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‘L’estat de la ciutat (51)’: Seis millones doscientas mil razones

L’ESTAT DE LA CIUTAT

Los datos sobre el desempleo y el resto de indicadores de la economía española dibujan un escenario catastrófico donde no se vislumbra otra perspectiva que el empeoramiento de la situación. Un tétrico panorama que plantea la tarea de construir nuestros instrumentos organizativos y métodos de lucha para acabar con la pesadilla del neoliberalismo.

Los datos trimestrales de la Encuesta de Población Activa (EPA), el indicador más fiable sobre la situación del empleo en España, nos trasladan una situación de emergencia social absoluta con 6,2 millones de parados y un desempleo juvenil bordeando el 60%. Estas cifras demoledoras han ido acompañadas de otras no menos graves, como la corrección al alza del déficit público, la caída en picado del crédito y el consumo o el desplome de la producción industrial que dibujan un cuadro de desastre total.

Las llamadas “reformas estructurales” del gobierno del PP, como antes las auspiciadas por el PSOE de Zapatero, no han conducido a ninguna mejora de la situación económica. Por el contrario han agravado la recesión hasta límites intolerables. La reforma laboral sólo ha servido para facilitar el despido e incrementar el paro, tampoco ha dado resultado el saneamiento del sistema financiero y el grifo del crédito continúa cerrado. Los brutales recortes en derechos y prestaciones sociales, que inciden durísimamente sobre el nivel de vida de las clases asalariadas, no han servido para reducir el déficit público.

En realidad, todos los recursos disponibles están destinados a salvar a la misma banca que ha provocado la crisis sistémica en que nos hallamos inmersos, evaluados en cinco billones de euros de ayuda al sistema financiero y 400.000 millones anuales de pago de intereses a la banca privada que continúa realizando pingües beneficios a costa del sufrimiento de la población. Así, a la depauperación de las clases trabajadoras, como pone de manifestó la escalofriante cifra de 500.000 personas desahuciadas desde que estalló la crisis, se une un incremento exponencial de la desigualdad social que nos revela el verdadero rostro del sistema capitalista.

Vaga general a Sabadell
Final de la manifestación en la huelga general del 14-N en Sabadell.

La soberanía nacional ha desaparecido y los gobiernos del sur de Europa actúan como meras correas de transmisión de las instancias dirigentes de la Unión Europea y de la banca. Todo ello con el telón de fondo de una corrupción estructural y de una clase política con sueldos y sobresueldos de escándalo con que se paga generosamente sus servicios al gran capital.

Hay alternativas

Los grandes medios de comunicación, otra pieza básica del sistema en una sociedad atomizada y desmovilizada, insisten en reafirmar que no hay alternativas. La crisis es presentada como una especie de catástrofe natural como si fuera un terremoto o una erupción volcánica, cuando esta ha sido provocada conscientemente por décadas de políticas neoliberales emprendidas en la década de 1980 por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Las doctrinas económicas de corte socialdemócrata de John Maynard Keynes dejaron paso a los dogmas neoliberales de la escuela de Chicago de Milton Friedman o la austriaca de Fiedrich Hayek.

En efecto, durante tres décadas las políticas de intervención del Estado en la economía y de incremento del gasto público aseguraron una era de prosperidad nunca vista en los países industrializados, no así en el sur subdesarrollado y explotado donde la crisis es permanente. Las fórmulas son sobradamente conocidas desde el punto de vista teórico y ampliamente contrastadas por la experiencia histórica. Keynes, tras las experiencias del crack del 29 y las guerras mundiales, concibió una serie de correcciones estatales al sistema capitalista que tendía en su desarrollo espontáneo al incremento de las desigualdades sociales, a la concentración de la riqueza en unas pocas manos y a las crisis catastróficas. Por el contrario, Friedman y Hayek instituyeron el dogmatismo del libre mercado y la oposición radical a toda forma de regulación e intervención estatal en la economía que nos ha conducido al desastre.

Ahora bien, estas teorías económicas son la expresión teórica de los intereses y de las correlaciones de fuerza de clase. Keynes y el Estado del Bienestar, ahora en proceso de desmantelamiento, fueron por así decirlo los salvadores del capitalismo en un mundo destruido por la guerra y de expansión del comunismo en Europa del este y Asia y entre la clase trabajadora de sur de Europa y de los países del denominado Tercer Mundo. Un modelo que parcialmente continúa vigente en los países escandinavos.

