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‘El mantra de la unidad de la izquierda’, per Manuel Navas

ARTICLE D’OPINIÓ
Manuel Navas. Socióleg i president de la FAVSabadell

Parecer difícil explicar por qué la eterna división entre partidos de izquierdas/progresistas cuando podría parecer razonable que todos remasen en la misma dirección. Pero los datos nos dicen otra cosa. Podría hablarse de las seis generaciones de izquierdas políticamente definidas: la jacobina, la liberal, la anarquista, la socialdemócrata, la comunista y la asiática (maoísta) y dentro de cada una de ellas, corrientes y partidos que, por su proliferación, es imposible cuantificar sin olvidar las internacionales: Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o Primera Internacional en 1872; Segunda Internacional (ruptura entre socialdemócratas y comunistas) en 1889; Tercera Internacional Comunista en 1919; la recuperación de la AIT en 1922 por el anarquismo y la Cuarta Internacional (trotskista) de 1938.

Una división a lo largo de la historia con disputas que han traspasado de lejos los enconados debates ideológicos, llegando a hostilidades, odios, terribles procesos de depuración interna y el cainismo político entre “hermanos de clase” eliminado físicamente a quienes la casta dirigente del partido de turno tilda de “enemigos” por discrepancia política, con mención especial para el sicópata Stalin que decidió el asesinato de cientos de miles de disidentes políticos de izquierdas entre ellos, trotskistas o de la CNT o del POUM en la II República española (Trotski, Andreu Nin……).

Lo que certifica que el dogmatismo nubla el entendimiento y anula toda capacidad crítica, convirtiendo a las personas en meros títeres de obediencia ciega a las órdenes del líder. La historia es profusa en de ejemplos que explican el porqué, la cacareada unidad de la izquierda, que resurge como ave fénix en las contiendas electorales, en realidad se refiere a una mera unidad electoral donde los egos de las elites políticas juegan un papel clave para constituirla/abortarla (pongamos que hablamos de Madrid, Andalucía, Asturias, Catalunya, Sabadell, ….) o, de constituirse, a la vuelta de la esquina aparecen los desencuentros/rupturas y, ……… vuelta a empezar.

Es cierto que la derecha no se queda atrás, brutalidad y asesinatos son distintivos históricos del poder político, militar, económico y religioso. Gente que defiende que nada cambie para seguir con sus privilegios. Tiene su lógica. Pero desde el ámbito de la izquierda, (hoy, todos los partidos que la conforman defienden programas más o menos socialdemócratas, que nadie se engañe) resulta la división entre quienes, se les supone, apuestan por un mundo más humano, equitativo, sostenible, sin opresiones, etc.

Y hablar de la unidad de las izquierdas, conduce inevitablemente a los partidos que, por su idiosincrasia, resultan incompatibles (el sustantivo partido significa dividir), organizaciones que, con el reconocimiento debido a su protagonismo histórico, son hoy, cuestionadas seriamente por diversos motivos (corruptelas, traiciones, desapego con la sociedad, ….) y que, con matices, se basan de hecho en dos pilares: la concepción leninista para atribuirse (cada uno de ellos) ser “la vanguardia” de un pueblo que suponen sin rumbo y el centralismo democrático donde los dirigentes de turno, son la máxima expresión infalible de esa vanguardia.

Con tales premisas es imposible entender/aceptar los diferentes roles de partidos y movimientos sociales del ámbito progresista/izquierda/alternativos, de ahí que algunos irrumpan en ellos como elefantes en una cacharrería para convertirlos en correa de transmisión o crear, a partir de ellos, un partido destrozando el movimiento social (el 15M como paradigma) o creando artificiosas plataformas “populares” con indisimuladas intenciones electoralistas y produciendo un laberinto de siglas indescifrable.

Al no existir (ni se la espera) “casa común de las izquierdas”, ni nadie que pueda arrogarse la autoridad para repartir carnés de izquierda excluyendo a quienes no comulgan con su partido y mientras sigamos así, mejor sería dejar de airear el señuelo inalcanzable (e indeseable si se entiende la pluralidad como valor) de la sacrosanta unidad orgánica de la izquierda (y más teniendo en cuenta, la poca confianza que merecen quienes la proponen y la escasa credibilidad real de la propuesta), asumir que no existen verdades absolutas y aterrizar en programas de mínimos en defensa del Estado de Bienestar, la libertad, la democracia, etc., dado que, de seguir enrocado en puritanismos estériles, el neoliberalismo, y la infraestructura que lo mantiene, seguirá campando a sus anchas para desgracia de la humanidad y del planeta, respecto a lo cual no puede obviarse la responsabilidad de los partidos de izquierda que por acción/omisión, directa/indirectamente colaboran con la pervivencia del sistema y a quienes la evidencia le están reclamando una profunda catarsis.

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Foto portada: El president de la FAV Sabadell, Manuel Navas. Autor: David B.

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