Estimada (por ser educado, nada más) Mercedes:
He estado dándole vueltas a la cabeza y dudando mucho en el sentido si debía o no escribir estas líneas que seguramente nunca leerás. Me parecía una pérdida de tiempo sentarme delante del teclado y mostrar mi opinión sobre tus presuntas cualidades y tus maneras de tratar a personas que no merecen estar delante de ti. Pero bueno, aquí estoy finalmente para decirte que me has decepcionado de nuevo. Siempre te he visto como una prepotente, de aquellas personas a las que se les permite todo porque están por encima del bien y del mal y que utilizan el insulto en cuanto se ven atrapadas por buenos argumentos. No me fío yo demasiado de una persona cuya biografía es encabezada por la palabra “aristócrata”. Yo te definiría como una niña pija, una niña de papá que siempre ha hecho lo que le viene en gana y que ha aprovechado su inteligencia (que la tienes) para salir de la norma, para ser la típica progre que se cree en posesión de la verdad y que desprecia a cualquier ser humano que no acepte tus premisas.
No niego que tus principios fueron exitosos. Tus famosas entrevistas no pueden dejar indiferente a nadie y yo destaco las que hiciste a Camilo José Cela y a Francisco Umbral, porque en esos momentos te encontrabas plenamente en tu salsa, en medio de dos irreverentes de cultura demostrada y a la que tú no les llegabas ni a la altura de sus zapatos, aunque lo pretendieras. Tuviste suerte de encontrarte por el camino a Luís del Olmo, Isabel Tenaille y a Iñaki Gabilondo que yo pienso que te sobredimensionaron en exceso o vete tú a saber si los lazos paternos tuvieron que ver en tu ascenso fulminante en la televisión de los inicios de la democracia. Como gran comunicadora que eres supiste adaptarte a un medio que te lo dio todo, la fama y el dinero y pudiste seguir con tu fantasía de niña mala y traviesa.
No me sorprendió nada tu llegada a Mediaset, pues te iba como anillo al dedo, dadas tus continuas salidas de tono y tus alardes, como aquél en el que confesabas que te meabas en la ducha. Quizás era una revancha al ya desaparecido Cela que te dejó helada cuando te explicó con pelos y señales cómo absorber agua por vía anal. Aquello te traumatizó tanto que tenías que buscar una contrapartida urinaria… las malas y las buenas lenguas dijeron en su momento que necesitabas el dinero como agua de mayo y que en Telecinco se te llenaba la cuenta como nunca te había pasado. Te importaba un rábano esa penosa intromisión en la vida privada de las personas mientras tus emolumentos aumentaran descaradamente y ponías cara de niña buena ante cualquier desgraciado incidente. Ahí quedó patente tu otra profesión: actriz. Porque es evidente que una de tus características innatas es protagonizar el papel que sea necesario en cada momento. Si hay que insultar, se insulta y si hay que enseñar las bragas, pues eso. Si te decían que bajaba la audiencia, pues bastaba con sacar la mala leche que siempre tuviste, utilizar un par o tres de palabrotas y ya está la Milá en las portadas de toda la prensa.

Me duele mucho lo que le hiciste al bioquímico José Miguel Mulet. Pero aún me duele más que, obligada a pedir perdón, hayas declarado después que llamaste “gordo a un gordo”. Hay momentos en los que dudo si ésa eras tú realmente o formaba parte de un plan establecido para subir la audiencia de un Risto Mejide en clara decadencia. Su silencio y sus aspavientos denotaban una aquiescencia significativa, pero me inclino más por la teoría de que sacaste tu verdadera personalidad autoritaria y despótica. Mulet no se merecía ese trato vejatorio pero ante la evidencia de falta de argumentos no fuiste nada humilde y volvió a salir tu rabia, al encontrarte ante una persona más preparada que tú.
Ya sabemos cuál es el juego de Mediaset y del que tú formas parte. Los gritos, los insultos, las incontinencias verbales de todo tipo, la humillación en grado sumo, el desprecio, la afrenta, la chulería y el pisoteo pertenecen a la genética de la mayoría de los personajes que aceptan un buen sueldo sin importarles para nada los sentimientos del que tienen delante. Nos lo estás poniendo muy difícil, Mercedes, a los educadores que tratamos cada día con adolescentes que buscan iconos de cualquier tipo.
Yo estoy por pasarles algunas de tus lastimosas intervenciones para que se aperciban de lo que nunca tienen que hacer. Acto seguido, pasarles algunos vídeos de tu hermano Lorenzo para que comparen y vean que hay otros caminos mucho más correctos.
Espero no encontrarme nunca contigo, no sea que me llames gordo y tenga que responderte a mi manera.
