Ayudas visuales ópticas y no ópticas para la baja visión

La baja visión es un problema que suele afectarle a muchas personas, sabiendo que una de las principales consecuencias es la privación parcial de la vista o, en situaciones más graves, la total. Precisamente por ello, en el mercado se pueden encontrar numerosas soluciones para paliar sus efectos.

La baja visión, a la que también se le conoce como hipovisión, es una afección que presentan algunas personas y que se caracteriza por privar de manera parcial o total la vista a los usuarios. Es una enfermedad que, por norma general, no puede corregirse fácilmente con los métodos tradicionales, tales como lentes de contacto, gafas, tratamientos médicos o cirugía, por este motivo, es necesario tener en cuenta los diferentes tipos de ayudas que hay para mejorar sus síntomas.

El principal problema que presenta la baja visión es que reduce el campo visual de los usuarios y por tanto, disminuye su agudeza visual. En este sentido, para conocer en qué grado se presenta el problema, los expertos diferencian varias categorías. Partiendo de la base de que la persona que no padece esta afección cuenta con un campo visual de alrededor del 100%, a partir de aquí, el porcentaje disminuye en función de la gravedad del asunto.

De esta manera, todos aquellos que cuentan más del 50%, forman parte de la modalidad B3 que permite llevar una vida medianamente normal y que apenas necesita correcciones. Sin embargo, cuando este porcentaje es menor de la mitad, comienzan a notarse las dificultades para ver, es aquí donde se enmarcan las personas de baja visión, o lo que es lo mismo, el grupo B2. Finalmente, hay un grupo donde los problemas son más acusados, teniendo una pérdida de visión bastante acusada, son las personas que cuentan con menos del 20% de resto visual. Ya aquí se considera que tienen ceguera legal y, cuando la agudeza visual es menor del 10%, se dice que estos usuarios forman parte del grupo B1, o lo que es lo mismo, el de ceguera total.

Principales ayudas para la baja visión

Todas las personas que presentan baja visión deben saber que pueden contar con numerosas ayudas para mejorar esta afección. De esta manera, se pueden destacar las ayudas informativas y las administrativas, en primer lugar. Posteriormente, hay que hablar de las ayudas de rehabilitación, las formativas y las de integración, siendo estas últimas de dos tipos, laborales y sociales. Sin lugar a dudas, las más valiosas son las ayudas médicas, siendo los expertos los responsables de utilizarlas dependiendo del grado que presente el paciente y sus necesidades. En cualquier caso, se puede hablar de dos grupos de ayudas principalmente, las ópticas y las no ópticas. ¿En qué consiste cada una de ellas?

Ayudas ópticas

Se trata de un tipo de ayuda cuyo principal objetivo es intentar, en la medida de lo posible, aumentar el tamaño de la imagen que se refleja en la retina. Para ello, se utilizan varios formatos. 

De esta forma, si se quiere mejorar la vista de lejos, las ayudas serán muy efectivas siempre que sea a través de visión estática. De esta manera, algunas de las acciones más habituales son ver la televisión, divisar un paisaje, fijarse en el número del autobús o acudir al cine o al teatro.

Por su parte, para la vista de cerca, lo habitual es llevar a cabo acciones que requieran la visión cercana en todo momento, como leer, escribir u otras tareas similares.

En el caso de que el paciente presente sensibilidad a los contrastes, entonces lo habitual es utilizar filtros específicos para ello, siendo normal el uso de focos especiales de luz, hojas prelineadas, teléfonos especiales o incluso relojes que hablan.

Para llevar a cabo todas estas acciones, los elementos esenciales son los microscopios, telescopios, lupas o sistemas biópticos.

Ayudas no ópticas

Son muy efectivas cuando se presenta una baja visión leve, siendo generalmente complementos perfectos para las ayudas ópticas. Entre otras cosas, se recomienda mejorar la postura del cuerpo haciendo uso de elementos como los atriles, así como mesas abatibles.

También es frecuente intentar llevar un mejor control de la iluminación, haciendo uso de lámparas especiales o flexos de luz fría.

Por su parte, para mejorar el contraste, nada como utilizar artículos tales como los tiposcopios o rotuladores y lápices de punta blanda, que ayudan en el momento de la escritura. De igual modo, los papeles de colores también son una buena solución a este problema.

Finalmente, hay que decir que, otra de las soluciones más comunes es usar teclados de ordenador con diferentes fondos y macrotipos, con los que poder imprimir los documentos con una letra mayor para facilitar la lectura, al igual que ocurre en los relojes actuales o incluso en los teléfonos móviles.