Navas, de la Comissió Parc del Nord.

Manuel Navas (sociólogo): ‘Notas sobre el referéndum’

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, sociólogo.

¿Habrá referéndum? Todo apunta que el referéndum con las garantías necesaria para ser validado no será posible. Una mala noticia para la democracia porque supone, por ahora, la victoria de la sinrazón, de quienes rechazan que el pueblo decida democráticamente. Un atentado contra la soberanía popular que a ningún demócrata puede dejar indiferente.

La historia no absolverá a los partidos estatales (PPPSOEC’s) que niegan la mayor: el pueblo catalán reclama el derecho a decidir como instrumento para abordar un conflicto histórico agudizado en los últimos años por una gestión política retrógrada y la ineptitud para ofrecer algún tipo de alternativa a la realidad plurinacional del Estado más allá de un diálogo de besugos.

Procesistas (mundo independentistas) y soberanistas (abanico que suma además a sectores y partidos que como bloques no son independentistas) tenían en común la apuesta por el derecho a decidir concretado en el Manifest del Pacte Nacional pel Referéndum que agrupa a numerosos sectores sociales y políticos (entre otras entidades, la FAV Sabadell y la CONFAVC). Un marco en el que el procesismo, no se ha encontrado cómodo por su falta de beligerancia, obviando que el Pacte tenía ese apoyo porque su objetivo se centraba en la celebración de un referéndum con garantías sin entrar en la orientación del voto, ni en aventuras de dudosa eficacia práctica a corto plazo.

Las movilizaciones populares imprescindibles, para visualizar y poner en marcha este proceso, no bastan en un mundo globalizado y en un contexto donde la soberanía popular ha sido usurpada por el poder económico donde entra en juego las correlaciones de fuerzas y los intereses económicos nacionales e internacionales. Difundir que la UE se enfrentará al PP-PSOE para defender un hipotético resultado independentista de un referéndum unilateral e inconstitucional (que sea justo no quiere decir que sea legal, pero eso es harina de otro costal), cuando los grupos parlamentarios europeos popular y socialista tienen 406 de los 750 escaños, solo se puede atribuir a un desconocimiento preocupante o a motivos menos confesables.

La puesta en marcha de un hipotético referéndum unilateral decidido por los partidos procesistas (que no por el Pacte, al que han condenado al ostracismo) no puede limitarse a fijar fecha y pregunta sino que requiere, entre otras cosas, las garantías democráticas y las premisas imprescindibles (el porcentaje de participación, mayoría simple/cualificada, censo electoral, etc.), así como la hoja de ruta para el día después, ante una eventual victoria de las tesis secesionistas frente a un Estado que ni aceptará su celebración ni por supuesto el resultado. Datos de los cuales puede deducirse que la estrategia sea un 9N bis preparando el terreno para unas elecciones autonómicas (¿plebiscitarias?) y reiniciar de nuevo el proceso.

Los escenarios de un referéndum unilateral son diversos e impredecibles. El PP (con el apoyo del PSOE y C’s y el beneplácito de la comunidad internacional alegando su inconstitucionalidad) actuará los mecanismos legales y las interpretaciones partidistas del Poder judicial para impedirlo: dejar en suspenso la autonomía y el Parlament; ordenar a los Mossos que impidan la apertura de los centros y retiren las urnas(habrá que ver la actitud de los funcionarios/as encargados de la infraestructura del evento); inhabilitar al Govern de la Generalitat por desacato a los tribunales, etc., y en ese punto, habrá que prepararse para una “primavera democrática a la catalana” y valorar las consecuencias de una espiral de enfrentamientos y lo más importante, si la correlación de fuerzas permite imponer al Estado español lo que no ha querido pactar.

¿Qué hacer? Si desde la democracia se pretende construir el país plural que sea (independiente, federal,…..) en el que quepamos todos/as, no cabe otra que seguir trabajando en la búsqueda de complicidades internas y externas para que el derecho a decidir se pueda ejercer. Los cambios de paradigmas y sociales requieren su tiempo. En el terreno de los derechos, unos se han logrado, más o menos y parciamente, tras décadas y siglos de lucha y sangre (voto femenino, derechos laborales y sociales, libertades políticas en determinados estados, etc.) y otros siguen pendientes (acabar con la hambruna, la sociedad sin clases, el machismo, la explotación y opresión, el derecho a decidir, etc.). Pese al enorme poder (ideológico, económico, militar, político y jurídico) de quienes no quieren perder sus privilegios en la permanente lucha de clases en la que anda inmersa la humanidad, ha sido la voluntad y movilización de personas, colectivos y organizaciones quienes han conquistado libertades inicialmente negadas. Por responsabilidad histórica no podemos desfallecer en este difícil, complejo y largo camino.