Por su parte, Friedman y Hayek fueron los teóricos de la contrarrevolución conservadora. En efecto, la regulación estatal del sistema financiero y los mercados, el pleno empleo, la expansión del gasto social, la fiscalidad progresiva… crearon un escenario político donde progresiva y lentamente la sociedad se encaminaba hacia el socialismo y donde la correlación de fuerzas favorecía a las clases asalariadas.

Una pareja a punto de desahuciar, en Can Puiggener. Autor: J.d.A.
Una pareja a punto de desahuciar, en Can Puiggener. Autor: J.d.A.

La caída de la URSS aceleró extraordinariamente la ofensiva neoliberal. Desaparecido el peligro del comunismo -en realidad un capitalismo monopolista de Estado y una dictadura de partido- nada impedía volver a la esencia del sistema de “explotación del hombre por el hombre”, por utilizar la expresión de Karl Marx quien desarrolló la crítica más profunda y aun no superada al funcionamiento del sistema capitalista.

La experiencia venezolana, tan denostada por los mass media del sistema, ha demostrado que la movilización popular y la intervención del Estado a favor de los intereses de la mayoría de la población, puede reducir en poco tiempo las desigualdades sociales más hirientes y construir una sociedad más justa.

Lucha de clases

Se trata, pues, de una cuestión de lucha de clases. La salida de la crisis sólo será posible en la medida que la movilización y el combate de los trabajadores impongan nuevos paradigmas en política económica. Esto explica la inquietante línea de criminalización y represión del gobierno del PP y CiU contra aquellos colectivos como las Plataformas de Afectados por la Hipoteca (PAH) o contra los estudiantes encerrados en los rectorados como protesta a la privatización de las universidades públicas.

Sin embargo, carecemos de las imprescindibles herramientas organizativas para ello. Los instrumentos tradicionales como fueron los partidos de izquierda y los sindicatos de clase han experimentado un proceso de burocratización e integración en el sistema que los han convertido no sólo en ineficaces, sino que han devenido un obstáculo para ello. Tampoco los viejos métodos de lucha (huelgas, manifestaciones, encierros o concentraciones) parecen ser eficaces contra el conglomerado económico-político que nos domina.

Así, pues, la primera tarea consiste en construir los nuevos instrumentos organizativos y los nuevos métodos de lucha contra un sistema que nos condena a la miseria y donde la democracia se evapora frente a la opresiva dictadura de los mercados.

Experiencias de autoorganización como la protagonizada por la PAH nos indican el camino a seguir para levantar un movimiento popular con la suficiente potencia para revertir la situación y acabar con el nefasto ciclo del neoliberalismo.

