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‘L’estat de la ciutat (XXXI)’: Tribulaciones de un votante de izquierdas el #25N

L’ESTAT DE LA CIUTAT

A veces, el análisis político requiere, más allá de los datos objetivos, de un ejercicio de introspección para entender los procesos mentales que acaban decantando el voto de miles de ciudadanos. Aquí se recurre a este método para aproximarse a las dudas del elevado número de indecisos cuyo comportamiento será determinante en el resultado electoral.

Hoy quiero ir a votar, me repito, mientras desayuno un café con leche y unas tostadas de pan de molde integral untadas con mantequilla y mermelada de fresa. Parece mentira, los colegios electorales ya habrán abierto y aún no sé a quién votar. Estas elecciones son muy importantes y no quiero abstenerme. El voto en blanco siempre me ha parecido una solemne tontería; además, al ser computado como voto válido, acaba favoreciendo a la primera fuerza política, en este caso CiU.

Soy un elector de izquierdas e internacionalista (no nacionalista, ni español, ni catalán) que pertenece a la generación de la transición. He de confesar que, tras ciertos ardores ultraizquierdistas juveniles, me he dedicado -con escasa convicción y en un descarnado ejercicio de voto útil- a conceder mi modesto sufragio en ocasiones al PSC y las más de las veces a ICV-EUiA.

Si estas fueran unas elecciones normales, mi voto estaría decidido y todo lo más estaría dudando entre Iniciativa y la CUP. El desarrollo de la crisis financiera ha revelado el funcionamiento de los mecanismos de dominación del capital financiero, donde reside el poder real, que maneja a su antojo a los gobiernos elegidos democráticamente e impone a los pueblos terribles sacrificios. Ello me ha conducido, como a miles de personas, a radicalizar mis planteamientos en el eje social.

No obstante, tras el giro soberanista de Artur Mas, estos comicios adelantados están sobredeterminados por la cuestión de la independencia, plato fuerte, por no decir único, del menú político. Estas no son unas elecciones cualesquiera, sólo para renovar el Parlament y el Govern, sino que se plantean en clave plebiscitaria con la apuesta programática máxima del movimiento nacionalista en el eje nacional.

Mas a Sabadell #25N
Artur Mas presenta un órgando: una consulta soberanista en 4 años. Autor: J.d.A.

Aquí, justamente, comienzan mis angustiosas tribulaciones. Reconozco que estoy pasado de moda, que soy un marxista trasnochado -me digo mientras me fumo el pitillo de después del desayuno, el primero y uno de los mejores de la jornada-. Aún creo en aquello que de “proletarios de todos los países, uníos” y no en eso de “proletarios de todos los países, separaos” siguiendo a vuestras burguesías.

Ilusiones mesocráticas

Repaso, por enésima vez mis cálculos político-electorales, recurriendo al método cartesiano de la eliminación. De entrada, excluyo a PP y CiU, que representan a la derecha nacionalista, española y catalana, que siempre se han puesto de acuerdo para recortar los derechos laborales y atacar las conquistas sociales de los trabajadores.

Junqueras a Sabadell #25N
El candidato de ERC, Oriol Junqueras, llenó el Auditori. Autor: David B.

Como no soy nacionalista ni independentista también descarto rápidamente a ERC. Un partido que encarna los intereses y aspiraciones de las clases medias para quienes la solución de la crisis no pasa por una transformación radical de las estructuras de poder del sistema capitalista, sino la separación de España como salida “mágica” de la crisis. Una peligrosa ilusión ideológica que expresa el profundo malestar de estas capas sociales duramente castigadas por la crisis y a cuyos cualificados hijos les resulta imposible encontrar trabajo.

¿Federalismo de pega?

Como federalista resultaría lógico que me inclinase por el PSC. Al fin y al cabo, este es lema inscrito en grandes letras en el desangelado cartel electoral de Pere Navarro. Los socialistas españoles y catalanes, cuando estuvieron en el poder en Madrid y Barcelona, protagonizaron el enorme fiasco del Estatut que ha conducido al auge del movimiento soberanista. Ahora, Navarro reclama una reforma de la Constitución para alcanzar un pacto federal donde las naciones del Estado español pudiesen ejercer el derecho a la autodeterminación. Pero no parece que la propuesta levante mucho entusiasmo entre sus compañeros del otro lado del Ebro. Además, nuestra blindada Constitución sólo puede reformarse con el concurso del PP que tampoco está por la labor. Por tanto, lo más coherente con este enfoque sería plantear un proceso constituyente que elaborase una nueva Constitución republicana y federal. Pero Navarro, la “alternativa sensata”, no está para estos trotes regeneracionistas.

Pere Navarro a Sabadell
El candidato socialista, Pere Navarro, en Sabadell. Autor: J.d.A

También, en el eje social tropiezo con grandes obstáculos para votar a los socialistas. Desfilan por mi mente las imágenes de Zapatero, sometido a las presiones de la UE que, contradiciendo todas sus promesas electorales inició las políticas de ajustes y recortes. Mientras estuvieron en el poder rechazaron sistemáticamente las propuestas de la izquierda parlamentaria para reformar una de las leyes hipotecarias más injustas del mundo que ha provocado el desahucio de cientos de miles mientras los bancos acumulan millones de viviendas vacías.

