L’ESTAT DE LA CIUTAT
El jueves me personé en este acto celebrado en el patio del Museu d’Art, que me sirvió para para pulsar el estado de ánimo de las élites y la sociedad civil de la ciudad en el inicio del curso político.
Me dirijo al patio del Museu d’Art, escenario de la recepción de la Festa Major. Por el camino rememoro las vicisitudes de un evento que durante muchos años fue uno de los emblemas del bustismo. Así evoco las impagables escenas en la Bassa de Sant Oleguer, marco del denominado ‘besamanos’, donde llegaban a reunirse 2.000 personas. Entonces no se reparaba en gastos con un servicio de catering propio de una embajada.
La recepción, concebida originalmente para agradecer a las entidades su colaboración en la Festa Major, degeneró en un oneroso baño de masas populista para rendir pleitesía al alcalde que fue objeto de numerosas críticas, en primer lugar de Entesa per Sabadell. Unas críticas a las que fueron sumándose el resto de grupos de la oposición que fueron negándose a subirse a la tarima para compartir foto con el polémico alcalde. Así, ocurrió en la recepción del 2008, con la ausencia de Isidre Soler (Entesa), Carles Rossinyol (CiU) y Magí Rovira (ERC). En el 2009 se sumó al boicot Carme García (ICV-EUIA) y Bustos sólo pudo contar con el apoyo del entonces portavoz del PP, Jordi Soriano, y ahora uno de los principales imputados en el caso Mercurio.

Posteriormente la recepción cambió de formato. La crisis económica y las críticas forzaron a un diseño más austero. El acto se trasladó a otros lugares, todos ellos señalados iconos del bustismo. Así ocurrió en el Castell de Can Feu (2010), tras un amago de suspender la recepción como respuesta a las críticas de la oposición, en la masía de Can Gambús (2011) o finalmente en la Pista Cubierta de Atletismo (2012) donde sólo subieron al estrado Bustos y su delfín Juan Carlos Sánchez.
El boicot de la oposición y la escasa asistencia de público en estas últimas recepciones mostraron el creciente rechazo al estilo de gobierno de Bustos por parte de sectores de las elites y la sociedad civil local.
Indignación sindical
Estaba repasando estos precedentes cuando tropiezo con miembros de la sección sindical del Ayuntamiento, algunos con caretas con la foto del regidor de Economía, Ramon Burgués. El grupo se ubica tras unas vallas donde se apostan cuatro agentes de la Policía Municipal, mientras la puerta de acceso al Museu está custodiada por dos coches de los Mossos d’Esquadra.

Me explican que habían convocado una concentración como protesta por los recortes del equipo de gobierno y los incumplimientos del convenio que han comportado la pérdida de un 20 por ciento de capacidad adquisitiva y que achacan a la mala gestión de las finanzas municipales.
Me trasladan su indignación por la actitud de los Mossos d’Esquadra que, tras identificarles pidiéndoles el DNI, les habían forzado a abandonar la calle Comèdies, aduciendo que estaban interfiriendo en la celebración de una “fiesta privada” y que iban a proceder a establecer un “cordón perimetral de seguridad” que implica el corte de una calle peatonal. Me aseguran que al día siguiente difundirán un comunicado de prensa denunciando estos hechos y lo que denominan “estilo Sánchez”.
Ausencias y presencias
Tras esta aleccionadora conversación, penetro en el patio del Museu d’Art. No cabe un alfiler. Calculo que habrán asistido a la convocatoria unas 300 personas. Doy una vuelta y compruebo que han venido gran parte de las fuerzas vivas y muertas de la ciudad: desde concejales de los grupos municipales y militantes de partidos sin representación en el consistorio como ERC y Ciutadans, pero también miembros de diversas asociaciones culturales y cívicas, del mundo del periodismo y del ámbito empresarial.
En esta vuelta de reconocimiento me llama la atención no ver a ninguno de los tres ediles imputados en Mercurio, ni al intendente de la Policía Municipal. Desde luego, si Manuel Bustos se hubiera presentado se habría convertido en el gran protagonista del evento. Como si me hubieran leído el pensamiento, una persona estrechamente vinculada al PSC me deja caer que por la mañana se había producido una tensa reunión entre Manuel Bustos y el alcalde Sánchez, quien le había pedido que no asistiera a la recepción.

