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Opinión de Manuel Navas: ‘Es inevitable’

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, sociólogo

Una familia es desahuciada por no poder pagar la hipoteca al haberse quedado sin trabajo debido a la crisis económica provocada, entre otros, por los bancos. El desahucio responde a una sentencia dictada por un juez. El juez se limita a aplica la ley dictada por el legislador. De no hacerlo “correctamente”, su sentencia será recurrida y revocada. No le queda otro remedio que dictar la sentencia de desahucio.

El banco, apoyándose en unas leyes hechas a su medida por el legislador y que aplicó el juez, con el apoyo logístico de la policía, le arrebata la vivienda a la familia desempleada-morosa, que se queda en la calle, pero que sigue debiendo la parte de la hipoteca no pagada, deuda que previsiblemente será vitalicia por ser uno de los 6 millones de parados sin esperanza.

Y el banco vende de nuevo la vivienda, de forma que por la misma obtiene, además de la parte que durante los años que pudo, pagó el desahuciado, el conseguido por la nueva venta de la vivienda y el mantener de por vida a uno o más morosos, hasta que salden su deuda. Como la lógica del sistema es obtener beneficio sin fin por encima de cualquier otra consideración, al banco no le queda otro remedio que actuar de la forma que lo hace si no quiere desaparecer del escenario en un mundo en el que todos los bancos actúan de la misma forma siguiendo las reglas del juego marcadas por la competencia feroz del “mercado”.

El mercado (que es como la Santísima Trinidad, que nadie ha visto pero que mucha gente habla de ella), se “lava las manos” porque en realidad quien regula todo lo que sucede en la economía es la ley de la oferta y la demanda que no es, ni previsible ni controlable y que tiene su fundamento en la economía de mercado reconocida constitucionalmente como sistema que rige nuestra sociedad.

La policía entra en escena cuando existe un desacato a la sentencia dictada por un juez basada en la ley que parió el legislador, reprimiendo, en su caso, a quienes se opone a ser desahuciado, a instancia de un banco, por no poder pagar la hipoteca al estar en paro, a causa de la crisis provocada por los bancos. La policía actúa “cumpliendo órdenes de sus superiores” de las cuales no puede abstraerse so pena de ser expedientado. Superiores que a su vez dicen cumplir órdenes generalmente del responsable político de turno quien alega que, cuando no se cumple voluntariamente, debe hacer cumplir la sentencia que el juez dictó en base a leyes que sus tocayos del parlamento promulgaron para beneficiar a los bancos.

Los legisladores, (esa casta de políticos profesionales que deciden por nosotros sobre nuestra vida presente y futura), nos recuerdan que la propiedad privada es un derecho constitucional y que la dación en pago o similares, tiene mal encaje por lo que podría hacer chirriar todo el entramado legal.

En resumidas, que para arrebatarle su vivienda a una familia desempleada-morosa y entregársela a los bancos que provocaron la crisis que llevó al paro al desahuciado por no poder pagar la hipoteca, todo el descomunal aparato del Estado actúa como un enorme rodillo para aplastar a la desdichada familia que individualmente poco o nada puede hacer ante semejante tropelía. Y la paradoja es que, nadie de los que forman parte del todo asume la responsabilidad de haber dejado a una familia en la calle.

El moroso-desahuciado puede asumir que es un perdedor, que no tiene sitio en una sociedad investida de glamur y ganadores, y que lo mejor que puede hacer es suicidarse para tener su minuto de gloria en los medios de comunicación, que siempre será más digno que mendigar, y de paso contribuir a mejorar la especie. O puede pensar que lo que le sucede tiene unos culpables con nombres y apellidos y descubrir que son miles las familias desahuciadas y millones los desempleados. Que le han mentido, que no se trata de un problema personal, sino colectivo que tiene un origen social y político.

Entonces, puede que el desempleado-desahuciado deje de ser inodoro, incoloro e insonoro y empiece a cuestionar lo evidente y se pregunte por sus derechos esenciales como la vivienda o el trabajo y maldiga a un sistema económico que ha destrozado la vida de toda su familia, que le ha arrebatado su futuro y que comience a odiar a los culpables y se rebele contra semejante crueldad. Entonces puede buscar complicidades con otros perdedores, desgraciados, desempleados, desahuciados, precarizados y miserables, para gritar ¡basta! y actuar en consecuencia.

Entonces y solo entonces, los culpables comenzarán a sentir miedo.

Foto portada: Operarios retirando el cadáver de una persona jubilada que se suicidó junto a su pareja antes de ser desahuciados, en Mallorca. Fuente: Huffington Post.

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