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Mariano de Paco: un cínico en la corte madrileña

Poco se ha hablado de las palabras del consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid en relación a la utilidad del calor como fuente de inspiración. Bueno, de hecho, sí que se hizo durante unos días, más en redes que en otros sitios, como ya es habitual. Parece ser que el susodicho había estudiado en Murcia y, como él bien dijo, “allí, cuando hace calor, hace calor”. ¡Madre mía, qué listo el tío! No nos habíamos dado cuenta de esa circunstancia, porque parece ser que, por ejemplo, en Sabadell, cuando hace calor, no hace calor, al contrario de lo que pasa en Murcia. Es muy interesante esa afirmación, porque puede mostrar que en algún sitio donde haga calor, realmente no haga calor. Entonces, ¿qué exactamente? Tendré que buscar un filósofo que me lo aclare.

El caso es que nos ha dado la solución para sobrellevar los calores en la escuela, que de eso se quejaba la oposición madrileña: pantalón corto y camiseta de manga corta. Y, claro, todo esto lo ha dicho con una sonrisa socarrona y cínica, rodeado de parlamentarios afines que le han reído la gracia. Pero esto no acaba aquí. Para rematar el esperpento, ha dicho: “¿Saben lo que ocurre? ¿Saben lo que ocurre? ¿Saben lo que ocurre? Que ustedes se ponen habitualmente al lado de países en los que la libertad de vestimenta no existe. Y eso no se podría hacer. Eso no se podría hacer”.

No sé dónde leí una vez que las personas que repiten varias veces lo mismo en una argumentación es que no saben por dónde tirar, que se ven atrapadas, que reconocen lo que les dice la persona que tienen delante, pero que, por lo que sea, lo niegan y eso hace que tiemblen, metafóricamente, con la repetición de ciertas frases, como unas coletillas, como lo que hacemos cuando no sabemos qué decir, para ganar tiempo, en definitiva. A todo esto, se le une esa sorna y esa desfachatez de burlarse, no ya de los parlamentarios que le acusan de no hacer nada para mitigar el calor en las aulas madrileñas, sino de todos los que esperan que se solucione de alguna manera el asunto: padres, profesorado, alumnado…

Todo podría quedar en una anécdota, en un pequeño circo donde el payaso quiere ser el protagonista, pero el drama de todo este asunto es que quien ha lanzado esos exabruptos disfruta de aire acondicionado en su despacho, bueno, y en todas las dependencias de la Consejería de Cultura, y en todas las sedes de los organismos dependientes de la Comunidad de Madrid. Me atrevo a asegurar que, a este individuo, quédense con el nombre, Mariano de Paco, lo recoge un chófer en el coche en su domicilio, convenientemente climatizado. Sale del portal y en dos segundos entra en el coche, como pueden suponer, también con una temperatura ideal. Llega a su despacho, baja del coche y, en otros dos segundos, ya traspasa la línea de ese placer del aire acondicionado.

'Alarido gitano', de Vicente Medina
‘Alarido gitano’, de Vicente Medina

No entiendo demasiado bien que nos quiera transmitir que la inspiración llega precisamente con el calor cuando a él no le llega ni el calor ni la inspiración, ni por asomo. Otra disyuntiva para el filósofo que estoy buscando. Si la receta para la inspiración es el calor, ¿por qué Mariano de Paco huye de él? ¿Acaso no necesita inspiración para aplicar el programa más reaccionario en el que se incluye una pasta a los festejos taurinos? ¿Ya le viene dada por genética? ¿Rehúye la inspiración porque es cosa de rojos?

Pero es que Mariano de Paco, en ese alarde de cinismo que le caracteriza, alude al escritor murciano Vicente Medina como ejemplo de inspiración gracias al calor también murciano. Podría haber leído algo más sobre este personaje, pero, como digo, o soltó lo primero que se le pasó por la imaginación o no le informaron bien. Vicente Medina, con una gran producción literaria, compartió ideales republicanos y de política social muy avanzados para la época. Hablamos de finales del siglo XIX y principios del XX. Intervino en la campaña del Frente Popular haciendo defensa de unos principios sociopolíticos claramente idealistas: cultura para el pueblo, acercamiento de los pobres a los bienes de la enseñanza, educación para todos: «enseñar, leer, dar libros, y después hablar de política”, se explica en su biografía. Uno de sus últimos poemas, “Alarido gitano”, lo dedicó a la muerte de García Lorca, que publicó en un homenaje en Montevideo, ya en 1937, y donde había huido al recibir amenazas de muerte por su apoyo al Frente Popular.

Su muerte se produjo, tras una etapa de alta medicación, inconsciencia y deterioro paulatino, en Rosario el 17 de agosto de 1937. La prensa murciana de aquellos meses tardó en dar la noticia, ya que hasta el 7 de octubre no se harían eco los periódicos murcianos de la muerte del poeta.

Pongo sobre la mesa esta biografía porque es evidente que la personalidad de Vicente Medina a está años luz de la de Mariano de Paco. El primero, comprometido con la cultura; el segundo, un bufón oportunista que se ríe hasta de su madre. Estoy convencido de que la inspiración a la que hace referencia el consejero no le vino a Medina del calor murciano, sino de lo que había visto en el campo, de la modestia de su familia, que se relacionaba con las letras y con la cultura de una manera muy peculiar. Valores, empatía, señor de Paco; algo de lo que usted carece, algo que usted nunca tendrá.

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