“La historia del siglo XX habría tenido que enseñarnos que, si aplicamos el principio bíblico del ojo por ojo, lo que sucede después es que todos nos quedamos ciegos”.
“La prensa italiana que define ‘terroristas’ a los militantes de Hamás nunca ha utilizado el mismo epíteto para los israelíes que matan a sangre fría a civiles desarmados, que cotidianamente destruyen casas y arrancan olivos”.
Franco Berardi, escritor y filósofo
Para aquellos de mis lectores que pensaban que esta vez iba a ignorar lo que está pasando en Gaza, en Palestina, andaban algo equivocados. Porque es imposible que cualquier persona con un poco de humanidad no piense por un instante en lo que está pasando allí. Y lo voy a decir desde el principio, porque sé que hay individuos que se dedican a escudriñar con lupa en mis palabras para intentar ver lo que no digo.
La intervención de Hamás en territorio israelí es repudiable, sin paliativos, pero querer aprovecharse de un acto terrorista puntual para acabar con todo un pueblo, para ejecutar una acción claramente genocida, una masacre, en definitiva, es abominable. Así lo expuse hace cinco años en el artículo Israel: la obscenidad perpetua.
Llevo toda la semana leyendo opiniones diversas sobre este conflicto que dura ya más de 70 años y en los que los palestinos se han llevado la peor parte, con la destrucción de sus casas, de sus cosechas, de sus vidas. Y por mucho que suene siempre a lo mismo, es necesario recordar el sufrimiento, la muerte, el tiro por la espalda a aquel adolescente que intenta mostrar su impotencia lanzando una piedra contra un tanque. Y también es pertinente no olvidar el sometimiento de esa gente casi sin recursos al sionismo, a unos verdugos que lo arrasan todo con la complacencia de la comunidad internacional. Esa es la realidad y no otra. Lo explica con una sencillez y una humanidad increíbles el periodista y escritor Sergio C. Fanjul en el artículo Gaza: Todos percibimos que hay algo que se está yendo de las manos. Es necesario leerlo para que los que todavía creen que esto es una guerra, acaben abriendo los ojos.
“Ordené un asedio total sobre la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni gas, todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia”, afirmó abiertamente hace unos días Yoav Gallant, ministro de Defensa de Israel, burlándose en la propia cara de toda la comunidad internacional, especialmente de Europa, que es la que más aporta a la causa solidaria palestina.
No es más que conminar a cometer crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, sabiendo que Israel nunca será juzgada por eso. Y que no nos engañen diciéndonos que el objetivo de la invasión terrestre por parte del ejército israelí es destruir por completo la capacidad de gobierno y militar de Hamás. Eso es una falacia. La realidad es otra: arrasar por completo un territorio y a sus gentes. Las palabras de Rodica Radian-Gordon, embajadora de Israel en España no pueden ser más duras, mostrando una insensibilidad, una frialdad, que da miedo. Según ella, “suministrar agua y luz a Gaza supone apoyar a Hamás”, tergiversando una vez más los conceptos, queriendo que asumamos que todos los palestinos son terroristas. Mientras tanto, las bombas siguen cayendo; el lunes en una ambulancia que trasladaba heridos a un hospital ya bajo mínimos, el martes en una panadería donde mujeres y niños hacían cola para lograr algo de comida. Y mientras escribo estas líneas me llega la noticia del bombardeo de un hospital cristiano (un hospital!) provocando la mayor matanza de la historia de Gaza con al menos 500 muertos. El Ministerio de Sanidad de Gaza acusa a Israel de atacar el hospital Al-Ahli, donde se refugiaban miles de personas. Netanyahu, primer ministro israelí, atribuye el ataque a la “yihad islámica”, aunque no aporta prueba alguna. Si eso ocurre en Ucrania, es un crimen de guerra; si ocurre en Gaza o en Cisjordania, lo llaman ‘derecho a defenderse’.
