L’ESTAT DE LA CIUTAT
La investidura de Juan Carlos Sánchez y la dimisión de Montserrat Costa abren una fase de transición política que se alargará hasta las municipales del 2015. Aquí se apuntan las tareas que deberán abordarse en este periodo en un contexto nacional y estatal de crisis del régimen surgido de la Transición.
El 5 de marzo señaló un punto de inflexión en la crisis política mercurial. Por la mañana Juan Carlos Sánchez Salinas era investido alcalde con los 13 votos del PSC y 14 nulos de la oposición. Un aviso en toda regla de su estrecho margen de maniobra sino emprendía las urgentes medidas de regeneración democrática y limpieza de la administración local reclamadas insistentemente desde la oposición que podrían desembocar en una moción de censura.
Una votación no exenta de polémica a raíz del clamoroso error en el recuento de Montserrat Capdevila que presidía la histórica sesión y del secretario municipal que no tenían otra cosa que hacer que contar las 27 papeletas.
Por la tarde, Montserrat Costa, pareja del alcalde, una pieza clave del organigrama municipal e imputada por tráfico de influencias, presentaba su renuncia, sabedora que el alcalde Sánchez no la ratificaría en su cargo. Justamente esta era la señal que esperaban, por distintos motivos CiU, PP e ICV para otorgarle un margen de confianza, que aleja la perspectiva de la moción de censura y da credibilidad a la voluntad de “caminar sólo” expresada por el flamante alcalde en su discurso de investidura.
Cartapacio
Al día siguiente, el alcalde presentó el nuevo Cartapacio o gobierno municipal articulado en torno a tres grandes áreas dirigidas por Ramon Burgués (presidencia y servicios personales), Montserrat Capdevila (servicios centrales y economía) y Marta Farrés (urbanismo, vivienda y vía pública). En fin, no hay más cera que la que arde y con este equipo tendrá que tirar hasta el final del mandato, buscando apoyos puntuales con los grupos de la oposición.

El pleno ordinario del próximo martes servirá para pulsar el estado de las deterioradas relaciones entre el grupo socialista y los cinco grupos opositores. Todo parece indicar que se escenificará cierto antíclimax después de tantas semanas de enfrentamientos y descalificaciones.
Tareas pendientes
Sin embargo, queda pendiente la cuestión del resto de regidores, cargos de confianza y funcionarios imputados en Mercurio. Sánchez debería acabar la tarea empezada y desprenderse de todos ellos. Al parecer los dos cargos de confianza imputados, Manuel Somoza y Xavier Izquierdo, serán cesados cuando se realice el traspaso de poderes de sus respectivas áreas.
Queda pendiente la cuestión del jefe de la Policía Municipal y la arquitecta que, particularmente el primero, también deberían ser apartados de sus funciones. Más complicada se presenta la cuestión de los hermanos Bustos y Joan Manau, su presencia en los plenos alimentará las críticas de la oposición y debilita la posición política del alcalde. A diferencia de los anteriores, Sánchez no puede obligarles a renunciar al acta de regidor. Aunque las vicisitudes judiciales del caso pueden comportar su expulsión del partido.

En otro orden de cosas, la dimisión de Costa facilita la labor de realizar una urgente y radical reforma en Ràdio Sabadell con el objetivo que deje de funcionar como un instrumento de propaganda del equipo de gobierno y se convierta en un medio de comunicación realmente plural al servicio del conjunto de la ciudad.
Segunda transición
La crisis de Mercurio resulta la expresión local de un fenómeno general, un episodio más en el vendaval de corrupción que asola España. Ahora bien, aquí no sólo se enjuician los comportamientos penalmente punibles, sino también un conjunto de prácticas políticas inadmisibles en un sistema democrático como la espesa trama de relaciones clientelares con la sociedad civil, el nepotismo o el control desde el poder de los medios de comunicación locales.
En la Transición democrática, Sabadell tuvo en destacado protagonismo. La huelga general de febrero de 1976 precipitó la dimisión del empresario y alcalde falangista Josep Burrull y abrió el periodo de alcaldía accidental de Ricardo Royo hasta las municipales democráticas de 1979 que otorgaron una rotunda victoria al PSUC de Farrés que había dirigido la oposición democrática. Pero si entonces fue la movilización política, sindical, cívica y popular quien derribó al alcalde franquista, ahora ha sido la administración de justicia la principal responsable de la caída del alcalde socialista ante la pasividad de la sociedad civil y gran parte de la ciudadanía.
La investidura de Juan Carlos Sánchez parece inaugurar una fase de transición, en un contexto de profunda crisis de la monarquía parlamentaria, producto del pacto entre los franquistas reformistas y la oposición democrática. Un consenso que construyó una democracia de bajo perfil, que no tocó un pelo a los “poderes fácticos” y con una injusta ley electoral, donde la participación de la ciudadanía se reduce a votar periódicamente por los partidos del sistema.
En efecto, la crisis del régimen de la Segunda Restauración borbónica está abriendo la vía para una profunda revisión de la Constitución o, más allá, para la apertura de un proceso constituyente. En Catalunya la crisis del régimen adquiere un carácter particular derivado de la ruptura con el ordenamiento jurídico-político que implica la apuesta soberanista de CiU y del conjunto del movimiento nacionalista.
Cuatro crisis
La confluencia de la cuádruple crisis económica y social, política y moral plantea grandes retos a la ciudad y exige soluciones a la altura de la gravedad de la situación.
Desde el punto de vista político, Juan Carlos Sánchez deberá realizar las impostergables tareas de regeneración democrática y limpieza de la administración municipal bajo sospecha de corrupción. Una labor que habrá de desplegarse simultáneamente sobre dos planos: un partido clientelizado y dominado por la omnipresente figura de Bustos y sobre el ayuntamiento bajo sospecha de graves irregularidades en la gestión de las adjudicaciones de obras. Esta es quizás la parte más difícil e ingrata de su tarea, aunque ineludible si quiere construir una alternativa al bustismo desde los planteamientos del socialismo democrático y pasar página de este aciago periodo.

Desde una perspectiva ética también será preciso que la ciudad reflexione sobre sí misma y emprenda una operación de regeneración moral. El silencio o la connivencia de amplios sectores de la sociedad civil y la intelectualidad con el bustismo obligan a ello.
Desde una perspectiva social se habrán de implementar una serie de medidas de choque para combatir los efectos de la recesión económica sobre las clases asalariadas como uno de los objetivos prioritarios del gobierno municipal.
Desde una perspectiva económica urge una reflexión de fondo sobre el modelo y las opciones de futuro de la ciudad. La crisis de la ciudad-fábrica en la década de 1980, el fracaso de la apuesta de convertir Sabadell en la City del Vallès en los 90 y los deletéreos efectos del boom inmobiliario en el 2000 plantea un escenario repleto de incertidumbres.
Sabadell, como en la obra de Pirandello, parece a un personaje en busca de un autor colectivo que escriba su destino.
