Seis meses después, volvemos mañana a las urnas. Algunos empiezan a decir jocosamente que en todo este tiempo nada ha quedado parado, que las instituciones han funcionado correctamente, incluso mejor, lo que demuestra que los políticos no son para nada indispensables. Se equivocan completamente puesto que lejos de ser unas elecciones cualquiera, constituyen quizás las más importantes en las últimas décadas pues obligarán, ahora sí, a pactos o como mínimo a dejar gobernar a la fuerza más votada, ya que una tercera convocatoria podría convertirse en un arma de doble filo, transformándose o bien en un desapego hacia la clase política mediante la abstención o en el salto definitivo de Podemos al primer lugar.
En 2008, la niña de Rajoy acaparó todas las portadas. La metáfora utilizada por el político gallego cuajó a medias y años después ha preferido darse un baño de masas entre alcachofas. Fraga lo hizo hace 50 años en la playa de Palomares para demostrar que no había peligro y Rajoy ha presumido de corazón rodeado de todos los corazones de esta planta. ¡Qué conmovedor! Dicen que se ha emocionado de tal manera que ha soltado unas lagrimillas al enterarse de que la mayoría iban a ser distribuidas en el mercado norteamericano y que eso le enorgullece como español. No ha podido hacerse unas fotos con algunos niños, porque ésos se los había robado todos Albert Rivera, que por un momento olvidó decir que eran venezolanos y acababan de saquear un supermercado para poder comer, aunque parece ser que al del partido naranja le van más las vacas.
Listo, muy listo Rajoy. Escogió Tudela, en Navarra, una de las comunidades más ricas del Estado para rodearse de pequeños corazoncitos peludos, y no Lorca, otra de las zonas productoras de esta hortaliza. Allí se hubiera encontrado con cientos de inmigrantes vagando por las calles esperando que algún empresario desalmado les pagara una miseria por recolectar unos cuantos quilos a pleno sol. Eso ya no sería políticamente correcto y podría provocar que la gente se enterara de una vez por todas de la verdadera esencia del trabajo en precario.
Ni Rajoy, ni Rivera ni un Pedro Sánchez descolocado se hacen demasiado eco de la mayor preocupación de los ciudadanos. Es más, a los tres les une la manía de pagar religiosamente lo que se debe a unos buitres que han devastado España. Se publicó recientemente que cada español, independientemente de la edad que tenga, tiene una deuda de 23.500 euros, cifra que no para de crecer desde 2009, que era de 10.000 euros. Y que ésta no podrá pagarse nunca lo dicen todos los economistas. Entonces, ¿por qué se empeñan en pagarla? ¿Por miedo? ¿Por qué mienten diciendo que no habrá recortes cuando la única vía es amputar el estado del bienestar, la educación, las becas, la sanidad…?
El balance en estos últimos años es tan negativo que la mayoría de medios prefieren callar o manipular. Quizás las dos situaciones más graves son las que hacen referencia a los más de 600.000 desahucios desde el 2008 y al aumento de los suicidios relacionados con la crisis: un 45 por ciento más, convirtiéndose en la primera causa de muerte no natural en España. Evidentemente no se sabe o no se investiga suficientemente cuántos de esos fallecimientos están vinculados a la situación económica, pero es indiscutible el incremento desde 2008. Además, el número de tentativas también es horrendamente desproporcionado, siendo el mayor de Europa.
No es pues casualidad que España se haya ido llenando de pequeños casos en los que la sociedad civil se las ingenia para poder subsistir. Lejana ya la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones más o menos dignas, pues diversos estudios confirman que casi el 50 por ciento de los españoles no puede permitirse ni una semana, solo queda poder comer. Los empleos precarios aumentan; el salario mínimo sigue estancado en los 655 euros, vergonzosamente bajo para poder sobrevivir y pagar los servicios básicos; los desahucios siguen a un ritmo escandaloso; diez suicidios al día; aumento de impuestos indirectos; reducción de becas y ayudas; las defunciones superan a los nacimientos por primera vez en 75 años; el Fondo de Reserva de las pensiones quedará definitivamente vacío con el pago de dos extras más… a este respecto vale la pena leer el artículo aparecido en El País hace unos días, El suplicio crónico de fin de mes.
La famosa olla de la abuela, que sigue viva de momento, está salvando a millones de personas. La pregunta que nos hacemos muchos es qué va a pasar cuando la pobre mujer fallezca. Ella querría estar ahí siempre para poder cocinar unas patatas sin guarnición. Pero eso no puede ser.
Últimamente se suceden los actos altruistas ante la pasividad de los gobiernos. Si bien algunos ayuntamientos empiezan a moverse, a pesar de las dificultades económicas, personas anónimas intentan apuntalar un edificio que se derrumba. Como esos maestros de Águilas, en Murcia, que cada día traen un bocadillo a los alumnos que la noche anterior no habían cenado y que se desmayaban en las clases. O esa otra escuela de Terrassa donde la mitad de los padres ha decidido pagar la comida de la otra mitad. O esos profesores de instituto de Alicante que han pagado las tasas de la selectividad a los alumnos que no podían hacerlo. La lista es interminable y mañana puede darse un paso definitivo, aunque diversos analistas creen que todavía no estamos preparados para darlo.. No se trata entre elegir “moderación” o “radicalismo”, sino entre continuar siendo humillados como personas o recuperar la dignidad. Parece que tanto Rajoy, como Albert Rivera, como Pedro Sánchez lo tienen claro y están dispuestos a exprimirnos como a un limón y a sacarnos todo el jugo. Sin pestañear. Al menos la alcachofa tiene corazón.
