“Una vez más, los vecinos, la ciudadanía, eso que llamamos sociedad civil, han dado la talla. Desde el primer minuto han estado ayudando a las víctimas y a los afectados por esta tragedia. Pero la vida, igual que puede torcerse en un instante, exige adaptarse a las circunstancias, y hoy nos toca contar lo que está ocurriendo. Lo hago desde cuatro sensaciones que, al menos yo, tengo ahora mismo. La primera y más importante, la congoja ante la tragedia. La segunda, el estupor y la rabia por comprobar cómo puede repetirse, en apenas nueve meses, una tragedia de esta magnitud y además en la misma línea ferroviaria. La tercera, la empatía con las víctimas, por encima de todo. Y la cuarta, un cabreo notable, tremendo, que no creo ser el único en sentir por el uso que está haciendo Vox, en plena precampaña electoral, de esta tragedia. Es tan grande la repugnancia que me provoca que no sé si tendré ganas de comentarlo con más detalle a lo largo de la tarde. De momento, lo dejo ahí”.
Carles Francino, periodista
Escribo estas líneas consternado por el accidente de dos trenes en Toledo. Mi mente se niega a aceptar el desastre y de una manera u otra ruega que no aparezcan más víctimas bajo los vagones. La magnitud de la tragedia, las vistas aéreas de los dos trenes, de los amasijos de hierros y de los vagones volcados sobre el terraplén hacen pensar en algo todavía más grave. Las primeras noticias apuntan a un fallo humano desde el centro de control de Atocha que dio orden de continuar al tren de Renfe. Todo es confusión en los primeros momentos, aunque la prioridad es atender a los afectados. La UME ya está en camino. Es esencial rescatar a los atrapados en los vagones, levantarlos para ver si quedan personas debajo. Aunque pueda parecer un caos absoluto, llegan noticias de calma, sí, sí, de tranquilidad, completamente necesaria para asistir a los damnificados.
En los próximos días, lo sabemos, llegarán las acusaciones, los señalamientos, los reproches. A esta España nuestra le duran muy poco los momentos de respeto y de empatía. Hay algo ahí dentro que impide el sosiego y la prudencia, el trabajo coherente y exhaustivo de las investigaciones. No, no se espera a los análisis de los expertos, de los que saben. Las culpas se reparten a diestro y siniestro; no importa si los muertos siguen en las morgues, si se han identificado a todos ellos, si los familiares siguen inmersos en el dolor. Siempre hay malnacidos que aprovechan cualquier situación, aunque esta sea la muerte de conciudadanos, para salivar odio, para lanzar las huestes de cabrones para sacar rédito político.
Todos los partidos políticos han suspendido los actos de precampaña; inclusive Junts, que el miércoles había convocado una rueda de prensa. Dirigentes de todas las fuerzas políticas redactan notas de apoyo a los familiares de las víctimas, situando como prioridad el trabajo de los equipos de rescate y de auxilio. Hasta se ha suspendido la jornada de Copa del Rey de fútbol prevista para el miércoles. Todo es poco para mostrar la solidaridad con los afectados. Todos y todas tenemos maneras de hacerlo. Todos menos Vox. Todos menos esas hordas de seres despreciables que han salido en tromba a señalar al presidente del gobierno. No han esperado a nada más. No han visto un accidente, sino la mano negra de Pedro Sánchez, el asesino confeso. “La campaña del amor del PSOE produce muertos”, ha vomitado Santiago Abascal. ¿Se puede ser más mezquino? Hay que ser muy miserable para aprovechar muerte de personas para hacer campaña. Y qué pedazo de mierda hay que ser para defender la gestión de un sinvergüenza que se ríe en redes y en televisión de tragedias que han costado vidas. Solo veinte minutos después de la noticia del accidente esta escoria se ha lanzado a usar a los muertos y víctimas como herramienta. Solo veinte minutos después. Y ese mismo día, aprovechará para sembrar mierda en tus mítines mientras hay al menos 100 familias destrozadas. Siempre que hay una tragedia aparecen los buitres, los cuervos, las hienas, las moscas y los gusanos.
