Navas, de la Comissió Parc del Nord.

Opinión de Manuel Navas (sociólogo): ‘Izquierda no independentista vs izquierda independentista’

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, sociólogo

La dicotomía en torno a la independencia ha evidenciado las diferencias tanto entre la derecha como entre la izquierda. Sabemos que existe una izquierda independentista y otra que no lo es. Lo mismo sucede con la derecha. En este punto conviene situar que la división derecha/izquierda, y con todas las consideraciones que cada cual considere, se relaciona con las clases sociales (otro concepto complejo): la derecha con las clases pudientes y la izquierda con las clases populares.

Primero conviene desmontar el falso el mensaje según el cual la derecha está unida y la izquierda atomizada, lo cierto es que la lucha entre el poder económico ha sido una constante: la construcción de las naciones, las guerras de rapiña e imperialistas habidas y existentes (las mundiales, Oriente Medio, ex-Yugoslavia,….) y otras formas menos mediáticas de hostilidades, con el denominador común de controlar mercados, materias prima, etc. (poder y dinero), lo confirman. Claves que nos informan qué persiguen en cada contexto cuando defienden determinados postulados como en Siria, Venezuela, Israel… y, en Catalunya. Sin embargo a la izquierda no la mueve el motor economicista como sucede en las luchas internas de la derecha sino análisis basados en otros parámetros, y su división existe desde sus orígenes: anarquismo, comunismo, socialdemocracia,… como etiquetas identificativas y diferenciadoras. Una historia marcada por desencuentros sobre tácticas y estrategias en temas diversos incluyendo la cuestión nacional, sobre lo que conviene recordar que, en Catalunya siempre ha existido una firme decisión en la izquierda para defender el derecho a decidir. Nadie mínimamente informado puede negar que ha sido la vanguardia más activa de su defensa y el polo de referencia en la suma de voluntades.

En esa línea el Pacte pel Referéndum, como punto de encuentro entre el procesismo (independentistas) y soberanismo (partidarios del derecho a decidir, independentistas o no). Una experiencia cuya absurda defenestración avivó los desacuerdos sobre cómo, las élites independentistas, están gestionando el proceso del referéndum (condiciones, garantías…) por caciquil. Unas decisiones que ni seducen a buena parte de la izquierda, ni parecen ser las idóneas para que importante sectores de la ciudadanía se encuentre cómoda y no excluida de un proceso alejado de un modelo transversal con las características del propuesto por el Procès Constituent para construir una República del 99 por ciento de la población, que al no hacer abstracción de la sociedad dividida en clases, se situaba en las antípodas de la consigna clasista convergente “primero la independencia”.

En este punto, debe aprenderse de los errores y no mitificar patrones transversales como la Asamblea de Catalunya o la Platajunta, que posibilitaron una reforma del antiguo régimen permitiendo que todo quedase ‘atado y bien atado’ y arramblase con las aspiraciones de ruptura con el franquismo, ni caer en ilusiones maoístas de ‘unirse con tu enemigo de clase y conseguido el objetivo, acabar con él’ (estrategia más anticapitalista que independentista).

En cualquier caso, ser de izquierdas ni es sinónimo de independentismo ni obliga a ello (hay izquierda federalista, confederalista, internacionalista, independentista,…….) y los argumentos de las distintas posturas son legítimos al responder a estrategias políticas distintas por lo que, más allá de la crítica política, no caben descalificaciones, ni caer en los interesados adjetivos peyorativos para fomentar las fobias contra ‘lo catalán’ o ‘lo español’, obviando el componente de clase, y alentar una división artificial entre los pueblos (“ellos”/“nosotros”) de consecuencias imprevisibles (y en casos terribles).

Y aquí entramos en el terreno de la subjetividad y el relativismo porque las tácticas políticas o bien se adecuan en cada caso a la estrategia que persiguen o no son útiles y conviene recordar que cada partido utiliza la que considera adecuada para alcanzar sus objetivos.

¿Cuál es la estrategia de la izquierda independentista y la no independentista? En la respuesta a ese tipo de preguntas residen las claves de las discrepancias. Y para que el árbol no impida ver el bosque, parece razonable recordar que entre las izquierdas, sean o no independentistas, teóricamente existen más afinidades que diferencias y muchas más identidades que con la derecha (sea o no independentista): en lo global, la lucha por minimizar/acabar con las crueldades y sinrazones del sistema económico; en lo estatal, nacional y municipal, si bien gobierna la derecha estatal (PPC’s), no puede negarse que desde el 15-M, millones de personas apuestan por otra forma de entender y hacer política, el empoderamiento social y por una sociedad más equitativa (un buen puñado de ciudades responden a ese cambio: Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, A Coruña, Cádiz, Pamplona, Santiago de Compostela; Badalona, Sabadell…), marcando la vía para avanzar hacia una democracia real y que en Catalunya existen condiciones para configurar un gobierno que pongan fin a las políticas neoliberales impuestas durante decenios, esencialmente por la derecha catalana, y seguir trabajando para profundizar en los derechos políticos y sociales y, entre otros, para ejercer el derecho a decidir con las garantías necesarias para su efectividad. En cualquier caso, la lucha por la autodeterminación ni puede ser obstáculo, ni debiera ser el leitmotiv para un frente común de izquierda y progresista, contra el clientelismo, las corruptelas y políticas de la derecha (estatal y catalana). De no ser así, quizás es que algo se está haciendo mal.