Foto portada: gent fent cua a l'oficina del BBVA a Can Deu. Autor: David B.

‘Sinvergüenzas habituales’, por Manuel Navas (FAV)

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Manuel Navas, presidente de la Federació d’Associacions Veïnals de Sabadell

No es casualidad que los grandes medios de información y persuasión (la mayoría propiedad de la banca) insistan en que el sistema bancario juega un papel importantísimo y fundamental para la supervivencia de la economía por lo que es necesario cuidarlo y ayudarle en todo lo posible. Y bien que lo cuidan. Según el Tribunal de Cuentas, entre 2009 y 2020 se les han dado cientos de miles de millones de euros públicos y el Banco Central Europeo (una institución pública) le ha prestado millones de euros a espuertas a intereses ridículamente bajos.

El llamado ‘rescate’ de las entidades financieras de sus orgias especuladoras, dejó claro el trato preferencial, que ni de lejos han recibido comerciantes, autónomos, pequeñas empresas, y que ha supuesto un detrimento de las arcas públicas que ha visto mermada su capacidad para equiparar el raquítico Estado de Bienestar español a los niveles medios de la UE15 y aquí conviene recordar el escandaloso maridaje entre grandes bancos y poder político.

Es un hecho que la dinámica del actual modelo económico tiende a la concentración de la economía en pocas manos y que se trata de un camino que conduce irremisiblemente hacia un modelo social donde el poder económico manda y marca la hoja de ruta de la sociedad con menoscabo del poder político que debiera ser el genuino reflejo de la soberanía popular.

Una situación que refuerza lo incompresible que resulta que algo tan determinante para la vida de la inmensa mayoría de la población se deje en manos privadas y que refuerza la justeza e imperiosa necesidad de una banca pública y un control estricto, eficiente y eficaz de los privados para evitar que campen a sus anchas como están haciendo, conduciendo al mundo, a un desorden económico sin parangón.

Es bien sabido que nos encontramos en una situación dramática para las clases populares que tuvo como último punto de inflexión con la crisis económica del 2008 y que ahora con la pandemia se ha visto especialmente agravada y en ese contexto, con decisiones socialmente irracionales, las entidades bancarias están cerrando más de 4.000 mil sucursales por doquier (entre ellas en Sabadell) lo que supone la desaparición de decenas de miles de puestos de trabajo que implica que las arcas públicas dejan de recaudar vía seguridad social y tributaria y que tenemos que cargar, como daño colateral, las decisiones privadas de los bancos.

El cierre de sucursales bancarias en Sabadell (Can Rull, Torre-romeu, Poblenou, Can Deu, ….), incide en la degradación de la vida en los barrios que la pandemia está provocando con la ralentización de la actividad económica. Existen razones más que suficientes para oponernos a ello: se ha convertido en un servicio esencial del cual mucha gente no puede prescindir (especialmente gente mayor y con capacidad reducida); aumenta el riesgo de contagios por la movilidad y objetivamente el riesgo de robos en gente mayor que se desplaza entre barrio con dinero en metálico; son medidas que priman el interés particular sobre el general, etc.

De nuevo, la movilización y denuncia popular contra este nuevo atropello (que vine de atrás) es imprescindible, como lo es que, los ayuntamientos, no pueden ni deben desentenderse de las decisiones llevadas a cabo por entidades privadas que causan graves problemas a sus conciudadanos/as y la ciudad como es el caso. Cada cual, jugando el papel que le corresponde, desde sus fuerzas y competencias e instando a institucionen que correspondan exigiendo que tomen cartas en el asunto sin dilación. En cualquier caso, vista su trayectoria y decisiones, la expresión de sinvergüenzas habituales (no los trabajadores/as sino la dirección de los bancos) siendo demasiado indulgente, le viene al pelo.

Foto portada: gent fent cua a l’oficina del BBVA a Can Deu. Autor: David B.