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‘En bucle (o esa ciudad gris que nos caracteriza)’, por Josep Asensio

He echado un vistazo a los presupuestos aprobados por el Ayuntamiento de Sabadell y he constatado que desde hace décadas hay un camino trazado que es imposible desandar. No me cabe la menor duda de que la ciudad está en constante evolución y, consecuentemente, las obras no acaban nunca. Estamos acostumbrados a ver provisionalidades varias y construcciones que, una vez terminadas, no convencen a nadie. No sabría calcularlo, pero observo un porcentaje muy alto de edificaciones, quizás necesarias, pero que nos dice mucho de la ciudad que queremos (o que quieren nuestros gobernantes). Si bien existen partidas para plantar más árboles o para urbanizar algún pequeño parque, estas son tan simbólicas que quedan ocultas por la megalomanía edificadora.

Repito, necesitamos concluir de una vez por todas con la remodelación del Passeig de la Plaça Major y arreglar las fuentes de la Via Alexandra; seguramente es obligado hacer reformas, ampliaciones de locales y renovar aceras, pero eso, a pesar de la mejora que supone, nos hace olvidar que la ciudad continua en ese gris permanente del que no logramos deshacernos.

Sabadell es una ciudad compleja en todos los sentidos; a mí me sorprende esa dinámica constructora, esa enérgica y contundente apuesta por el ladrillo, por obras y más obras. Esa insistencia casi enfermiza en construir y construir, creyendo que al ciudadano se le contenta con una remodelación de la placita donde saca el perro a mear o con adecentarle esa acera que lleva años levantada. Me desconcierta el nulo interés por mejorar la calidad de vida de los sabadellenses en otros ámbitos y especialmente en el energético, en el del medio ambiente. Hace unas semanas leía que Crevillent (Alicante) había hecho una apuesta muy decidida por convertirse en un referente en autoconsumo energético, incentivándolo a través de instalaciones fotovoltaicas colectivas que se instalan en los edificios públicos y apostando por el autoconsumo también en edificios de comunidades de vecinos. Además, se aprovechan las cubiertas de los edificios para generar energía eléctrica limpia y, consecuentemente, los vecinos ahorran en su factura eléctrica. De hecho, ya lo están notando, pues todo esto funciona desde hace un par de años. Muy interesante el artículo La energía solar en bloques de pisos empieza a despegar en España, donde se expone el camino inciciado por diversas entidades en favor del autoconsumo. Destaca la implicación de Asociaciones de Vecinos, creando cooperativas y alianzas vecinales que se encargan de construir y gestionar una planta fotovoltaica comunitaria. Lo mismo que en Sabadell, claro, que excepto algún artículo de algún listillo y alguna manifestación pancarta en mano, no son capaces de aglutinar a nadie. Hace tiempo que desaparecieron del mapa, aunque nos hagan creer lo contrario.

Junts per Sabadell propuso el año pasado instalar placas solares en la tribuna de la Nova Creu Alta. La idea no ha cuajado, al menos, hasta el momento. Autor: CE Sabadell.

Crevillente tiene unos 30.000 habitantes, más o menos como todo el distrito 6 de nuestra ciudad. En los presupuestos de Sabadell para el 2022 no hay ni un euro destinado para una partida que otros ayuntamientos ya empiezan a contemplar. Bueno, sí. Parece ser que existe una partida para “rehabilitación energética de edificios municipales”, pero eso puede tratarse de la sustitución de la caldera de algún centro cívico o biblioteca y poca cosa más. El Ayuntamiento de Sabadell parece que prefiere esperar a que sea la Generalitat de Catalunya la que dé el paso a ofrecer ayudas y bonificaciones para la instalación de placas fotovoltaicas o paneles solares. De hecho, por lo que he podido saber, en el anterior mandato se instalaron placas en el centro cívico de Ca n’Oriac, una acción más simbólica que otra cosa y que muestra en cierta manera el desinterés por el tema.

Foto portada: les plaques fotovoltaiques, aquest matí. Autora: Gemma Vives.
Placas fotovoltaicas en la depuradora Riu-sec. Autora: Gemma Vives.

En Crevillent, insisto, se han instalado placas solares en edificios públicos, no solo para el autoconsumo de ese espacio, sino para proporcionar lo sobrante a las viviendas colindantes. Es verdad que esta ciudad alicantina creó su propia empresa de energía, Enercoop, en 1925 con el objetivo de distribuir de forma justa, limpia y eficaz la energía eléctrica, un bien indispensable para el desarrollo de un pueblo eminentemente industrial y que necesitaba modernizarse ante el auge del sector textil y especialmente en la confección de alfombras. Por aquel entonces, ese municipio carecía de interés para las grandes compañías eléctricas y la unión hizo la fuerza hasta el día de hoy.

¿Puede Sabadell hacer lo mismo? ¿Puede un ayuntamiento movilizar a todos los sectores de su población para obtener energía limpia, para rebajar la factura de electricidad, para contribuir de una manera eficiente al desastre medioambiental que se avecina? No únicamente puede, debe hacerlo. Y me imagino edificios públicos y privados, hospitales, ambulatorios, pabellones deportivos, supermercados, tejados de empresas, todas las de Can Roqueta y Sant Pau de Riu Sec, y hasta la tribuna de la Nova Creu Alta, acomodando sus cubiertas con miles de paneles fotovoltaicos, distribuyendo la energía sobrante a las viviendas de su alrededor. Me imagino concejales dispuestos a dejarse la piel en cualquier lugar por ese proyecto, estando alerta para conseguir esas ayudas de Europa que únicamente van a parar a los más avispados. Justo esta semana leía las propuestas del Govern y del Consell de Mallorca para instalar placas solares en carreteras, rotondas, arcenes y taludes de toda la isla. Y me imaginaba lo mismo en Sabadell…

Bajo de la nube para tocar el suelo sabadellense y observo que entre mis representantes no existen otras dinámicas que no sean las del día a día. La mirada al futuro, a un futuro más limpio, en definitiva, más humano, se diluyen en el hastío y en la mediocridad. Mientras en Sabadell se suben los impuestos un 3,7 por ciento sin importar la renta de sus habitantes, en otras ciudades de nuestro entorno se ofrecen rebajas fiscales (en el IBI, por ejemplo) y ayudas para la instalación de placas fotovoltaicas. Mientras otros ayuntamientos tienen en mente desterrar el coche de los centros urbanos, nuestros representantes hacen bandera de un enorme aparcamiento subterráneo precisamente para atraerlos. El mundo al revés. Ni rastro de querer mejorar la calidad del aire que respiramos. Ni por asomo un cambio en la movilidad del transporte público que sigue insistiendo en hacer pasar todos los autobuses por el centro. Y ya, por último, ni un solo euro para estudiar la posibilidad de montar una línea de tranvía en alguna zona de nuestra ciudad o de enlace con Terrassa. Soñar es gratis. Los sueños se cumplen muchas veces. Nada más hace falta voluntad. ¿Es posible salir de ese bucle?

Foto portada: placas solares instaladas en el tejado del hospital de Sabadell.

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