Entre el público reconozco a Josep Maria Sala, el gran mentor de Bustos en el partido y un habitual de las recepciones de Festa Major. Se le ve un tanto perdido, quizás por no encontrar ni a su discípulo ni a su círculo de confianza. También reconozco a Pere Navarro, primer secretario del PSC, lo cual puede interpretarse como un apoyo a Sánchez, pues hacía tiempo que no se veían a los máximos dirigentes del partido en los actos organizados por el ayuntamiento de Sabadell. Acaso para evitar una incómoda foto con el ex alcalde. Observo que Navarro conversa animadamente con la regidora y diputada Montserrat Capdevila.
El discurso del alcalde
En esos instantes presencio una imagen inédita desde hacía años: el alcalde Sánchez sube al estrado flanqueado por Ramón Burgués , el concejal de Cultura, Quim Carné y los portavoces de todos los grupos municipales. Un signo de relativa ‘normalidad democrática’ después de los años de plomo del bustismo.
Sánchez entona un discurso que lleva su sello personal. Así remarca los valores de la cultura y el humanismo como factores esenciales de la recuperación económica y emite un mensaje de esperanza y optimismo confiando en que Sabadell, como en los años 80, sabrá salir de la dura crisis que nos atenaza, “reinventando la ciudad”. Conocida su vinculación a los castellers, pone como ejemplo su esfuerzo para levantar las torres humanas que exige la colaboración de mucha gente, preparación, ensayos, técnica, conocimientos y perfeccionamiento.
Finaliza su parlamento, leyendo la comprometida letra de una canción de Els Catarres, el plato fuerte de la actual edición de la Festa Major, algunos de cuyos versos pueden interpretarse como una velada alusión crítica a su predecesor:
On és la vida que se’ns va prometre/
tot sembla ara un somni tan distant/
sempre a les ordres d’algun fals profeta/
que s’ha oblidat que aquí tots som iguals.
Sin duda, un discurso cargado de buenas intenciones, pero donde se echa en falta la ausencia de referencias a la lucha contra la corrupción y a la regeneración democrática que el caso Mercurio ha puesto sobre la mesa también en nuestra ciudad. Tras la alocución, el público se agolpa tras dos largas mesas rectangulares donde se sirven cava y refrescos, más tarde unas camareras nos ofrecen trozos de coca.
Llega, pues, la hora de los corrillos, la más aprovechable para recabar opiniones y recoger informaciones. En uno de estos me conminan a que al día siguiente “esté al loro” pues va a producirse una noticia de relevancia política. A pesar de mi insistencia, se niegan darme más detalles.
El día después
No me habían engañado. A media mañana del viernes se difunde la noticia que Montserrat Capdevila ha presentado su dimisión como regidora, aunque no como diputada.
Capdevila, alineada con el sector bustista del partido, aduce como razones de su decisión factores de orden familiar, pero sobre todo por la actitud de la oposición, que ha generado un clima irrespirable de “tensión extrema” y en la “injusticia” cometida contra sus compañeros de partido imputados en Mercurio.

Realmente resulta increíble que en vez de entonar la autocrítica por el comportamiento de sus compañeros sobre los que penden graves imputaciones por delitos contra la administración pública se cargue contra la oposición por denunciar estos hechos. Todo un ejemplo de la escasa estatura intelectual, política y ética de una política crecida bajo la sombra de Manuel Bustos que la modeló como si fuera una figura de plastelina.
Así pues, ante estas nada creíbles razones se abre un abanico de posibilidades para explicar las causas reales de su dimisión. En primer lugar, el momento elegido no puede ser más inoportuno, parece concebido para amargarle la Festa Major a Sánchez y robarle protagonismo político y mediático, justamente cuando éste intenta tender puentes con la oposición.

Por otro lado, podría explicarse en la marco de las luchas internas del grupo socialista, como apuntan Entesa e ICV. En este sentido, podría tratarse de una exigencia de la dirección de su partido para asegurarle a Sánchez la mayoría en el grupo municipal, donde los bustistas con siete regidores gozan de una ligera ventaja sobre los seis ediles juancarlistas, pero para asegurar esto nos falta conocer el nombre de su sustituto/a. La siguiente en la lista es Ana María Carrasco, secretaria de Política Municipal del PSC, notable bustista, que sustituyó al ahora caído en desgracia Paco Fernández, en esta responsabilidad.
En cualquier caso, su dimisión aparta a una política que había sonado como una de las eventuales sustitutas de Manuel Bustos a la alcaldía y una eventual competidora de Sánchez cuando el PSC haya de elegir el candidato a la alcaldía en las municipales del 2015.