Esta semana he encontrado a mucha gente que me decía que los terroristas de Hamás habían asesinado a no sé cuantos niños cortándoles la cabeza, una información que no ha sido verificada, falsa al final. Pero lo peor es que ignoraban a otros niños aplastados por las bombas israelíes, como si estos últimos fueran maniquíes o no existieran. Hasta me he encontrado con personas que justificaban la masacre contra los palestinos de Gaza porque estos habían votado a Hamás. La doble vara de medir se hace más evidente en esa zona donde los muertos se diluyen en el olvido, donde ese niño o niña que va a morir en la incubadora por falta de electricidad que un monstruo ha decidido cortar no cuenta para nadie; ni sus padres, ni sus familiares. Un silencio tan claramente cómplice que duele. Y cuando estas líneas salgan a la luz, ya se habrán acabado los alimentos, el agua, las medicinas. Y muy probablemente el único punto de escapatoria para millones de gazatíes seguirá cerrado. Se consumará una vez más el genocidio que desean la mayoría de israelíes. ¿También la mayoría de judíos?
Y entre estos silencios, los de la comunidad judía, de los rabinos de todo el mundo que proclaman su miedo al antisemitismo, pero son incapaces de hablar de paz. Ni tan siquiera de hacer un gesto por la paz. Tampoco tienen el valor de nombrar esa palabra, que tan importante sería para que gran parte del mundo entendiera que Israel es un país y el judaísmo es una religión. Pero ese mutismo es un apoyo implícito a ese genocidio, a acabar de una vez con Gaza y, muy probablemente, con Cisjordania, para hacer todavía más grande Israel, para quedarse con todo el territorio, ‘la tierra prometida’.
Y con los muertos entre los escombros, surgen de nuevo las propuestas imposibles, la de los dos estados, por ejemplo, a la que siempre se ha negado Israel, porque eso significaría volver a la situación de 1947, devolver las tierras incautadas a sus propietarios, cumplir las resoluciones de la ONU, una por una desde el principio. Y pararán las armas, se enterrarán a los muertos, Europa volverá a donar millones de euros para su reconstrucción y volverá la paz momentánea a la espera de otra masacre. Porque la historia de Palestina se cuenta por masacres indiscriminadas, no únicamente las de las bombas. Diariamente, mueren ciudadanos palestinos por falta de atención médica, por beber agua contaminada, por un disparo intencionado o fortuito. La muerte siempre presente en un territorio rodeado por alambradas y sin esperanza.
Y frente a todo esto, una Europa muerta, donde el humanismo está siendo derrotado un poco más cada día y que mira hacia otro lado, impidiendo las manifestaciones en defensa del pueblo palestino y de la llegada de ayuda a millones de personas atrapadas. Francia, Alemania y Reino Unido, se llenan la boca defendiendo la democracia, incluso si esta lleva implícito el gasto desmesurado en Ucrania, apalean a manifestantes que quieren la paz. En España, la Ertzaintza multará a un aficionado de la SD Eibar por exhibir una bandera de Palestina, a requerimiento de la seguridad privada del club y de La Liga. La decisión, contra toda lógica, merece la felicitación de la peña Israel-Éibar, que echa más leña al fuego, asegurando que “esto vale más que 20 victorias seguidas”.
En la Torá, el texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo judío y que constituye la base y el fundamento del judaísmo, aparece enunciada la ley del Talión, eso tan conocido de ‘ojo por ojo, diente por diente’. Ignoro si existe alguna máxima donde se implore el perdón y la paz. Estaría tan bien que los rabinos de todo el mundo se unieran para impedir ese genocidio… ¿Acaso no son hijos del mismo Dios esos que mueren bajo las bombas del estado de Israel? ¿O es que estamos de acuerdo en que son “animales humanos” y no son dignos de serlo?
Las palabras del Papa Francisco debieran hacer recapacitar a todos los judíos del mundo y salir de ese silencio cómplice con la barbarie y con la pérdida de vidas humanas.
“Defenderse es un derecho de quien es atacado, pero estoy muy preocupado por el asedio total en el que viven los palestinos en Gaza, donde también ha habido muchas víctimas inocentes. El terrorismo y los extremismos no ayudan a alcanzar una solución al conflicto entre israelíes y palestinos, sino que alimentan el odio, la violencia, la venganza, y solo hacen sufrir a los unos y a los otros. Oriente Medio no necesita guerra, sino paz, una paz construida en la justicia, en el diálogo y en la valentía de la fraternidad”.
¿Los judíos prefieren el ‘ojo por ojo’ y el silencio encubridor de las masacres? A la vista está que sí. La paz es el camino. Siempre.
