He tenido la gran suerte de pasar unos días en esta localidad de la Vega Baja del Segura, situada entre Orihuela y el mar Mediterráneo. Allí he participado en una extensa tertulia con mi gran amigo José Campos Liarte, fruto de la cual han salido estas reflexiones que quiero compartir con mis lectores.

Hoy, día 22 de marzo de 2026, con más de 3 semanas de bombardeos, miles de muertos, millones de desplazados y destrucción masiva de viviendas, escuelas, hospitales, instalaciones de extracción y elaboración de petróleo y gas, con la parálisis en el Estrecho de Ormuz del 20% de su producción mundial, afectando gravemente a la economía mundial y especialmente a Europa. Es la guerra…

Israel. Netanyahu

Este individuo, sobre el que pesaba antes del 7 de octubre de 2023, fecha del ataque de Hamás, una acusación pendiente de juicio por acoso sexual, aceptación de soborno y prevaricación (ver en la plataforma Filmin Expediente Netanyahu; 2024), es ahora un líder nacional y ejemplar, mantenido en el gobierno por la extrema derecha nacionalista y religiosa y la aprobación del 80 por ciento de la población, sobre todo después de la masacre de Gaza, que se niegan a tildarla de genocidio, como si otro nombre atenuara su gravedad.

El Estado de Israel posee un potente y afamado Servicio de Inteligencia capaz de introducir explosivos en los teléfonos móviles de centenares de militantes y simpatizantes de Hezbolá en Líbano y causarles muerte y heridas graves a decenas de ellos; capaz de detectar cuándo y dónde se encontraban dirigentes de Hamás que eran fulminados selectivamente durante los últimos años; capaz de jaquear las cámaras públicas de las calles de Irán para saber cuándo y dónde se encontraban los dirigentes ayatolás y de la Guardia Republicana para bombardearlos y matarlos, como hemos visto recientemente; capaz de mantener una red de espías y confidentes en territorios de Cisjordania y Gaza que les informa exhaustivamente de todo (al respecto ver las películas Omar, El maestro, No Other Land en Filmin y documentales en YouTube).

Las ahora escasas noticias sobre Gaza y Cisjordania no pueden ser más penosas y desesperanzadoras. En Gaza continúa el aislamiento con la limitación de los suministros necesarios, y la mayoría de la población sigue a la intemperie, intentando bajo plásticos protegerse de la frialdad de la lluvia y el viento, que sumado a la malnutrición está ocasionando una elevada mortalidad, sobre todo en niños y ancianos. Siguen faltando medicinas, hospitales y personal sanitario para combatirla. Y un factor poco mencionado en las noticias: la angustia vital generada por las enormes dudas sobre la posibilidad de un futuro mejor que no pase por la sobrevivencia en un campamento de refugiados financiado por no se sabe qué organización humanitaria internacional.

En Cisjordania sigue la ocupación del territorio palestino por parte del Estado de Israel que, contraviniendo las disposiciones internacionales, promueve todo tipo de apropiaciones y expropiaciones, mediante modificaciones legislativas concernientes a la propiedad, decretando la construcción de miles de viviendas para sus ciudadanos o permitiendo que los extremistas ultrareligiosos, con la Biblia en una mano y la ametralladora en la otra, apliquen la política de ocupación de hecho, matando provocadoramente con la prepotencia que les arroga el creerse con derecho a ello por pertenecer al pueblo elegido de Dios… y la protección de su ejército.

Dos fueron los motivos aducidos para iniciar esta guerra: favorecer la democracia eliminando a los dirigentes que la impiden y eliminar el riesgo atómico. Me parece cínico, y hasta ridículo, tratar de presentar el ataque a Irán como un gesto de defensa de la democracia ante la tiranía (“salvar al mundo libre” en palabras de Netanyahu). Claro que Irán está dominado por un régimen teocrático dictatorial que somete a la población, sobre todo femenina, y no duda en ejecutar a sus oponentes, pero no mucho más que sus vecinos integristas del Golfo Pérsico (Khashoggi, periodista opositor descuartizado por Salman de Arabia Saudí) y son respetados por intereses económicos; no mucho más que sus vecinos de Afganistán, donde los americanos salieron por piernas y chamuscados, dejando al país en la Edad Media; no mucho más que Corea del Norte, aliado de China y en posesión de armamento nuclear… Alegar motivos de “liberación democrática” es una falacia que ya se ha comprobado en Venezuela, donde descabezan al régimen, pero lo mantienen… y se llevan el petróleo.

En cuanto a la amenaza atómica por parte de Irán (no olvidemos el engaño de atribuir a Irak la posesión de armas de destrucción masiva), argumentada sobre todo por Netanyahu, insistiendo en la urgencia de eliminarla, como viene haciendo desde hace más de 20 años, tal como mostraba un documento televisivo en el que aparecía repetidas veces diciendo que Irán ya poseía la bomba atómica y estaba presto para utilizarla contra Israel. Esta falsedad ha sido desmontada por los informes de expertos en energía atómica de diversos organismos internacionales y por las propias palabras de Trump, que tras el ataque de junio dijo que las instalaciones atómicas ya estaban destruidas.

Y el ataque a Líbano, tres cuartos de lo mismo. Aún no recuperados de los bombardeos sincrónicos sobre Gaza y la matanza de seguidores de Hezbolá y su líder, ahora, respondiendo al lanzamiento de artefactos explosivos que no habían ocasionado ninguna muerte y tan solo destrozos mobiliarios, inician de nuevo un ataque que ha producido más de 500 muertos, más de un millón de desplazados, destruido las viviendas del sur y los puentes del río Litani. La intención declarada es dejar la franja sur de 40 km arrasada como en Gaza y apropiársela.

Por otra parte, no deja de sorprender el trato diferente que recibe Israel frente a Rusia. Mientras que a esta se la expulsó de los organismos internacionales económicos, deportivos y culturales, tras su ataque a Ucrania, a Israel se le permite su presencia. Son contados los países que se oponen a este doble rasero, recibiendo, al igual que los particulares que lo denuncian y suscriben, el epíteto de antisemitas, trocado por el de traidores para referirse a los judíos críticos de EEUU y del propio Israel. 

Todo aquel que comete crímenes masivos contra la humanidad debería ser juzgado por un tribunal imparcial e independiente. Esa es la función del Tribunal o Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya y promovida por la ONU.

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