Comentaris

  1. Icona del comentari de: Juan Quirós a abril 28, 2013 | 13:48
    Juan Quirós abril 28, 2013 | 13:48
    Como ocurre en casi todos sus artículos, Antonio Santamaría nos deja hoy uno de esos que nos hace pensar lo que estamos haciendo la clase trabajadora en una sociedad dominada por la clase capitalista y consentida (en un funcionamiento dirigido exclusivamente a enriquecer al que más tiene) tanto por partidos políticos como por sindicatos. Ante una situación como la que tenemos, lo extraño es que no esté pasando nada y miremos con resignación que lo que sucede a nuestro alrededor hasta lo encontremos como algo natural y los que tenían que estar haciendo frete a estos abusos (partidos políticos y sindicatos), se limitan a decir “que no es un tema exclusivo de nuestra nación” y así se justifican para no hacer nada por cambiar una situación que solo les está beneficiando a ellos. Los privilegiados que en estos tiempos tienen (políticos y dirigentes sindicales) ante la posibilidad de que esta situación se les pueda acabar, se limitan a campear el temporal y a lo más que se deciden es a convocar alguna que otra manifestación con unas asistencias (en la mayoría de casos’ ridículas’) y que en el mejor de los casos que no sirven para nada. Como por ejemplo las que se están convocando ya para el 1º de Mayo. El capitalista (políticos y sindicalistas) nos concede el derecho al pataleo y después desde sus poltronas, unos se ‘ríen’ y otros nos tratan de ‘iditas’. Si como bien dice, las formas a este sometimiento se han convertido en obsoletas, porque los que tiene la oportunidad de cambiarlas no hacen otra cosa que ser correas de transmisión del capital y lo lamentable es ver que salvo una minoría, a los demás nos es más cómodo o ‘asistir a unas convocatorias que no sirven de nada’ (o que en todo caso, solo benefician a los que las convocan) o bien, ‘nos quedamos en casa lamentándonos de nuestras desgracias. En cualquier caso, de poco sirven unas luchas que no obtienen resultados alguno, y que en todo caso solo benefician a los que las convocan. Cuando decía que solo una ‘minoría’ era la que se estaba movilizando y obteniendo resultados, me estoy refiriendo a esos llamados “escrarches” o a las Plataformas de afectados por la hipotecas (PAH) movimientos ciudadanos que han sabido cambiar unas forma de lucha y que son los que de verdad están haciendo cierto daño al capital y en el caso de los “escrarches” a la clase política. Solo una cosa si que critico de estos últimos, y es que esta bien que sea al partido que gobierna (PP) a los que más se les ataque, pero creo que no debían de ser los únicos dado que es toda la ‘casta política’ la que está favoreciendo al capitalismo y por tanto no haciendo nada por defender a las clases trabajadoras. Por todo lo cual, esta nueva forma de luchar, los “escrarches” o las (PAH), si que están obteniendo un movimiento positivo. Solo hay que ver que a la prensa del ‘régimen’ (que es prácticamente toda, o al menos la más importante) de que forma cargan contra estos. Y si hablamos de los políticos, solo están a favor aquellos a los que no se les ataca. Que no nos engañen con ‘bonita palabras’, cuando en realidad son todos los que se están beneficiando de unos privilegios puestos para que callen. Y si miramos en esas tertulias de la ‘derechona iglesiastica’. Como les preocupa que estos movimientos se puedan extender. Lo que significa de que hasta que punto son estas nuevas forma de lucha de eficiente que están dando y de lleno donde más le duele. Así que solo nos queda una y esta es, hacer posible que la sociedad cambie y esto no será posible mientras signan en sus puestos los que están haciendo posible que los más ricos sigan (a pesar de la crisis obteniendo beneficios). Y que los trabajadores sean cada día más pobres gracias a la clase política y sindical que tenemos y que están siendo cómplices (PAGADOS) del capitalismo. O cambiamos nuestra formas de lucha y hoy pasa por sumarnos a los “escrarches” y las (PAH) y seamos capaces de extenderlo contra todos esos políticos y sindicatos ‘inmovilistas’ con el fin de cambiar un modelo de sociedad que de lo contrario terminará ‘matándonos’. O hacemos como el ‘avestruz’ (meter la cabeza bajo el hala) y que nos las sigan den todas en el mismo sitio.
  2. Icona del comentari de: Manuel. a abril 28, 2013 | 21:20
    Manuel. abril 28, 2013 | 21:20
    Sobre los escraches: Algunos creen que esto de los escraches, o como c... se pronuncie es algo nuevo. Van muy, pero que muy equivocados, esto de los escraches, aunque con otros nombres viene de antíguo y alcanzó su máximo apogeo allá por los años 30 en la Alemania nacional y socialista. Sí, sí, está en los documentales; se ponían un grupo de energúmenos todos con la camisa del mismo color, para identificarse como grupo, y vociferaban aquello de "no compreis a los judíos, ratas judías capitalitas" y otras lindezas; todo ello con las fuerzas del orden mirando hacia otro sítio. Teniendo yo 15 años de edad fuí testigo de un escracre famoso en Sabadell. Vino el Profesor Jiménez de Parga a dar una conferencia sobre constitucionalismo a la obra Social de la extinta Caja de Ahorros de Sabadell, a la salida un grupo de energúmenos de la "Guardia de Franco", todos vestidos con camisas del mismo color, para identificarse como grupo, le acosaron (escrachearon) y lo más fino que le decían era ago así como "rojo cabrón"; naturalmente ni la guardia urbana ni la policia armada, presentes en el acto hicieron nada, simplemente miraron para otro sitio (mientras no haya sangre, pensaban). La vida da muchas vueltas y años más tarde el profesor Jiménez de Parga, en su finca de veranero en La Garriga sufrió un nuevo escrache que le obligó en este caso a marchar de Cataluña, en este caso los acosadores eran las juventudes de la Esquerra Republicana, nuevamente todos con camisetas del mismo color y llamando al otrora asqueroso rojo, ahora asqueroso fascista. Esto de los escracheos son fantásticos, claro siempre y cuando se los hagan a otros.

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