L’ESTAT DE LA CIUTAT
La investidura de Juan Carlos Sánchez, prevista el próximo 5 de marzo, señala un punto de inflexión en la crisis política mercurial. Aquí se analizan las tareas y opciones políticas planteadas al tercer alcalde desde la restauración de la democracia municipal en 1979.
El pasado jueves la asamblea local ratificó por unanimidad a Juan Carlos Sánchez Salinas como candidato a la alcaldía del PSC. Una decisión en cierto modo lógica y esperada.
Al fin y al cabo, Sánchez ha sido la mano de derecha y eterno delfín de Manuel Bustos. También, el dirigente socialista que ha demostrado mayor capacidad política y que, hasta el estallido de Mercurio, representó la cara amable del partido cultivando las relaciones con la intelectualidad y el mundo cultural de la ciudad, al tiempo que procuraba tender puentes de diálogo con la oposición. Por poner un ejemplo, su papel fue determinante en las negociaciones y el acuerdo con el colectivo Sabadell Cruïlla, liderado por el urbanista Manel Larrosa, sobre el trazado del Metro del Vallès, ahora paralizado.
Un capital político atesorado durante años, a la sombra de El Capo, que ha dilapidado en este trimestre aciago mercurial durante el cual ha ostentado la alcaldía accidental y ha aparecido como el hombre de paja de Bustos y su camarilla, lo cual le valió la reprobación de la oposición.

Un capital malgastado, pero no agotado. Sánchez aun dispone de una limitada reserva del mismo y de un estrecho margen de confianza de CiU, ICV y en menor medida el PP que le permitirá ser investido alcalde el próximo 5 de marzo. Los cinco grupos opositores hubieran podido ponerse de acuerdo en el pleno de investidura en un candidato/a alternativo y formar un gobierno de concentración. La gravedad del caso Mercurio y el irresponsable comportamiento del PSC en el curso de la crisis política hubiesen justificado de sobras un ejecutivo de estas características, a pesar de su elevada heterogeneidad ideológica (del PP a Entesa).
No ha sido así. Por distintas motivaciones, los citados grupos que han optado por concederle un estrecho margen maniobra para que emprenda una doble tarea de regeneración democrática de las prácticas caciquiles del bustismo y de limpieza de la administración municipal baja sospecha de prácticas corruptas. El decálogo de la CiU es bastante explícito al respecto y le señala las condiciones concretas en que podrá mantenerse en la alcaldía.
Hemos de tener en cuenta que las vicisitudes judiciales del caso pueden deteriorar aun más la imagen pública de los cargos públicos y de confianza imputados en Mercurio.
A estas alturas de la crisis, ni la oposición, ni de sectores importantes de la ciudadanía aceptará un bustismo sin Bustos, sino que reclamarán una regeneración de la vida pública, para pasar página a esta etapa de la vida de la ciudad.
Cartapacio y cargos de confianza
La primera prueba de fuego de Sánchez será la composición del nuevo equipo de gobierno o cartapacio. Particularmente en lo relativo a la ratificación de los cargos de confianza imputados. Entre ellos, Montserrat Costa, pareja del alcalde, jefa de gabinete de alcaldía y gerente de la empresa municipal que gestiona Ràdio Sabadell. Costa está imputada por tráfico de influencias y es una pieza clave en el funcionamiento de la máquina municipal en la era Bustos.
Existe una notable diferencia entre los cargos públicos y los de confianza. Los primeros son considerados representantes de la voluntad popular y sólo una sentencia judicial en firme puede obligarles a dimitir. Ciertamente, su partido puede expulsarlos, pero no puede obligarles a ceder el acta de concejal o diputado. Como se ha visto en el caso de Ricard Estrada se trata de una decisión personal.

Por el contrario, los cargos de confianza dependen única y exclusivamente de la voluntad política del alcalde. Tanto es así que, como indicó Entesa, todos cesaron automáticamente de sus cargos cuando Bustos renunció a la alcaldía y Sánchez, en la calidad de alcalde accidental, les prorrogó sus contratos hasta el pleno de investidura. Una medida de dudosa legalidad y un mal preludio político.
Por tanto, si Sánchez comete el error de renovar “su” confianza en dichos cargos imputados habrá dado un señal en sentido contrario a lo que se espera de él, tanto por las citadas formaciones de la oposición, como de un amplio sector de la ciudadanía. Al hacerlo pondría en marcha el contador de una eventual moción de censura, reabriendo la crisis políticas que su elección pretende cauterizar.
Los dos frentes
La tarea de Sánchez es doble y debería desarrollarse sobre dos frentes estrechamente interconectados. Justamente, una de las peculiaridades del bustismo ha sido la confusión, la yuxtaposición de planos entre el partido clientelizado y Ayuntamiento, donde no se sabe donde empiezan los intereses de uno y acaban los del otro.
En primer lugar, porque para acabar con las prácticas clientelares del bustismo, no le queda otro remedio que renovar un partido dominado de cabo a rabo por El Capo. Ésta es quizás la parte más difícil e ingrata de su tarea, aunque ineludible si quiere construir una alternativa desde el socialismo democrático a la etapa de Bustos.
En segundo término, debería depurar la administración local de las sospechas de graves irregularidades en la gestión de las adjudicaciones de obras y contratas del ayuntamiento.
Una doble tarea para la que contaría con la complicidad de los citados grupos municipales.
Márgenes de maniobra
En conclusión, Juan Carlos Sánchez dispone de un estrecho margen de maniobra si quiere aposentarse en el cargo y pilotar la fase de transición abierta tras la caída de Bustos. El 5 de marzo accede a la alcaldía por la puerta falsa y si cumple con su doble tarea dispondrá de dos años para renovar su legitimidad democrática en las municipales del 2015.
Un objetivo que sólo podrá cumplir si rompe amarras con el bustismo y emprende las impostergables tareas de regeneración de la vida pública.