El asco que me produce esta actuación de la extrema derecha es casi imposible de narrar. Quizás no debería sorprenderme, vistas las declaraciones de sus dirigentes recreándose y aplaudiendo el asesinato de miles de niños y niñas y de personas inocentes en Palestina, cayéndoseles la baba al conocer humillaciones a seres humanos en cualquier parte del mundo, sean estos de una determinada etnia. Llevan tiempo señalando y despreciando a los que sufren, a los que solo intentan sobrevivir; también señalando la labor de organizaciones que acuden al auxilio de los más desfavorecidos. Allí donde gobiernan con el PP, ya han suprimido ayudas a Cáritas, por ejemplo. Una mísera comida caliente ya no va a poder ofrecerse al pobre que no tiene dónde ir.
La bajeza humana de los dirigentes de Vox, también de sus votantes, es tan cruel que debiera hacernos pensar qué pueden aportar a nuestras sociedades. Que aprovechen la desgracia de un accidente para soslayar la democracia, para atacar deliberadamente a los que gobiernan legítimamente, sin ningún respeto a los fallecidos y a sus familiares, traspasa ya todas las líneas rojas.
Los humanos tenemos unas características muy concretas con respecto al padecimiento. Los valores del respeto y de la empatía son comunes también al resto de los animales. Lo vemos a diario en multitud de documentales. Incluso de especies diferentes que se ayudan entre sí. Lo de Vox y sus gentes, deseosos de ver la sangre, también de los animales, derramarse en los ruedos o en las cacerías, incitando también a la de humanos, tiene que tener una respuesta contundente. Estos asesinos no pueden seguir dando lecciones de bajeza moral, de perversidad y de depravación. No basta con criticarlos; no basta con artículos como el mío. Mientras no seamos capaces de apartar a estos energúmenos infames de las instituciones, de la vida social, de las entidades, nos arrastrarán sin que nos demos cuenta a ese mundo inhumano donde todo vale para alcanzar el poder. El mismo Francino se pregunta, como tanta gente, como yo mismo, por qué están lanzando mierda.
El desprecio que Vox ha mostrado por sus conciudadanos víctimas del accidente de trenes de esta semana es un aviso de por dónde van a ir sus actuaciones si llegan a gobernar. La miseria humana de sus dirigentes no va a tener límites más allá de sus propios objetivos. Si ya son capaces de seguir con su calendario sin importarles los fallecidos, podemos imaginar a qué más pueden atreverse. Monstruos como Marcos Llorente y Dani Carvajal tienen que ser despreciados por todos los que creemos en el respeto, el que merecen las víctimas y las familias. Exigir responsabilidades es legítimo, pero primero hay que esclarecer lo sucedido. Es lo que haría cualquier persona con un mínimo de decencia. Señalar culpables antes de conocer los hechos demuestra una maldad enfermiza, demuestra el tipo de gente que son. Acabando este artículo, veo que el PP ha seguido los pasos de su partido hermano. Tampoco ha esperado a que sacaran todos los cuerpos que puedan quedar entre el amasijo de hierros. Ese “ya está bien” compartido en redes muestra tambien su falta de respeto, su ignominiosa carrera hacia el mal.
Parémonos a pensar por un momento en las consecuencias de todo lo que explico. Cuando se pierde el sentido de lo humano, se pierde todo. Cuando Vox y su manada de ignorantes se mofan del sufrimiento de cualquiera de nosotros, sea o no un accidente, deberíamos analizar no solo el porqué, sino cómo hemos llegado hasta aquí. Aunque, quizás, lo más importante sea, en estos momentos, pararlos, impedir que sigan amenazándonos. En definitiva, luchar contra el mal que nos quieren imponer. O eso, o el caos. La reflexión es indispensable; la acción, obligada. No caigamos en la banalización del mal. Es lo que quieren.
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