ARTÍCULO DE OPINIÓN
Antonio Roa, miembro del Consell de Cercles de Podem Sabadell y Responsable de Organización y Finanzas del Círculo Decano.
“Terrassa 169-Sabadell 0”. No es el resultado de un partido de hockey sobre hierba, ni de waterpolo, ni siquiera de fútbol. Es la diferencia de plazas públicas entre Terrassa y Sabadell.
Hace poco, todos los grupos políticos se pusieron de acuerdo para hacer de Sabadell la capital de la Cultura Catalana en 2024. Entre esos políticos estaba la hoy consellera de Justicia, Lourdes Ciuró. Pero nuestra ciudad es la primera en otro aspecto mucho más triste: tiene el deshonroso título de ser la única ciudad catalana con más de 200.000 habitantes con menor ratio de plazas de residencia pública: cero plazas por cada 1000 habitantes. El 61 por ciento de las plazas de residencia son privadas y el 39 por ciento restante cuentan con una parte de financiación pública, un porcentaje este último mucho menor que la media de Catalunya, situada en el 56 por ciento.
Alguien puede pensar, ¿qué han hecho los sabadellenses para merecer semejante castigo?
En Barcelona existía en la Edad Media un recorrido llamado “Bòria avall” en el cual los reos eran trasladados, generalmente en burro y con una caperuza, siendo azotados en cada una de las cien esquinas del recorrido por no menos de cien latigazos en cada una de ellas por parte del verdugo. Podemos aventurar cómo llegaba ese desgraciado reo al final de su recorrido.
El tema de las residencias públicas en Sabadell es como ese recorrido de “Bòria avall”. Por más reivindicaciones, acuerdos en el Ayuntamiento, proyectos presupuestados cuyo dinero, por arte de magia, se ha esfumado, siempre acaba con los sabadellenses azotados por las administraciones públicas y muriendo en residencias privadas, porque no hay ni una sola plaza pública.
Para saber el motivo, hemos de remontarnos al año 2006. En ese año, previo a la gran crisis financiera del 2008, se firmó un acuerdo tras años de lucha reivindicativa de la Plataforma por la Residencia Pública entre el Departament de Benestar Social i Familia y el Ayuntamiento de Sabadell. En él, se especificaba que Sabadell contaría con dos nuevas residencias para sus mayores.
Parecía que todo iba viento en popa, cuando se encargó el estudio del proyecto al gabinete de arquitectos Dilmé & Fabré Arquitectes SCP por un importe de más de ocho millones de euros (8.105.069€ para ser exactos). Para 2010 Sabadell debería contar con dos residencias públicas. Sus ciudadanos mayores dejarían de sufrir el mayor desagravio, el de tener que irse a más de 150 kilómetros en busca de una residencia pública, que suele ser lo más cerca que se ofrece a los sabadellenses cuando hay una necesidad de este tipo.
Pero en ese mismo año 2010 empezaría el “Bòria Avall”. La primera parada sería la denegación por parte del entonces conseller de Finances de la Generalitat, Antoni Castells, de la dotación de más de 30 millones (30.783.477€) aprobado por el Govern de la Generalitat el 9 de noviembre de 2010 para la construcción de la Residencia i Centre de Dia Sabadell Parc Central.
2011 sería la segunda parada del “Bòria Avall”. Y es que el reluciente gobierno de Artur Mas (CiU) aprueba, mediante Resolución 252/IX, la licitación de las obras de construcción de la anteriormente citada Residencia Parc Central. En esta resolución se instaba al Govern a “iniciar el proceso de licitación de las obras de construcción de la residencia y centro de día Sabadell Parque Central antes de finalizar el año 2012”.
Lo que ha sucedido después de ese año 2012 ha sido no ya el “Bòria avall”, sino un verdadero viacrucis. Ni uno solo de los alcaldes de Sabadell ha sido capaz de recoger la bandera reivindicativa de aquella Plataforma que en 2006 se atrevió, como si fuera una utopía, a solicitar dos residencias. Ni uno solo, insisto.
¿Será también capaz Marta Farrés de ignorar a los sabadellenses y dejar en papel mojado y en una foto esta justa reivindicación? ¿Levantará la bandera de la dignidad o la esconderá como han hecho sus antecesores? Actualmente no solo faltan dos, sino tres o cuatro, para poder compararnos con los municipios de nuestro alrededor. Pero da igual, nos conformamos con aquellas dos que se aprobaron en aquel convenio del 2006.
Un sabadellense que haya nacido en ese año ahora tendrá 15 años. Esperemos que para cuando tenga 80 no se sienta como actualmente sufren todos los sabadellenses que piden una plaza de residencia pública y de calidad: azotados y esperando a llegar a la siguiente esquina para que le sigan fustigando. Claro que, para eso, los sabadellenses de ahora hemos de hacer nuestra de la reivindicación de las residencias públicas y seguir el camino de quienes empezaron su lucha en 2006. Despreciar el convenio firmado ese año es abandonar la lucha llevada a cabo por la Plataforma formada por valerosos ciudadanos (algunos de ellos, por desgracia, ya no se encuentran entre nosotros) que consiguieron un acuerdo que hoy día es papel mojado. Ni se lo merece su memoria, ni mucho menos los que quedamos aún en pie.
Por eso reivindicamos no un somero “pacto de ciudad” que suena a propaganda barata, sino una decidida apuesta por el cumplimiento de lo que se firmó en la sede más importante de Sabadell: el pacto de 2006. Esperemos que Lourdes Ciuró lo defienda en el Govern de la Generalitat igual que se enorgullece de su origen sabadellense y se una a Marta Farrés de manera clara en este asunto y no solo para ponerse de acuerdo en reparto de cargos y sueldos. Se lo merecen nuestros mayores, esos que con su trabajo han dado su vida para que vivamos nosotros en lo que es nuestra gran ciudad.
