ARTÍCULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, Presdidente de la FAV.
La violencia machista no es un virus sino de algo peor. Un virus, al tratarse de un agente infeccioso de carácter biológico, tarde o temprano, suelen encontrar una vacuna, pero cuando se trata de determinados comportamientos que tienen su origen en construcciones culturales como es la clasificación de las personas en grupos sociales (en este caso el género: mujer, hombre, trans,…) el antídoto es bastante más complejo porque la existencia de grupos lleva implícito un proceso de comparación entre “nosotros/as” (mi grupo) y “ellos/as” (otros grupos) en el que, “mi grupo”
(por supuesto) es mejor que los “otros grupos” y que a la postre, son categorías que suelen actuar como detonante de estereotipos y discriminaciones y revertir ese esquema es complejo y difícil.
Y es difícil porque con ello se acaba configurando prototipos de personas basado en los estereotipos en el que encuadramos a nuestro grupo y al otro grupo (hombres/mujeres). Los estereotipos de género son numerosos y varían en función del contexto temporal y espacial, pero, unos son positivos (en general relacionados con los hombres) y otros negativos (en general los relacionados con las mujeres fomentados desde la misoginia). Los ejemplos son interminables y de todo tipo: mientras un hombre promiscuo es viril, una mujer es una puta; Eva “engaña” a Adán”; las “brujas” son sinónimo de maldad, Yoko Ono “rompió” a The Beatles;…………..
Y de la mano de los estereotipos viene la discriminación (en este caso por razón de género). Y si no eres igual (no distinta, sino inferior), es lógico que exista discriminación, por lo que no es de extrañar que, los cargos más relevantes de la sociedad generalmente los ocupen hombres o que no se retribuya igual a un hombre que a la mujer por un mismo trabajo, ni que las pensiones sean iguales para unos que para otras, etc. Un proceso de socialización mediante el cual interiorizamos unos valores y estereotipos (mujeres y hombres) que por ser tan evidentes son incuestionables, obviando, entre otras cosas, la contingencia de esas clasificaciones y que la discriminación que una de las cunas del fascismo. Una gran victoria del patriarcado.
El sostén de este modelo social se llama patriarcado: un sistema de dominio institucionalizado que mantiene la subordinación e invisibilización de las mujeres y todo aquello considerado como “femenino” (la mitad de la humanidad), con respecto a los varones y lo “masculino” (la otra mitad), creando así una situación de desigualdad estructural basada en la pertenencia a determinado “sexo biológico”.
Las terribles consecuencias de semejante andamiaje machista son múltiples: feminicidio, violencia vicaria, acoso sexual, violencia de género (psíquica, física, …), económicas, sociales, de estatus, etc. Los datos son aterradores: la OMS señala que el 70% de mujeres en el mundo ha sufrido alguna vez violencia física/sexual o acoso sexual o que más de 140 mujeres son asesinadas diariamente por miembros de su propia familia según la ONU o que 15 millones de niñas entre niñas adolescentes de 15 a 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en todo el mundo según UNICEF. Y por estas tierras, desde se comenzaron a elaborar los registros en 2003, has sido asesinadas 1.108 mujeres y 37 en lo que va de año (2 en investigación), 12 de ellas en Catalunya de las cuales, 2 son en Sabadell.
El 25 de noviembre se celebra el día internacional contra la violencia machista, recordando el asesinato de 3 mujeres (hermanas Mirabal) y como siempre, insistir en que las conmemoraciones cumplen su función, pero que lucha contra cualquier injusticia es diaria y especialmente para erradicar la violencia machista, siendo conscientes de que se trata de un largo y duro camino lleno enormes impedimentos y múltiples detractores porque esta lacra no finalizará mientras perdure el patriarcado y son muchos los intereses creados que defienden su confortable estatus.
