Estados Unidos de América. Trump.

Creo que es a Einstein, “padre de la bomba atómica”, a quien se le atribuye la frase de que una de las características o peculiaridades de la especie humana es no tener límites para la ambición y la idiotez. De ambas parece estar bien dotado el señor Trump, y buena muestra está dando de ello continuamente. De la segunda también podría estar algo afectada parte de la sociedad americana que lo ha votado; aunque sabía cómo es, siempre estará a tiempo de rectificar, como ya lo están haciendo algunos miembros importantes de ese interesado club de amigos llamado MAGA. Asimismo, deberá tomar conciencia y limitar la influencia del poderoso lobby judío que subvenciona a miembros del Congreso y del Senado, tanto demócratas como republicanos, para conseguir su voluntad, esté quien esté en el Gobierno.

Netanyahu lleva varias décadas intentando embarcar a EEUU en un ataque masivo a Irán, pero no había conseguido autorización por parte de los últimos presidentes, incluido el actual en su anterior mandato, pero la situación ha cambiado y ahora el señor Trump, persona voluble, megalomaníaca y de corto coeficiente intelectual, pero con grandes intereses económicos personales y familiares en esa zona, le ha dado permiso para la agresión. Netanyahu se permite incluso ir más allá y no informarle de ataques a objetivos pactados como inviolables. Da la sensación de que lo ha metido en un atolladero del que no sabe cómo salir.

Estupor y consternación en el mundo. Negativa a participar en la guerra, por ahora, de los miembros de la OTAN, mayoría de países y Comunidad Europea, ante los requerimientos y amenazas de Trump, atreviéndose a llamar a Europa cobarde, que efectivamente lo es, pero no por negarse a participar, sino por su actitud pasiva cuando no colaboradora ante el genocidio de Gaza. No contaba con la resistencia de Irán ni con su ataque a Israel, bases americanas, países petroleros del Golfo Pérsico y cierre del Estrecho de Ormuz. Ambos dignatarios, ¿no pensaron en las nefastas consecuencias? Que resumidas pueden ser estas:

  • Miles de muertos y millones de desplazados. La inmensa mayoría, inocentes.
  • Ruina y regresión económica para decenas de millones de habitantes de los países de Oriente Medio.
  • Provocación de futuras oleadas masivas de emigrantes hacia Europa.
  • Exacerbación del odio entre países e inestabilidad en el futuro.
  • Encarecimiento y empobrecimiento en muchos otros países, sobre todo de Europa.
  • Desconfianza entre los miembros de la OTAN.
  • Desconfianza entre los miembros de la Comunidad Europea.
  • Desprestigio intencionado de la ONU.
  • Situar al mundo al borde del precipicio nuclear.
  • ¿O quizás pensarán en estas otras? 
  • -Un futuro feliz y pacífico para Israel. 
  • Grandes beneficios para EEUU (industria energética, armamentista, poseedores de información privilegiada en bolsa, etc.) y de paso también para Rusia, aliada de Irán, levantando las sanciones a su exportación energética a fin de que se mantuviera al margen del conflicto.

En una reciente entrevista, el exministro José Borrell y exencargado de Relaciones Exteriores de la Comunidad Europea aludía a la gran dependencia que esta tiene con respecto a los EEUU y ponía como ejemplos:

  • Cloud o nube, almacenamiento de información.
  • Satélites de comunicación, necesarios en guerras como la de Ucrania.
  • Tarjetas de crédito. Se las bloquearon a jueces del Tribunal Internacional.
  • Redes de fibra óptica para comunicaciones transatlánticas.
  • Energía. El 40% del gas consumido, servido antes por Rusia.

Y no solo dependencia tecnológica, sino también militar. En la OTAN aportan la parte más significativa del gasto y armamento. Aducía que la Unión Europea fue pensada para la paz (entre sus componentes) y no para la guerra, y que para cambiar eso habría que cambiar el andamiaje institucional y saber si los ciudadanos están dispuestos a ello. Pues bien, considero que esta guerra a la que intentan arrastrarnos, cuyas consecuencias ya empezamos a pagar y desconocemos con inquietud su coste en el futuro, es un momento adecuado para un cambio de paradigma. Europa, aunque no de forma inmediata, tiene capacidad suficiente para lograr una independencia tecnológica y militar. No reforzando los ejércitos nacionales (como ha hecho Francia con su nuevo submarino atómico), sino creando un ejército único europeo. Evidentemente, eso requiere voluntad, de la que me permito dudar, dado que la Comunidad Europea ha sido incapaz de crear una Agencia Tributaria única, fiscalizadora de los movimientos monetarios especulativos y evasivos de impuestos.

Mientras tanto y sin demora, se debería promover la presión internacional a EEUU e Israel a fin de PARAR INMEDIATAMENTE LA GUERRA, cosa que ha ocurrido esta misma semana con una tregua que parece frágil, a la espera de las negociaciones en Pakistán. La masacre cometida por el Estado sionista de Israel en Líbano, justo el día que empezaba esa tregua, muestra una vez más que Netanyahu no está por la labor diplomática y sigue adelante con su plan genocida y expansionista. Europa tiene que decir basta y plantarle cara. De lo contrario, además de perder ya la poca credibilidad que le queda, puede quedar como mero espectador en un mundo cada vez más polarizado.

Es urgente concurrir a un foro internacional, que podría ser la ONU (sin los vetos y privilegios de los grandes Estados), en el que se asiente el derecho internacional, la justicia y el sentido común para arbitrar los conflictos entre países, por encima de las tendencias y orientaciones religiosas tan enraizadas y condicionantes de muchas decisiones políticas. A este respecto, tan patético me parece la imposición de manos a Trump por parte de los evangelistas y las apelaciones a Dios para destruir al adversario del secretario de Guerra americano, como las invocaciones a Alá o Jehová de otros contendientes. Dejemos a los dioses y a sus profetas al margen y que solo y personalmente iluminen y guíen a quien quiera ser iluminado y guiado.

Es justo que Israel tenga un Estado propio y el reconocimiento de la comunidad internacional, incluidos los países árabes y de Oriente Medio. Pero a su vez debe reconocer el derecho de sus vecinos a tenerlo. Deben recibir idéntico trato: Palestina, Líbano, Siria, Jordania, Irán, y no tratar de destruirlos y abocarlos a la ruina y desesperanza. Si no lo hace, como la historia tozudamente demuestra, no obtendrá la paz que tanto dice desear… igual que casi todos nosotros.

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