¿Y qué decir del famoso tripartito de izquierdas? Evoco la neoliberal ley de educación impulsada por Ernest Maragall (Tete para los amigos, ahora embarcado en construir un partido socialista y soberanista) que le enfrentó a toda la comunidad educativa. Una ley que apoyada por CiU que jamás se hubiera atrevido a presentar una iniciativa semejante. Por asociación de ideas me vienen a la memoria las imágenes de la represión de los Mossos d’Esquadra dirigidos por Joan Saura contra los estudiantes que combatían el Plan Bolonia… En fin, para qué seguir.

Omisiones y sumisiones

La indefinición de ICV-EUiA en la cuestión central de estas elecciones, me pone muy cuesta arriba otorgarles esta vez mi confianza. Más allá de la defensa abstracta del “derecho a decidir”, la coalición ecosocialista se muestra incapaz de aclarar cuál sería su voto si se convocase un referéndum. Algunos dirigentes se declaran independentistas, otros federalistas; unos votarían sí y otros no en una consulta de tanta importancia. Su participación en la manifestación soberanista de la Diada indica que la dirección ecosocialista apoya el proceso hacia la independencia. En la última sesión de la legislatura, cuando Mas adelantó las elecciones, votaron la moción conjunta para convocar una consulta de estas características en este mandato.

Vaya por delante que comparto la defensa al derecho a decidir. En Catalunya, un sector importante de la ciudadanía quiere independizarse de España y construir un Estado propio. Esto provoca obviamente un conflicto con el Estado español que sería deseable no dirimir a tiros, a la yugoslava, sino a través de métodos democráticos. Existen experiencias en este sentido, como en Quebec o ahora en Escocia. Sin embargo, una cosa es defender la autodeterminación, un asunto de los nacionalistas, y otra muy distinta apoyar, con todos los matices imaginables, el proceso hacia la independencia como está haciendo ICV-EUiA.

La triple confluencia en España de la crisis legitimidad político-institucional del régimen, económica y territorial abre la posibilidad de articular una alianza de clases en el conjunto del Estado para construir una alternativa republicana, federal y socialista, donde las naciones que lo componen podrían asociarse y separarse libremente, que acabe con el régimen de la segunda restauración borbónica. ICV-EUiA parecía reunir las mejores condiciones para impulsar una propuesta de estas características, pero ha sucumbido al seguidismo respecto al nacionalismo burgués y pequeño-burgués de CiU y ERC que se alza ante mí como una barrera insalvable.

La opción CUP

Pensándolo bien, para votar a un nacionalismo de izquierdas descafeinado, que no es ni chicha ni limoná, mejor hacerlo por la CUP abiertamente independentista, con un programa socio-económico radical a la altura de la actual ofensiva capitalista contra las clases asalariadas.

Esta candidatura opera como la extrema izquierda del movimiento nacionalista y se nutre de los sectores más conscientes de la juventud de las clases medias de lengua catalana. Unos sectores que, a través de su compromiso con las luchas populares, como la articulada a través de las Plataformas de Afectados por la Hipoteca (PAH), busca implantarse en los barrios castellanoparlantes.

CUP David Fernández
La CUP ha hecho una intensa campaña para entrar al Parlament. Foto: Pol B.

Si, en la cuestión social coincidido en muchas cosas con ellos, discrepo de sus planteamientos en el eje nacional. En su proyecto, la independencia de Catalunya sería el primer paso para la construcción de un Estado que reuniría los territorios de lengua catalana del País Valencià, Baleares, actualmente feudos electorales del PP, en el cuadro de la desintegración del Estado español, pero que también incluiría la llamada Catalunya nord, bajo soberanía francesa.

En definitiva, no siendo independentista difícilmente podré darles mi apoyo.

El reclamo de Ciutadans

Ya sólo me quedan Ciutadans, pero tampoco puedo votarlos. En primer lugar, porque no soy nacionalista y ellos defienden una suerte de nacionalismo liberal español que respeto pero no comparto. Sus propuestas en el eje nacional, basculan entre la defensa cerrada del orden constitucional a vagas promesas de reformas federalizantes. En segundo lugar, porque no son de izquierdas. Ahora, en el marco de la crisis, emiten un discurso social de música izquierdista dirigido a los barrios, rayano en la demagogia.

Estas consideraciones me conducen a imaginarme los efectos sociales de un proceso de secesión dirigido por CiU en los barrios castellanoparlantes, los más castigados por la crisis, que en el imaginario del catalanismo conservador funcionan como una suerte de quinta columna españolista y realmadridista, pero que constituyen la clase obrera de este país. La independencia, en el sentido identitario del término, los convertiría virtualmente en extranjeros.

Albert Rivera a Sabadell
Rivera se presenta a sus terceras autonómicas. Foto: J.d.A

Desde una perspectiva sociológica, Ciutadans articula la reacción de sectores de las clases medias castellanoparlantes, pues a Catalunya no sólo emigraron trabajadores descualificados, que sienten la hegemonía cultural e ideológica del catalanismo como un obstáculo para su reconocimiento y promoción social. Una propuesta que cuenta con ciertos apoyos entre sectores de los trabajadores de los barrios, tradicionales votantes del PSC ahora desencantados con las ambigüedades de los socialistas en el eje nacional, pero que por motivos ideológicos en el eje social jamás votarán al PP.

Perdido en estas elucubraciones, me he fumado medio paquete. Esperaré a que pase la mañana. Después de comer, haré la siesta y luego tranquilamente me acercaré a mi colegio electoral.

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