ARTÍCULO DE OPINIÓN
Manuel Navas. Presidente de la Federació d’Associacions de Veïns de Sabadell (FAV)
No hace falta insistir en la particularidad del movimiento vecinal respecto a otros países de nuestro entorno como respuesta vecinal durante la dictadura franquista a la situación de precariedad de los barrios en los que nos ubicaron/malvivimos la migración de los años 50-70, que masivamente llegamos a territorios industrializados de España falto de trabajadores/as (Catalunya, Pais Vasco, Madrid,…) y presionados, de una parte, por la búsqueda de un futuro mejor (como es habitual en las olas migratorias de la historia humana), de otra, buscando el anonimato en ciudades ante la represión franquista más asfixiante en los pueblos donde las familias eran estigmatizadas por haber defendido la democracia republicana y como no, por la necesidad de mano de obra para el proceso de acumulación capitalista que sintetiza la frase del ex alcalde franquista Marcet de Sabadell “que vinguin, que vinguin, que els telers han de funcionar”.
Circunstancias que contrastan con el supremacismo de quienes creyéndose miembros del “pueblo elegido” tildan a los/as no nacidos/as en la tierra prometida de ñordos, colonos y otras imbecilidades xenófobas, fascistoides y provincianas, obviando que todos/as somos especie humana y que toda la población residente en un determinado territorio (el que sea), e independientemente de su lugar de procedencia, contribuye como parte de un todo en su desarrollo económico, social y cultural, sin olvidar que esos charnegos fuimos, en buena parte, imprescindibles para reconstruir el movimiento obrero y vecinal y la punta de lanza/carne de cañón en la lucha antifranquista y conquista de l’Estatut de Catalunya, que, como suele suceder, acabó capitalizándolo la burguesía, aquí, la catalana. Algú lo havia de dir!
Tiempos en los que la actividad del movimiento vecinal se centró en lograr barrios dignos que se consiguieron paulatinamente a partir de las políticas públicas y sociales impulsadas por los equipos de gobierno del alcalde Toni Farrés, como punto de inflexión en la construcción del Sabadell que, con sus virtudes y defectos, tenemos, siendo de justicia reconocer que algo ha tenido que ver la lucha vecinal. Después de más de 50 años, el contexto ha cambiado radicalmente. De la dictadura perfecta a la democracia imperfecta. De carecer de prácticamente de todo (electricidad, agua, asfaltado, equipamientos -escuelas, centros sanitarios, bibliotecas, centros cívicos, polideportivos,…..-) a tener cubiertas buena parte de las necesidades básicas, sin que ello signifique que nos hallemos en el fin de la historia.
Las reivindicaciones son distintas, pero persisten: el poner freno al feroz ataque del neoliberalismo para expoliar al Estado de Bienestar y privatizar lo público; el rol del movimiento vecinal es distinto, pero sigue siendo necesario; la proliferación de entidades sociales temáticas no tiene paragón con el pasado; el papel de las administraciones adquiere distintos y diversos contenidos para dar respuestas a las nuevas exigencias sociales. Nuevos roles y nuevos agentes que obligan a buscar puntos de encuentro y complementariedad de actuaciones, en lo que sea posible, con el objetivo de evitar duplicidades y utilizar recursos humanos, económicos y sociales de manera eficiente. Ese es el reto.
Una situación en la que, las asociaciones vecinales siguen trabajando por unos barrios dignos en los que habitar, vivir y convivir, ofreciendo servicios como las vocalías de decesos y otros para fomentar la autogestión y la solidaridad vecinal y estando alerta/denunciando las degradaciones de los espacios públicos, reclamando lo que consideran necesario, mientras que a nivel de ciudad, el movimiento vecinal, tiene en su estrategia en poner freno a los recortes que desde administraciones supramunicipales competente llevan a cabo contra la sanidad, enseñanza, servicios sociales,…reivindicando equipamientos como residencias, centros de día, la defensa del medio ambiente y el rodal, la construcción de vivienda social, avanzar en las políticas sociales, fomentar la cohesión social y la equidad social-económica-cultural, la igualdad de género, etc. Todo bajo la premisa de la protesta y la propuesta.
En la compleja realidad municipal, al ayuntamiento debe ser consecuente con el criterio de pensar globalmente y actuar localmente con una gobernanza que atienda a las personas, la ciudad-barrios y las entidades sociales y que pasa por disponer de líneas estratégicas lo más consensuadas posible que visualice el proyecto de la ciudad hacia el cual nos dirigimos.
Respecto a su relación con las entidades sociales más allá de parabienes, urge un marco en el que deliberar el estado actual de la situación y consensuar los cambios que deben producirse en orden a gestionar el binomio independencia institucional y complementariedad social y reformular todo lo concerniente a subvenciones y recursos. En definitiva, establecer procesos participativos efectivos.
Y en cuanto a las asociaciones vecinales, una primera reflexión es la necesidad de consensuar asociaciones-ayuntamiento el programa de actividades socio-culturales de cada barrio, delimitando los roles y recursos humanos y materiales que cada parte pone a disposición del programa acordado, lo que implica un giro radical en su papel dejando de ser un mero gestor burocrático y proveedor de subvenciones y pasar a implicarse activamente asumiendo actividades que hoy realizan las asociaciones porque la administración no lo hace, cuando es razonable que debiera hacerlo. Es hora de adecuarse a los nuevos contextos.
Foto portada: el president de la FAV Sabadell, Manuel Navas. Autor: David Jiménez.
