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Opinión de Josep Asensio: ‘¡Ya llega el mundo analógico!’

Este simpático encabezamiento me sorprendió en el interior de una postal de Navidad hace unas semanas. Si ya de por sí choca enormemente recibir este tipo de felicitaciones, más lo era el percatarme de que la persona que me lo enviaba pretendía en cierta manera comunicarme que no estaba dispuesta a perder uno de los vínculos que nos unían. Aún hoy releo con nostalgia esas líneas en las que me desean Felices Fiestas y un mejor 2017. A pesar de tratarse de frases tipo, las palabras abrazo’, ‘amigos’, ‘familiares’ y otras de índole amistoso suenan diferente a las que recibo por WhatsApp.

Solo dos personas continúan felicitándome las fiestas con la tradicional postal. Hace tan solo una década eran más de 40 las que llegaban a casa y participaban de la obligada alegría navideña, de manera que se leían en voz alta para pasar después a colocarse en la parte inferior del árbol engalanado. Recuerdo que una gran parte tenían el mensaje de Unicef o de aquellos artistas que pintaban con la boca o con los pies; pero lo que más me llamaba la atención era la diversidad de letras. La estructura del deseo era muy parecido, casi calcado, aunque algunas personas intentaban sintetizar en unas líneas un año de sus vidas, en las que el contacto había sido nulo. Informaban de nacimientos, de fallecimientos, de bodas o de nuevos empleos, acabando con el esperado anhelo de felicidad para el año que estaba a punto de empezar.

El WhatsApp ha roto toda la magia. Ha invadido nuestras vidas para otorgarnos una velocidad que quizás no buscábamos pero que ahí está, recordándonos una y otra vez que el sosiego y la calma ya no forman parte de este siglo XXI. De hecho, se ha perdido la humanidad, el acercamiento íntimo a la persona o personas a las cuales les queremos ofrecer ese deseo de felicidad. Basta con elegir una foto, escribir una pequeña frase y enviarla a todos los contactos de manera fría e impersonal. La mayoría de ellos responderán de igual manera, con un vídeo o una imagen captada de Internet. Hasta el año que viene.

Mensaje en cadena de Whatsapp para felicitar la navidad
Mensaje en cadena de Whatsapp para felicitar la navidad

Está bastante claro que la sociedad ha hecho una evolución sorprendente y casi vertiginosa en las últimas décadas, especialmente en el área de las comunicaciones. Los servicios de mensajería son instantáneos y hay que alegrarse de ello. No obstante, valoro especialmente aquellas personas que, como mis dos emisores de postales navideñas, reivindican no un retorno al pasado, sino un aprecio a aquellas facetas de nuestras vidas que desarrollan las cualidades humanas. Ninguna de estas dos tiene WhatsApp por lo que estoy obligado a coger el teléfono para desearles lo mejor, para compartir mis voluntades o para saber de sus vidas. Y esto, en los tiempos que corren, posee un mérito indiscutible. Evidentemente podría ignorarlos, no responder a sus demandas de felicidad y consecuentemente apartarlos de mi lista de amistades. No veas el palo que da tener que comprar dos postales, escribirlas, comprar un sello (¿todavía existen?) y buscar un buzón. Eso es lo que pensarían algunos. Yo no. No son proscritos, ni mucho menos. En este mundo tan variado en el que incluso apostamos por esa diversidad de todo tipo, familiar, sexual o religiosa, tengo la obligación de respetar a aquellos que por cualquier motivo prefieren comunicar de manera directa con sus conocidos.

Otro mensaje navideño de la red de mensajería
Otro mensaje navideño de la red de mensajería

Leo con preocupación que el mayor fabricante de móviles sustituye a 60.000 trabajadores por robots. Se trata de la china Foxconn, proveedora de Apple y Samsung, que ha decidido reemplazar el 55 por ciento de su plantilla en una fábrica con autómatas. Hace un año saltó la polémica ante el anuncio de Finlandia de sustituir la escritura manual por el ordenador. Las voces de pedagogos y psicólogos se alzan a favor de la primera porque según ellos, los niños que escriben a mano producen palabras con más rapidez y el nivel de la caligrafía del alumno tiene relación directa con la actividad neuronal en áreas del cerebro relacionadas con la memoria.

En el fondo lo que está en juego es una visión del mundo más humanista o más científica. Desgraciadamente se empieza a pensar que todo lo que ya tiene unos meses o unos años debe desaparecer porque tienen que dar paso a otras modas. El mundo acelerado, una cosa detrás de otra, sin pararnos a pensar en las utilidades, los objetivos y las ventajas de aquello que hacemos.

Por eso es tan importante el simple acto de mis dos amigos. Si sustituimos la comunicación entre los humanos a un mero mensaje, si olvidamos la comunicación no verbal, la tonalidad y el registro de nuestras palabras, ¿qué nos queda?

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