ARTICULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, presidente de la Federació d’Associacions Veïnals de Sabadell (FAVS)
Hace unos meses, la Federació d’Associacions Veïnals de Sabadell (FAVS) junto con otras entidades ciudadanas incluido el Ayuntamiento, fue invitada a un seminario organizado por la Universitat Popular de Sabadell (UPS) dentro del marco Repensem Sabadell en el que se abordó un tema de actualidad como es el de la participación ciudadana. Fue una propuesta en la que se reflexionó sobre lo que debe y no debe entenderse por un concepto que debido en gran parte al desconocimiento, está siendo burdamente utilizado en diversos campos e instituciones.
Lo ponentes (Q. Bruguer, F. Pindado. O. Rebollo), utilizaron el concepto místico de la ‘trinidad’ para explicar que si bien la democracia puede entenderse como única, tiene tres dimensiones diferentes con vida propia: “la representativa” (actuación mediante intermediarios), “la directa” (actuación sin intermediarios) y “la dialógica” (basada en el debate y el contraste de argumentos), en el bien entendido que las tres son necesarias, compatibles y combinables y que pueden abordarse tanto separada como globalmente, sin obviar que es un contrasentido hablar de democracia participativa porque sin participación no existe democracia. En cualquier caso debe concluirse que la participación debe tratarse no como una finalidad en sí misma sino como un medio para alcanzar un objetivo.
Sirva la introducción para situarnos en Sabadell, una de las señas de identidad del Equipo de Gobierno es apostar por la participación ciudadana en los asuntos públicos, habiendo impulsado a tales efectos algunas experiencias con resultados dispares. Sabemos que no es fácil implementar procesos participativos. Demasiadas trabas y complicaciones para evitar el empoderamiento ciudadano. Demasiada falta de credibilidad de la ciudadanía para con los políticos y viceversa. Demasiados años educando a la ciudadanía en un sistema de delegación como sinónimo de democracia que ha provocado el desinterés. No es fácil pero para quienes tenemos la convicción de que la sociedad debe dejar de ser un sujeto pasivo y ocupar un papel protagonista que se le ha escamoteado, es absolutamente necesario.
En cualquier caso, emprender una tarea de esta envergadura no puede dejarse al libre albedrío, ni a la sapiencia o el desconocimiento del/la político/a de turno, ni puede abordarse de forma meramente reactiva para cubrir formalmente las expectativas de promesas electorales. En otras palabras, debe responder a unos objetivos (¿existen al respecto?) resultado de un diagnóstico sobre el andamiaje existente (en particular los diversos consejos) y adoptar decisiones sobre si se avanza en la implementación de un escenario diferente de acorde con criterios participativos reales o se mantiene el actual y en ese caso, si se cambia el juego, la baraja y los jugadores o todo sigue igual. Si nos atenemos a los hechos, ningún cambio digno de consideración se ha producido porque, en lo esencial, siguen funcionando como mecanismos participativos inútiles para tal fin y en general siguen siendo utilizados como instrumentos de legitimación y propaganda partidista (como por ejemplo los caóticos Consells del Districte 3 o la elaboración de Planes sanitarios ‘para el pueblo, sin el pueblo’). Conviene insistir que como movimiento vecinal apostamos por un cambio de tablero, no solo de fichas.
De ahí que hayamos manifestado por activa y por pasiva, en repetidas ocasiones y foros (sin respuesta alguna), que debe acabarse con una herencia del pasado duramente y justamente criticada por toda la oposición, y que mientras persista el modelo actual y contando con los agentes sociales, es imprescindible y urgente modificar los reglamentos en los que se asientan la flagrante inutilidad que hacen gala los órganos que regulan, repensando sus objetivos, composición, atribuciones y facultades, toma de decisiones, recursos, sus significación socio-política, etc. Es inaceptable que con la actual correlación de fuerzas existentes en el ayuntamiento de Sabadell, la asistencia a un Consell de Districte o de Salut, por ejemplo, sea percibido como si estuviésemos instalados en el día de la marmota donde se repite el modelo de legislaturas anteriores.