En esta pieza se analizan los movimientos de las últimas 48 horas que finalmente conducirán a la investidura de Juli Fernández (ERC) y pasar página de la era Bustos.
La política local pareció por momentos desarrollarse en un manicomio. A menos de 24 horas del pleno de investidura aún se ignoraba quién sería el alcalde de Sabadell. Ello a pesar de la aplastante mayoría de 18 concejales de Unitat pel Canvi (UpC), ERC, Crida per Sabadell, CiU y Guanyem Sabadell-Sí se puede frente a cinco del PSC. Finalmente, la decisión de la formación liderada por Marisol Martínez permitirá que la ciudad entierre la infausta etapa liderada por Manuel Bustos y sus herederos políticos e inaugurar una nuevo ciclo político.
Durante las últimas horas hemos asistido a un espectáculo poco edificante que pone de manifiesto lo peor de la política: opacidad, intereses partidistas, incumplimiento de los compromisos electorales…
El jueves por la mañana portavoces de UpC, ERC y Crida, las tres formaciones que aparentemente tenían cerrado un pacto de gobierno, convocaron una rueda de prensa para presentar el documento Acord per la regeneració democrática. En realidad, se trató de una presión sobre CiU y Guanyem para que se aviniesen a votarles en el pleno de investidura, pues con sólo 12 ediles necesitaban del apoyo de los cuatro y/o dos votos de estas formaciones respectivamente para impedir que Josep Ayuso (PSC) fuese proclamado alcalde.

Ese mismo día por la tarde se celebraron las asambleas de las tres formaciones. Contra todo pronóstico, la militancia de UpC rechazó entrar en el gobierno de izquierdas, aunque sí dar apoyo a la investidura, debido a la exigencia de ERC, apoyada por la Crida, de adherirse a la Associació de Municipis per la Independència (AMI). Según manifestó el viernes el cabeza de lista de UpC, Joan Berlanga, esta decisión no debía adoptarse por un acuerdo entre partidos sino ser sometida a consulta popular. Sin embargo, esto parece más el pretexto que la causa para que esta formación se niegue a integrarse en el gobierno de izquierdas. Al fin y al cabo, podrían votar en contra en el pleno que ha de aprobar dicha adhesión. Da la impresión que la cuestión de la AMI ha sido la gota que ha colmado el vaso de diversas discrepancias en el proceso negociador.
Gobierno bipartito
El viernes a las 11 de la mañana comparecieron en rueda de prensa Juli Fernández y Maties Serracant, cabezas de lista de ERC y la Crida, flanqueados por sus respectivos concejales, para presentar el acuerdo de gobierno que reúne sólo ocho concejales de los 27 que consta el Consistorio. Ambos ediles anunciaron que habían pactado una alcaldía rotatoria que comenzaría con Fernández, que sería el alcalde de la ciudad en las elecciones “plebiscitarias” del 27S. Ello da satisfacción a las aspiraciones al líder de ERC, quien desde el inicio de la larga precampaña ha manifestado su férrea voluntad de ser el alcalde de Sabadell, la ciudad más importante de Catalunya que gobernará esta formación.

Un pacto excesivamente débil para asegurar la gobernabilidad del municipio y que no recoge la pluralidad política y sociológica de la izquierda local. En efecto, ambas formaciones obtuvieron buenos resultados en el Centro y los barrios habitados por las clases medias y unos registros muy pobres en los barrios periféricos que no estarán representados en esta fórmula de gobierno. Además, el independentismo sólo obtuvo en Sabadell el 40 por ciento de los sufragios y 12 concejales. Los gobiernos deberían representar lo más fielmente posible la voluntad popular y esta opción bipartita adolece de esa representatividad tanto en el eje nacional como en el social.
Contradicciones convergentes
Ese mismo día a las 12, CiU convocó una rueda de prensa para anunciar, tras numerosas preguntas de los periodistas, que pensaban votarse a sí mismos en la sesión de investidura, lo cual podría facilitar que Ayuso fuese proclamado alcalde si Guanyem no apoyase a Juli Fernández.

Carles Rossinyol intentó justificar una decisión que se contradice con sus compromisos en la campaña electoral, cuando aseguró que su principal prioridad era que el PSC pasase a la oposición, acusando a las tres formaciones de izquierdas de haberle marginado de las negociaciones. El tono y la argumentación de Rossinyol adquirieron por momentos el carácter de pataleta de un niño pequeño a quien se le ha quitado un juguete. Intentó salvar los muebles con una propuesta alucinante: apoyaría una moción de censura antes del verano si Ayuso fuese investido alcalde.
La decisión de Marisol Martínez
Finalmente -quién lo iba a decir hace unas semanas- la clave de la investidura se ponía en manos de Marisol Martínez, líder de Guanyem. La escasa habilidad negociadora de los tres partidos de izquierda y la actitud inmadura de CiU le otorgaron este papel privilegiado.

A las 22h, la exdirigente de EUiA deshizo los numerosos interrogantes acumulados desde el 24 de mayo al otorgar su apoyo a la alcaldía de Fernández y al gobierno bipartito ERC y Crida. Justificó esta determinación por la necesidad de acabar con la vieja política y abrir una nueva etapa en la vida pública de la ciudad y en cuatro contrapartidas programáticas. De momento Guanyem Sabadell no entrará en el gobierno municipal ni pedirá responsabilidades de gestión ni retribuciones económicas.
Bien está lo que bien acaba
La semana empezó con la comparecencia de los hermanos Bustos en el Parlament en una suerte de recapitulación del caso Mercurio y finalizará con la investidura de Juli Fernández que significará el final de la era Bustos.

Las fuerzas políticas de la ciudad no estado a la altura de las circunstancias. ERC, Crida y UpC no han sabido conducir unas negociaciones que deberían haber partido de un acuerdo de investidura para posteriormente encarar la cuestión de la composición del ejecutivo local. Dieron por supuesto el apoyo de CiU y Guanyem cuando en política nada puede darse por sobreentendido. Ni siquiera han conducido adecuadamente las negociaciones entre ellos a la vista del desmarque de UpC.
Por su parte, CiU no han demostrado tener altitud de miras y ha situado sus intereses partidistas por encima de cualquier otra consideración. Al punto de haber permitido la investidura de Ayuso si, en el último momento, Guanyem no se hubiera decidido por decantar la balanza a favor de cambio político.
Esperemos que el mandato que no ha empezado con buen pie haga honor al título de la célebre comedia de William Shakespeare, Bien está lo que bien acaba.
