Foto portada: Camil Ros (UGT), el president del Parlament, Roger Torrent, i Javier Pachecho (CC.OO). Autor: ACN.

‘Más miedo que vergüenza’, por Josep Asensio

Que la vida en sí es una incongruencia continua ya no nos choca. Lo que hace unos años nos conmovía, ahora nos deja indiferentes. Esto pasa con personas, entidades y colectivos de todo tipo. Políticos que en su momento destacaron por su visión de estado nos parecen patéticos años después, sintiendo hasta vergüenza por haber mostrado algún sentimiento positivo hacia ellos. Es en cierta manera la sensación que me produce al contemplar el apoyo de los dos sindicatos mayoritarios, UGT y CC.OO a la manifestación en defensa de los ‘presos políticos'” del 15 de abril. Llamarlos mayoritarios es un espejismo, ya que el desprestigio que han ido acumulando ha mermado consecuentemente el grueso de las afiliaciones y ahora mismo mucha gente se pregunta qué beneficios reporta pagar una cuota a sindicatos que se han plegado al poder establecido. Y lo escribe un convencido de los objetivos de esos sindicatos, con más de 35 años de trabajo callado pero constante en defensa de los derechos de los trabajadores.

Pertenezco pues al colectivo de los sorprendidos por el apoyo a esa convocatoria trampa que tiene como finalidad defender el intento de destruir el orden estatutario y constitucional establecido. Nadie mejor que Javier Cercas ha hecho un resumen de lo que supuso esa rebelión en su artículo Políticos presos, no presos políticos del pasado 12 de abril. Cercas sintetiza lo sucedido en Catalunya con esta frase:

“El Gobierno nacionalista de la comunidad intentó romper un Estado democrático a fin de separar una parte del mismo mediante un golpe de Estado (o, para ser más precisos, mediante lo que yo llamaría “un intento frustrado de autogolpe civil posmoderno”).

El artículo 155 lo paró todo, pero no es la panacea; no es la solución a una problemática que ha conseguido dividir a una sociedad que había trabajado unida hasta que los nacionalistas decidieron traspasar todas las líneas rojas, incluso las más elementales en democracia.

Entonces, ¿por qué los sindicatos “mayoritarios” apoyan a las personas que participaron en esos supuestos actos de rebelión y de sedición? A mi entender, son muchos los factores que influyen en la decisión tomada. Por una parte el miedo a perder las ayudas y subvenciones de un parlamento que es, nos guste o no, mayoritariamente independentista, pero también el embrollo en el que les han metido fruto de su discurso victimista y manipulador. De todos son conocidos los alegatos en contra de la nula financiación, del trato a los catalanes, de la supuesta falta de democracia y de la relación vejatoria del gobierno del PP hacia Catalunya. Aún en el supuesto de que fueran verdad algunas de esas opiniones, el independentismo trata también de acercarse a colectivos que no están demasiado de acuerdo con sus postulados, intentando convencerlos de que la lucha es contra el PP, cuando en realidad hay una subversión clara de las normas democráticas.

Me imagino entonces que los dirigentes de UGT y CCOO, percibiendo y conociendo que sus bases son básicamente constitucionalistas, quieren movilizarlas con el señuelo de que la manifestación del día 15 es en favor del diálogo y contra las políticas inmovilistas del gobierno del PP y de su presidente, Mariano Rajoy. Nada más lejos de la realidad, puesto que las entidades independentistas convocantes no han aceptado cambiar ni una coma de su proclama, con lo que ésta no será en defensa de los “derechos y libertades”, sino “de los presos políticos y exiliados” y de la implementación de la República.

Algunas federaciones han protestado, como la UGT Renfe Barcelona que se ha desmarcado del apoyo a esta manifestación por parte de dirigentes sectarios que no tienen en cuenta la pluralidad de sus bases. En un comunicado hecho público esta semana y que ha sido votado por unanimidad, destacan especialmente que Catalunya y sus entidades son plurales, especialmente los sindicatos, y que con esa pluralidad han conseguido las más altas dosis de participación, lo que ha revertido en la mejora de las condiciones de trabajo de millones de personas.

Parece mentira que la llamada a la pluralidad, a la defensa de las ideas en el ámbito personal y no bajo unas siglas sea a estas alturas motivo de disputa. Diversas federaciones de los dos sindicatos están plantando cara a sus dirigentes denunciando este posicionamiento claramente dogmático y partidista, pero son muchos más los afiliados que a título personal demandan respeto a las opiniones individuales y abogan por no inmiscuirse en asuntos políticos, defendiendo los objetivos últimos de los sindicatos. Me preocupa y mucho que en general, ni UGT ni CCOO tengan un discurso en defensa de los derechos ciudadanos y sí en cambio hayan corrido a dar oxígeno al mundo independentista. Me inquieta la creación de asociaciones en defensa de la Constitución dentro de los Mossos d’Esquadra y que hablen abiertamente de conflicto civil y los sindicatos miren hacia otro lado. Más les valdría ocuparse de las personas y defender derechos como la municipalización del agua o la conexión de las dos áreas metropolitanas con el tranvía, que eso sí que es de vital importancia para la cohesión de todos los catalanes y que en Barcelona han sido propuestas rechazadas por ERC y la CUP ¿Dónde están los sindicatos en esos momentos? Mucho me temo que el domingo 15 de abril, las banderas de UGT y CCOO se fundirán con las de aquellos que alientan los cortes de carreteras, los “paros de país” y las coacciones a los que no piensan como ellos. Y una vez más habrán caído en el cepo puesto por los que nos quieren empujar al precipicio.

Más que tristeza, lo que siento es vergüenza.

Foto portada: Camil Ros (UGT), el president del Parlament, Roger Torrent, i Javier Pachecho (CC.OO). Autor: ACN.