y autoritarismo.
A pesar de haber ejercido como número dos y eterno delfín de Manuel Bustos, Sánchez había cultivado una imagen dialogante, tanto con los grupos de la oposición como con los medios de comunicación. Algo así como el policía bueno del bustismo. Su discurso de investidura, donde afirmó que “ahora hemos de caminar solos” y la no renovación como cargo de confianza de Montserrat Costa -pareja del ex alcalde y pieza clave en el organigrama de poder municipal- parecía orientarse en esta dirección.
Sin regeneración democrática
En estos cien días Sánchez no ha tomado ni una sola medida de regeneración democrática. Así ha mantenido a los dos cargos de confianza imputados, Xavier Izquierdo y Manuel Somoza, y a otros dos funcionarios implicados en Mercurio, la arquitecta Elena Galera y el contestado intendente de la Policía Municipal, Josep Miquel Durán, que dependen única y exclusivamente de su voluntad política.
Tampoco ha emitido ninguna señal para apartar del consistorio a los tres concejales imputados, Joan Manau, Manuel y Paco Bustos. En el último caso, contra los preceptos de código ético del partido Paco Bustos continúa como máximo dirigente de la Federación del Vallès Sur del PSC. A diferencia de su hermano y del diputado Daniel Fernández que dimitieron de sus cargos orgánicos en el partido a raíz de su imputación en Mercurio.

Otro factor de gran relevancia política radica en el proceso de renovación de la dirección de Ràdio Sabadell, utilizada como instrumento de propaganda al servicio del partido y motivo de constantes enfrentamientos con los grupos de la oposición. Aquí tampoco Sánchez ha demostrado estar por la labor y todo parece apuntar a que avalará una apuesta continuista que podría dinamitar los escasos puentes de diálogo con los grupos de la oposición. Particularmente con CiU, cuya abstención permitió aprobar los presupuestos municipales y que le otorgó un margen de confianza, a tenor de su nuevo estilo de gobierno. Un apoyo condicionado que podría verse comprometido si Sánchez no emprende ninguna medida de regeneración democrática y se mantiene instalado en el continuismo.
Tres explicaciones
Esta pasividad está erosionando gravemente su imagen pública y le está haciendo aparecer como un alcalde-marioneta donde el poder real sigue ostentándolo Manuel Bustos, que controla tanto el partido como el grupo municipal. Esto es lo peor que puede ocurrirle a un político y alimenta numerosas especulaciones en busca de una explicación racional a su comportamiento.

En primer lugar, podría argumentarse que está esperando que los tribunales y la dirección nacional del PSC le resuelvan la papeleta. En efecto, si los hermanos Bustos resultasen encausados en el caso de las presuntas irregularidades en la contratación de Carmina Llumà en el ayuntamiento de Montcada i Reixac, la dirección del PSC exigiría que entregasen el acta de regidor y los suspendería temporalmente de militancia a la espera de la sentencia judicial. Esto le permitirá librarse parcialmente del control absoluto de Manuel Bustos sobre el partido y el grupo municipal y sentar las bases para realizar una política propia, pero para ello necesita tiempo y en estos cien días estaría capeando el temporal. No obstante, este escenario no está exento de riesgos, pues Bustos podría rebelarse y liderar una escisión, tanto en el partido como en el grupo municipal, debilitando extraordinariamente la posición de Sánchez y del PSC en la ciudad.
La presencia de todo el grupo municipal socialista, excepto Sánchez, en la comparecencia de Paco y Manuel Bustos ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) podría interpretarse como un mensaje de El Capo a la dirección del PSC en este último sentido si se atreviesen a tomar medidas contra él. Existen algunas voces que apuntan a una división en el grupo municipal socialista entre partidarios de Bustos y Sánchez. Sin embargo, ello no ha se visualizado mientras que las impúdicas escenas ante el TSJC apuntan justamente en sentido contrario.
La segunda explicación es de orden psicológico. Sánchez se ha formado y crecido política y personalmente a la sombra de Bustos. De modo que se habría consolidado una relación de dominación, que evoca la dialéctica del amo y el esclavo descrita por Hegel. Por tanto, resulta extremadamente difícil que rompa con esta relación, incluso cuando, desde que ha sido investido alcalde, han desaparecido las condiciones objetivas que la sustentaban.

La tercera razón se corresponde a una sospecha. Después de tantos años ejerciendo de mano derecha del ex alcalde, Sánchez podría haber tomado medidas de dudosa legalidad y podría estar sometido a una suerte de chantaje, consistente en la amenaza de trasladar a la fiscalía estas hipotéticas irregularidades, por acción u omisión, que podría derivar en su imputación.
Tampoco puede descartarse que su actitud se explique por una combinación de estos tres factores.
¿Demasiado tarde?
En cualquier caso, estos cien días constituyen una enorme decepción para quienes esperaban que Juan Carlos Sánchez emprendiese la impostergable tarea de regeneración democrática de la administración local y de la vida pública de la ciudad. Aunque se está demorando innecesariamente, aún no es demasiado tarde si su acción política se encaminase decididamente en esta dirección. Por otro lado, esta ausencia de valentía política está provocando que pasen desapercibidas sus iniciativas políticas respecto al problema de la vivienda o la sanidad.
Por una de aquellas paradojas tan frecuentes en la vida y en la política, si tomase esta orientación podría hallar los apoyos que no encuentra en su partido en otras formaciones políticas y entre amplios sectores de la ciudadanía. En caso contrario, se arriesga a quedarse solo, en una especie de tierra de nadie, sin apoyos ni de su partido, ni de la oposición, ni de la ciudadanía.
