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Opinión: ‘El poder alienante del fútbol’

Parece increíble que una pelota, balón, esférico o como quiera llamarse, sea capaz de movilizar a tanta gente, hasta el punto de hacer olvidar los problemas económicos que nos acucian. La imagen de Rajoy, menospreciando el rescate, ignorando el desasosiego de los ciudadanos y corriendo a sentarse en el palco de autoridades para ver a “La Roja”, me produce una indignación mayúscula.

De hecho es cierto que poco o nada ha cambiado el tema con respecto a la época franquista, en la que era el fútbol el que aglutinaba a los españolitos de a pie faltos de democracia, y lograba disipar las dudas de todo tipo que por aquel entonces asaltaban a nuestro país. Franco, dictador astuto ávido de poder, sabía, por él mismo o por sus asesores, que el deporte rey absorbía las mentes de muchísimas personas y conseguía un efecto laxante inconmensurable que permitía un mayor control de la situación. Las malas lenguas señalan que el Real Madrid se benefició de ese estatus, pero la realidad es que la divisa “ a más problemas, más futbol” dio sus resultados en todos los rincones de España.

Las aficiones preparadas para seguir a La Roja. Fuente: Marca
Las aficiones preparadas para seguir a La Roja. Fuente: Marca

Han pasado ya casi cuatro décadas y vemos, absortos, como, a pesar de que gran parte de los partidos son de pago, seguimos inmersos en la misma vorágine. El fútbol, como agente alienante, posee unos mecanismos indescriptiblemente perversos que hacen que el sujeto caiga rendido a sus pies que, lejos de sobreponerse, sufre un calvario de calambres y de temblores que inevitablemente conducen a la rendición.

La consecuencia inmediata de este drama es que la bajeza humana hace aflorar su autoestima y nos acercamos a los centros comerciales a adquirir un sinfín de productos que luego arrinconaremos: vasos, bufandas, trompetas, llaveros, hasta slips y otros objetos de deseo temporal, todos ellos, claro está, bien decorados con la insignia nacional.

Incluso aquellos que detestan el fútbol, se agolpan ante las pantallas en una acción a todas luces incontrolable y en ocasiones para no ser el bicho raro del grupo. Si bien es verdad que en los tiempos que corren hay que hacer un hueco para la felicidad y la evasión, no debemos olvidar que los poderes que nos dominan están prestos a aprovechar la ocasión para meternos un gol y en fuera de juego.

Rajoy tiembla porque sabe que esto dura poco; y mucho menos si la selección cae eliminada antes de lo esperado. La cortina de humo es eso, humo. Y el humo se disipa rápidamente. Incluso sin desaparecer por completo, permite ver lo que hay detrás. Disfrutemos, si no hay más remedio, de la Eurocopa, pero sin olvidar que hay vida sin fútbol y estando alerta ante la certeza de enmascaramiento de la crisis por parte de políticos ineptos. Es posible que seamos nuevamente campeones, pero seguiremos a la cola en educación, sanidad, lenguas extranjeras, en cultura en general. Pero, ¿eso le interesa a alguien?

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