Vaya por delante mi respeto hacia todas las personas nombradas en este artículo y que tienen derecho a hacer lo que les venga en gana con tal de subsistir o por el motivo que crean oportuno, aunque al tratarse de personajes públicos que se atreven a salir en las pantallas, los demás podemos opinar sobre sus diferentes actuaciones.

Lejos queda ya el mes de diciembre. Las informaciones, los acontecimientos, incluso los vídeos y fotos, quedan allá en el olvido no solo ya unas semanas después de haberse puesto en circulación, sino que en pocos días y después de haber recibido millones de visitas en algunos casos, de repente el contador se paraliza, quedando obsoleto y siendo recordado en algún especial de aquellos con los que nos martirizan en televisión la noche de fin de año.

Es precisamente la televisión la que se encarga de boicotearnos la felicidad de ese momento con personajes que o bien salen de la lata convenientemente aderezados con presentadores actuales o actúan en directo pregrabado, bajo las miradas de los espectadores que no pueden creer lo que ven. Unas semanas antes nos había sorprendido el anuncio de la Lotería Nacional. El creador, Toni Fernández y la directora de servicios al cliente de la agencia Tactics no dudan en afirmar que éste pasaría a la historia de la publicidad. Seguramente tienen razón porque cuando el receptor es sobresaltado de esta manera, las reacciones se suceden y dan lugar a parodias, críticas y comentarios diversos. Sin entrar en valoraciones sobre la puesta en escena del citado anuncio, es verdad que el escarnio sufrido por Raphael y Montserrat Caballé es exagerado. Parece como si estuviéramos deseando que alguien cometiera un pequeño o gran error para tirarnos sobre él de una manera despiadada, aunque el creador se frota las manos porque ese trabajo le conlleva más publicidad.

Si bien Montserrat Caballé reconoció que se veía horrorosa en el anuncio, mostrando un humor digno de personas como ella, y valorando el trabajo de todos los demás intérpretes, Raphael ha guardado el más absoluto silencio, en la línea de presuntuosidad que le absorbe y le domina. De hecho, esta es la gran diferencia entre las momias que circulan por los medios de comunicación y los grandes, que lo serán siempre, y que saben dónde y cómo deben estar cuando hay que estar. Seguramente a Montserrat Caballé no le hace falta pedir a gritos que la contraten para un anuncio, pero otros y otras suplican por tener algún momento de gloria en su triste andadura por este mundo después de haber tocado el cielo con los dedos.

No es sencillo envejecer en el mundo artístico. Muchos siguen en el escenario, con una altivez y un orgullo que delata su egoísmo, como queriéndonos imponer su decrepitud. Fueron famosos en su tiempo y no supieron adaptarse, cayeron en el olvido o simplemente perdieron para siempre la rectitud que se les suponía, aunque un sujeto como Santiago Segura es gran especialista en rescatar viejas momias en sus Torrentes de náusea. De hecho, ya ha anunciado que recupera del abandono y de la amnesia a Andrés Pajares y a Fernando Esteso que, como he mencionado, tuvieron su éxito en una coyuntura específica y nunca supieron adentrarse en una etapa diferente que los hubiera seguramente aceptado.

Envejecer dignamente no es sencillo, pero muchos de los actores y cantantes que todavía trabajan sobre los escenarios conservan ese halo de pundonor que les da un toque serio y de grandeza. Asunción Balaguer, por ejemplo, a sus 88 años, demuestra una sabiduría y una sensatez dignas de alabanza. Sin esconder sus arrugas, se siente joven al trabajar con jóvenes, muy lejos de las declaraciones petulantes y fanfarronas de Pedro Ruíz en las que afirma estar como un chaval, aún a pesar de saber que eso es imposible. Vuelve al escenario después de dos años ausente, pero eso me importa un pito, como a él todo lo demás.

Podríamos citar algunos otros artistas que sí saben cuándo hay que demostrar el talento y cuándo hay que retirarse. No quiero acabar sin citar a Chus Lampreave, alma del anuncio también navideño de una marca de embutidos. En su aspecto de señora mayor no muy ilustrada, yace la antítesis de ella misma, siendo una de las actrices más reconocidas por su sencillez y su trabajo bien hecho. Directores de prestigio como Pedro Almodóvar, Fernando Trueba y Fernando Colomo han contado con ella para papeles de lujo, lejos, muy lejos de otros actores que se agarran al clavo ardiendo de cualquiera que se pone a dirigir detrás de una cámara. El deterioro causado por los años es inevitable. Unos lo soportan a duras penas y otros lo llevan con dignidad, pero en este espectáculo donde a algunos les toca actuar más que a otros, una retirada a tiempo es una victoria.

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