Hace un par de meses, representantes de diversas comunidades de propietarios se reunían para debatir sobre un tema del que se ha pasado página de una manera vergonzosa. Estas fincas accedieron a rehabilitar sus edificios porque, a pesar de no haber un presupuesto definido, confiaron en las palabras y en las cartas que Manuel Bustos les había enviado. Durante años, la Generalitat de Catalunya había concedido unas importantes y cuantiosas subvenciones para rehabilitación fachadas, cubiertas y otros elementos comunes que animaron a muchas de estas comunidades a solicitarlas y consecuentemente a desembolsar una sustanciosa cantidad de dinero, sabiendo que iban a recibir un par de años más tarde una parte que oscilaba entre el 20 y el 60 por ciento. A destacar que era imprescindible pasar una inspección técnica por lo que algunos edificios se vieron obligados a acometer obras que no tenían previstas, lo que hizo aumentar considerablemente los presupuestos iniciales.
Así pues, a pesar del aviso de la Generalitat de que estas subvenciones acababan en el 2009, Manuel Bustos en persona y mediante una carta firmada por él mismo, animaba a los ciudadanos a lanzarse a este órdago porque, según él, no había ningún peligro y los presupuestos de la Generalitat contemplarían nuevas ayudas. Aunque había, cómo no, muchas suspicacias, casi 40 comunidades de propietarios se atrevieron a iniciar y a finalizar las obras durante los años 2010, 2011 y 2012 creyendo en la promesa de Manuel Bustos. Nadie les dijo que Sabadell hizo oídos sordos a las advertencias del gobierno catalán de que no habría más subvenciones y que todos las demás ciudades y pueblos de Catalunya cumplieron escrupulosamente las indicaciones de la Generalitat.
Eran épocas donde Manuel Bustos tenía un prestigio. Ya se habían iniciado seguramente las escuchas telefónicas que le llevaron a su imputación en 2012, junto con su hermano y varios concejales. Ya se empezaba a oler mal en toda su gestión, pero muchos vecinos, ajenos a la realidad, decidieron confiar una vez más en sus promesas.
Después de un silencio de cuatro años, se descubre el percal: humo, humo y más humo, como tantos proyectos y promesas en el mandato del PSC de Sabadell capitaneado por Manuel Bustos. Las personas afectadas, de condición mayoritariamente humilde, han visto como sus temores se han cumplido y el engaño se ha hecho visible. ¿Dónde reclamar ahora? ¿A un Manuel Bustos condenado y escondido en su guarida? ¿A su sucesor Juan Carlos Sánchez que ni pincha ni corta? ¿Al candidato socialista Josep Ayuso orgulloso de la gestión de su mentor, pero incapaz de ofrecer una mínima solución?
Parece ser que estas comunidades, integradas por personas de barrios trabajadores, de Can Rull, de la Concordia, de Can Deu y del centro, empiezan a moverse. A pesar del fraude no quieren tirar la toalla y están dispuestos a hacer lo que haga falta para recuperar el dinero y la dignidad que Manuel Bustos les pisoteó. No olvidemos que en el caso de los edificios que decidieron instalar el ascensor, la subvención prevista llegaba al 60 por ciento y los vecinos adelantaron la cantidad esperando que ésta llegara. Bustos les alentó, les empujó a la decisión que seguro mejoraría sus vidas, pero prometió una ayuda que él sabía que no llegaría nunca. Es más, en las últimas semanas, el Ayuntamiento ha empezado a pedir el dinero que adelantó Vimusa con la excusa de que las comunidades no presentaron todos los papeles, lo que es falso completamente. Éstas cumplieron todos los requisitos y quedaron a expensas de recibir la subvención y fue el propio Ayuntamiento el que ni previó lo dicho anteriormente, ni estableció un plazo para devolver las cantidades, ni advirtió a las comunidades de la posibilidad de devolverlas si las ayudas se denegaban. Al contrario, las incitó a hacer una disposición patrimonial que, si hubieran conocido las circunstancias exactas, muy probablemente no la hubieran hecho.
En este caso, como en otros, el Ayuntamiento, en vez de ayudar, pide el dinero como cualquier mafioso que sabe que los ha engañado. Como en tantas ocasiones, el ciudadano de a pie pagará los platos rotos de la nefasta gestión de Bustos y de sus concejales acólitos. El lastre que nos ha dejado durará varios años, pero estos ciudadanos no tienen sed de venganza ni mucho menos. Tampoco piensan quedarse impasiblemente a ver qué pasará. Su indignación es evidente y ya sabemos que ésta se canalizará mediante las urnas y abogados. Así debe ser, con el orgullo y la dignidad que nunca tuvo Manuel Bustos. Ayuso, el doble exacto de Bustos, calla y sigue la senda de su sucesor. La reacción debería ser contundente.
