A pesar de saber que ha recibido usted decenas de cartas durante estas últimas semanas, no puedo quedarme de brazos cruzados ante las declaraciones que hizo el día 25 de abril. Sé que se ha disculpado, pero yo no acepto esa intentona burlona de querer quedar bien ante tanta soberbia y mala educación. Porque aunque sea usted licenciada y presidenta del Círculo de Empresarios, eso no le da derecho a lanzar improperios contra los que, según dice, están menos cualificados. Seguramente usted siempre ha estado entre algodones, cuidada por una familia que nunca tuvo ninguna dificultad para llegar a final de mes y mucho menos vio a alguno de los suyos fregar escaleras o lanzarse a la prostitución para ganarse el sustento. Seguramente los que le fregaban y le lavaban las sábanas de terciopelo sí que tuvieron que pasar por algunas de esas vicisitudes.
No le acepto las disculpas porque sencillamente dijo lo que pensaba, que en este país nuestro donde vivimos es muy lícito. Así pues, no se esfuerce en decir lo que no siente porque todavía se le ve más el plumero. Sepa usted, porque lo sabe, que los que trabajamos en las aulas con adolescentes no cualificados, como usted les llama, y con serias dificultades de aprendizaje, estamos muy hartos de ver como se recortan todas las ayudas para intentar suavizar esas carencias. No solo eso; se suben las matrículas a la formación profesional, se suprimen ayudas a la formación de los trabajadores, se prescinde de ciertos ciclos y, en definitiva, no me consta que ni el gobierno, ni la patronal a la que usted tanto alaba, ponga las bases para un empleo estable. Muy al contrario, usted aboga por rebajar el salario mínimo para que los que no llegan le mendiguen algo a usted por la calle y con sus migajas pueda lavar su conciencia.
Perdóneme, pero es de una mezquindad abrumadora que llame parásitos a aquellos que, según su portentosa inteligencia, viven de la prestación por desempleo en vez de trabajar. ¿Sabe usted que hay parados de larga duración que ya no cobran? ¿Sabe usted que hay prestaciones de menos de 400 euros? ¿Alguna vez intentó sobrevivir con esa cantidad un solo mes? ¿Sabe que casi dos millones de familias tienen a todos sus miembros sin trabajar y sin cobrar? ¿Conoce la realidad de muchos jóvenes que trabajan a media jornada por 300 euros sobreviviendo con padres o abuelos?
No tiene usted vergüenza. Si tuviera un poco de decencia, como mínimo podría callarse, y seguir viviendo en su país de las maravillas. Sus opiniones tienen la lógica de los que siempre han pensado que los pobres lo son por naturaleza, igual que los ricos, por lo que no hay que gastar ni dinero público ni esfuerzos en lo que acabará siendo la escoria y la inmundicia de la sociedad. Lo de la igualdad social a usted le debe sonar a chino y por eso pasa de largo, sabiendo que existe pero no dedicándole ni un mísero momento, convirtiéndose en un claro ejemplo de insolidaridad, torpeza, cinismo y desfachatez.
Señora de Oriol, su crueldad se le volverá en su contra, no lo dude. En estos momentos, donde el paro, los desahucios, la corrupción, la pérdida de los derechos más esenciales para los hombres y las mujeres de este país, representan uno de los mayores ataques en democracia, decir lo que usted ha dicho, con esa soberbia y esa prepotencia dignas de un mandatario y de un dictador de otros tiempos, tendrá sus consecuencias. Espero no encontrarla nunca por la calle. Los humanos tenemos a veces reacciones imprevisibles. Pero no tema, no seré yo quien le eche la mano al cuello o la insulte, o le tire un zapato o un par de huevos, que es lo que se merecería. No, no es mi estilo. Prefiero advertirle que esa lengua viperina con la que ha encendido una mecha más, puede estallarle en su propia cara. De nada sirven ya la teatralidad y la puesta en escena de sus disculpas. Ya ha sido incluida en esa lista de ‘personajillos’ que se creen en el derecho de proponer medidas que hunden más en la miseria a los demás, a costa de seguir ellos viviendo como reyes, perpetuando la pobreza, haciéndola más implacable.
Deseo con todas mis ganas que alguna vez se vea en cualquiera de las situaciones que usted desdeña, que alguno de sus hijos se convierta en uno de esos parásitos que usted critica y que viva en sus propias carnes la vergüenza de ser pobre sin quererlo ni beberlo. Anhelo que así sea por el bien de usted misma, porque no hay mejor manera de enterarse de algo que adentrándose en el mundo que se desconoce y usted ha demostrado no tener ni puta idea (perdone, pero ahora que hasta los aparentemente más educados parlamentarios utilizan esta palabra, me permito hacerlo yo también) de la situación en la que nos encontramos la mayoría.
No siga por ese camino, o haga usted lo que quiera, señora de Oriol. Las palabras no se las lleva el viento, como nos quieren hacer creer. Hay palabras, como las que usted pronunció, que calan hondo, que originan una lesión sangrante de por vida y que pueden producir mucho rencor o quedar latente mucho tiempo. La herida puede abrirse o cerrarse según las circunstancias. Tenga cuidado.
