ARTICULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, sociólogo
Un contexto como el actual en el que la independencia puede dejar de ser una utopía, invita a valorar si el modelo partidista es útil para el momento que estamos viviendo o necesita de otras formas organizativas aptas para articular un movimiento soberanista-progresista, que agrupe a todos los sectores sociales y políticos (personas, organizaciones, colectivos, etc.) que apuesten por la construcción de un nuevo modelo de estado social (experiencias como las de ANC o el Procès Constituient, son interesantes).
Partimos de la premisa de que cualquier democracia que se precie, requiere que las decisiones sean adoptadas por la mayoría a través de los mecanismos establecidos en cada caso (referéndum, elecciones, parlamentos, etc.). Y de eso es de lo que se trata, de conseguir el pronunciamiento favorable de la mayoría social para la construcción de un estado propio. Una mayoría que necesariamente debe ser transversal o no será, un hecho inapelable que exige estar a la altura de las circunstancias con proyectos coherentes con el objetivo que sugiere un gran pacto.
No es fácil superar los desencuentros existentes entre personas y organizaciones que en el terreno económico, social, político y modelo de estado, defienden distintas alternativas. Pero conviene insistir en que la magnitud de lo que está en juego merece grandes dosis de generosidad y condescendencia por parte de todos.
Puede consensuarse un programa mínimo (tipo Procès Constituent, o más acabado como el de Amaiur), que puede servir de embrión de la futura constitución republicana catalana, en la que cada clase, lobby, partido, etc., presionará para que sus propuestas sean recogidas en el texto y que finalmente, acabará reflejando la correlación de fuerzas existentes en una sociedad, que no olvidemos, es plural y clasista. Y en ese juego democrático, sucederá que el contrato social resultante satisfaga a unos más que a otros, pero eso no es motivo para negar la mayor, ni para que el árbol impida ver el bosque, desechando ese tipo de iniciativa en la encrucijada en la que nos encontramos.
Parece sensato afirmar que entre la esterilidad del “todo o nada” y el pragmatismo claudicante del “lo que sea por la independencia”, existe un abanico de posibilidades que permiten puntos de encuentro si hay una voluntad política, que deje al margen talantes excluyentes, que supere la burocracia, el sectarismo, la arrogancia y los miedos de perder protagonismo en beneficio de la colectividad.
Soy cautelosamente esperanzador con un futuro independiente, porque, aunque no sea ninguna “varita mágica” (no existen) que dé solución inmediata a los gravísimos problemas a los que nos ha conducido el sistema económico, lo que es innegable, es que, en una metamorfosis de esta envergadura (que hace tiempo ha comenzado), las condiciones objetivas y subjetivas son mil veces más favorables que las actuales para dar un giro social a un nuevo estado que ponga hilo a la aguja para evitar todo sufrimiento humano evitable. Un estado que será tanto más social y progresista si comienza a cimentar desde abajo una hoja de ruta partiendo de asambleas locales que impulse una marea imparable y cuya “vis atractiva”, pueda seducir e incorporar a personas con dudas y a sectores indecisos de partidos no independentistas.
Una corriente de tales características, debe ser abierta (Amaiur abrió puertas al PNV, quien declinó su participación), e integrar como mínimo a posiciones socialdemócratas como ERC, pasando por movimientos anticapitalistas y transversales como el Procès Constituent, el municipalismo alternativo tipo Candidaturas Alternativas del Vallès, el independentismo más radical de las CUP’s, y todas aquellas personas, entidades, colectivos y organizaciones que apuesten por un movimiento soberanista-progresista.
Estamos en un proceso irreversible. Más pronto que tarde, Catalunya será independiente, tanto porque es imposible ponerle puertas al campo (frenar la voluntad de un pueblo), como por la pertinaz estupidez patológica de las elites políticas españolas (incluida buena parte de la izquierda estatalista), que cada vez que hablan sobre el tema, acaban engrosando las filas del independentismo (aunque debe reconocerse que también existen gentes con pocas luces en el campo independentista cuyos comentarios hacen un flaco favor a la causa). Claro que tampoco es descartable que las elites políticas catalanas se enroquen mirándose al ombligo, anteponiendo irresponsablemente sus intereses partidistas a los de una Catalunya libre y progresista, lo que podría demorar la buena nueva. Esperemos que el sentido común patrio prevalezca.
Foto portada: Primera asamblea general del Procés Constituent en Sabadell. Autor: David B.
