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Opinión de Josep Asensio: ‘De la réplica a la amenaza: de la Grecia clásica al siglo XXI’

No creo en las casualidades y sí en las causalidades. A fuerza de encontrar decenas de pequeñas coincidencias a lo largo de mi vida, he llegado a la conclusión de que nada ocurre al azar. Siempre existen contingencias que nos remiten a otras, y éstas a otras tantas que acaban de cerrar el círculo de la causalidad. Un amigo que conoce a otro que, además trabaja contigo; una ciudad que se visita y “da la casualidad” que tiene vínculos con alguna amistad; un pariente lejano que “casualmente” también es familiar de otro amigo lejano… Y así cantidad de ejemplos que pueden ilustrar eso que algunos llaman unidad espiritual, vamos, que de alguna manera todos tenemos vínculos con todos.

La semana pasada “por casualidad” me encontré con un ex alumno que me comentó sus últimos proyectos. Hacía varios años que no le veía y por lo tanto la conversación fue larga. Había estudiado Humanidades y sentía verdadera pasión por la Grecia clásica hasta el punto de que su tesis doctoral la titulaba De la réplica a la amenaza: de la Grecia clásica al siglo XXI. Era consciente de que tenía un trabajo arduo y complicado pues se trataba de hacer una profunda investigación sobre la evolución del turno de réplica a lo largo de más de 2.000 años. Me sorprendió la base cultural de este chaval que había pasado más o menos desapercibido en el bachillerato. En su discurso, me recalcó que el ágora griego era la representación de la democracia directa, donde el turno de réplica era plenamente definido y circunscrito al tema que se convenía. La cultura no era un requisito imprescindible para poder participar en aquellos debates en los que podía haber perfectamente más de 10.000 personas, pero sí la educación y la mesura. Durante la Edad Media, el sistema evolucionó negativamente hacia postulados más dictatoriales donde el solo hecho de la sospecha acarreaba la muerte, sin que el condenado pudiera decir ni una sola palabra.

Llama la atención su extensa formación en lo que respecta al periodo comprendido entre la mitad del siglo XX y la actualidad. La llegada de la democracia a las sociedades europeas significa también el asentamiento de unas élites políticas manipuladoras y chupópteras, permítanme el término, que utilizan sus asientos para rechazar las evidencias, para descalificar al adversario en una especie de partido en donde todo vale. La evolución ha sido y sigue siendo tan desastrosa que, por ejemplo, en los debates políticos, el turno de réplica es utilizado para burlarse del adversario, pero sin responder a una sola de las preguntas o razonamientos del rival. Aquí entran todo tipo de axiomas y de aforismos que tienen como objetivo final desorientar y confundir al que está escuchando o leyendo para que no sea capaz de adivinar la verdad.

Colaborades del televiso 'Sálvame'.
Colaborades del televiso ‘Sálvame’.

Mi ex alumno tiene un sinfín de documentos que atestiguan las falacias y falsedades de los turnos de réplica, de las peticiones de palabras por alusiones. Incluso ha empezado a investigar la parte psicológica de las personas que malévolamente dedican sus réplicas a atacar a su presunto enemigo no ya con mentiras diversas sino con calumnias. Ha encontrado perfiles paranoicos dignos de estudio por parte de psiquiatras, pero ha tenido que abandonar este filón para centrarse en su tesis.

Ni que decir tiene que políticos y tertulianos forman parte de ese yacimiento de incompetentes e inútiles que dedican su vida a destrozar la de otros para, en definitiva, tapar sus vergüenzas y evidencias. Le preocupa a mi ex alumno la deriva calumniadora que las réplicas han adoptado en los últimos tiempos. Programas como Sálvame evidencian la falta de moral y de ética de personas que cobran por mentir y de las que se sientan en el sillón para ser humilladas a cambio de una gran suma de dinero. Perdidos los valores, este circo da pingües beneficios a unos pocos a costa de la incultura de muchos.

Quizás lo más sorprendente de todo el estudio es que cada vez más se utilicen ataques personales para avergonzar y doblegar al contrario. Imaginemos que éste expone unas premisas bien organizadas y con datos fiables, fruto de investigaciones incluso policiales, pero el contrincante huye de la verdad, sin responder a ninguna de las proposiciones, utilizando amenazas, coacciones, intimidaciones y chantajes, osando, con gran bajeza, a lanzar ignominias sobre su vida sexual o su trayectoria profesional, con la idea calumniadora de “difama que algo queda”. En Sálvame, por ejemplo, se suceden a diario expresiones como “te voy a demandar”, “voy a decir cosas de ti que yo sé y que me callo por respeto”, “a mí no me das lecciones de nada”, “te pongo una querella”, “sé con quién te acostaste anoche” y otras lindezas que dicen muy poco de los que las pronuncian y que los retratan con contundencia.

Mi exalumno llega a la conclusión de que hemos vuelto a la Prehistoria, de que el diálogo es una quimera que, por su puesto, habría que recuperar. Para acabar me expone dos casos; uno el de Yanis Varoufakis y su paso por Barcelona que supuestamente costó al erario público 2.000 euros. Su réplica no necesitó palabras, puesto que mostró la factura y acalló a los embusteros. Otro, el de decenas de políticos corruptos, defendidos por aduladores estómagos agradecidos que tienen que tragarse sus sapos ante la evidencia de las conclusiones judiciales. Hay otro turno de réplica que es el silencio; ése es más parecido a aquel famoso refrán “A palabras necias, oídos sordos”, pero eso en Sálvame no sería rentable.

Foto portada: la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, con Yanis Varoufakis, en su visita a la capital catalana.

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