Sven Tuytens. Autor: David B.

Sven Tuytens, periodista: “en España no hay un relato común de la Guerra Civil y la dictadura”

Nacido en Bruselas en 1967 es desde 2010 el corresponsal en España de la radio televisión pública belga (VRT) en lengua neerlandesa. Es autor del documental y del libro Las mamás belgas (editorial El Mono Libre, 2019) que reconstruye la historia de 21 mujeres, refugiadas en Bélgica, que vinieron en 1937 a España para luchar contra el fascismo y trabajaron como enfermeras en el hospital militar republicano de Onteniente (Alicante).

Le entrevisto el pasado martes en la Escuela Oficial de Idiomas donde vino a presentar su libro.

¿Qué le impulsó a escribir este libro y rescatar del olvido este episodio de la Guerra Civil española?
El punto de partida fue una foto en la plaça Catalunya en mayo de 1937 con el fondo del Hotel Colón sede de las Joventuts Comunistes de Catalunya. Muchas de las fotos de la Guerra Civil son de combatientes y de hombres. En ésta, al contrario, eran mujeres en plena Guerra Civil que iban vestidas normalmente y no eran milicianas. Quería contar una historia de mujeres. Nadie ha contado esta historia que me parecía impresionante. Investigando comprobé que no sólo habían luchado aquí, sino que tuvieron un papel en la resistencia armada durante la Segunda Guerra Mundial y ahí también se ha olvidado contar su historia.

Una de ellas, Vera Lufting perteneció a la Orquesta Roja, la famosa red de espionaje soviética durante la Segunda Guerra Mundial.
Sí. La Orquesta Roja en los años 30 era algo nuevo en el mundo del espionaje. No era el típico espía que estaba trabajando en los barrios obreros. Trabajan a la luz del día, tenían dinero, tenían una red de empresas y detrás de estas empresas que ganaban dinero, espiaban. El jefe de la red era Leopold Treper, un judío polaco, y una sus personas de confianza era Vera Lufting, la mujer que está en el centro de la foto de Plaça Catalunya. Una mujer con mucha presencia y que llamó la atención de Treper cuando había montado su red de espionaje y Vera había vuelto a Bruselas acabada la Guerra Civil. Hay una atracción y un interés y le propone a Vera a trabajar con él y se convierte en espía. Su nombre de código era La Negra y siempre consiguió escapar a la unidad de los nazis que perseguía a la Orquesta Roja y con la protección de Treper sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial.

Sven Tuytens. Autor: David B.
Sven Tuytens en un moment de l’entrevista. Autor: David B.

Después de la guerra se pierde su rastro. En principio pensaba que seguía como espía, pero no he encontrado pruebas. Y eso que he ido bastante lejos, he tenido la suerte de poder consultar los archivos de los servicios secretos belgas. Desde 1946 hasta su muerte hay un seguimiento, pero no hay nada. Se nota que ella corta con el Partido Comunista y es mucho menos activa.

Usted titula el libro Las mamás belgas, pero no eran belgas, sino judías de Polonia y Hungría refugiadas en Bélgica.
Este nombre viene del valenciano y era el nombre como popularmente se las conocía porque el hospital donde trabajaban se sostenía con fondos belgas y mamás era el nombre que se daba a las enfermeras en los años 30. Quería utilizar este nombre para enseñar que la historia no es en blanco y negro. Así, a pesar del título, no son belgas ni mamás, en sentido de ser madres, pues hay muy pocas que tuvieron tiempo para tener hijos. Vivieron dos guerras, cuando llegaron aquí tenían 24 ó 25 años y, para la época, son mujeres con una edad.

¿Cuál fue la aportación de los belgas en las Brigadas Internacionales?
Fue importante para un país pequeño como Bélgica que en los años 30 tenía poco más de ocho millones de habitantes. Hubo 2.400 brigadistas si lo comparas con Holanda, un país un poco más grande donde hubo 800 brigadistas. Esto da razón de la importancia de los movimientos sociales en Bélgica y también de la importancia de los partidos de izquierda, como el partido comunista. A mí me interesa esta historia.

¿Por qué esta gente estuvo dispuesta a luchar en España? ¿Cuál era el contexto? Y cómo fue el regreso después. Muchos lo pagaron perdiendo su trabajo, su nacionalidad por haber luchado en España y de los 2.400, 300 murieron y todavía están enterrados por España. Se trata de una historia olvidada que forma parte de la historia de los movimientos sociales. Creo que vale la pena rescatar esto.

El problema de todo esto es que empiezas a tirar del hilo y salen más cosas. Es como la corrupción del PP, tiras y cada vez sacas más cosas.

Usted ha realizado varias presentaciones del documental y del libro. ¿Cuál ha sido su recepción?
Las presentaciones más interesantes han sido en pueblos o en barrios obreros donde la parte más interesante es el debate posterior. El documental es muy emotivo. El público español reacciona muy fuerte. No es como un público del norte más frío y racional. En España aflora rápidamente la emoción, porque también es la historia de España. Es su guerra, con 40 años de dictadura. Hay mucho silencio y mucho dolor. En los debates ese dolor explota. Para mí, como extranjero, es muy fuerte ser testigo de esto. A veces no sé cómo canalizar todo esto, pero es muy importante hablar del dolor y para las personas es muy importante saber de dónde viene para saber dónde va. Cada familia quiere saber qué ha pasado y lo quiere expresar.

A menudo se dice que España tiene un problema con su memoria histórica ¿Comparte esta opinión? ¿A qué cree que es debido?
Cuando oigo que hay gente que discute si Franco fue o no un dictador, hay un problema. Franco fue un dictador y punto. En España falta un relato común. Por ejemplo, en Alemania hay un relato común. Hubo juicios después de la derrota del nazismo y ahora puedes ir a la cárcel si exhibes símbolos nazis o haces apología del nazismo. Existe un relato oficial y un relato común. Aquí hay varios relatos y la dictadura ha tenido tiempo para escribir la historia. Han tenido 40 años para contar su parte de la historia. Pero, claro, cuando hay varios relatos, puedes meter cualquier cosa que son mentiras. Ahora esto se nota con Vox, cuando oigo en Madrid gente que dice: ‘Franco ha inventado la Seguridad Social’. ¿De dónde vienen estas cosas? Son tonterías, pero que se explican en un contexto en que todo el mundo puede decir cualquier cosa. Por ello es importante tener un relato común.

España no es un país único. Muchos países tienen un pasado doloroso y creo que hay que pasar por este proceso de reconocer y hablar.

¿Tiene Bélgica un problema semejante con su memoria histórica? ¿Cómo se trata la cuestión de los colaboracionistas con los nazis como Leon Degrelle que se refugió en España y gozó de la protección de Franco?
También Bélgica tiene un gran problema con su memoria histórica. Hay una parte relacionada, como usted indica, con la Segunda Guerra Mundial, pero hay otra relacionada con el colonialismo en el Congo belga. Estamos hablando de millones de muertos, de gente que trabajó en condiciones terribles. Hay gente que pide que el Estado belga reconozca el daño que se hizo durante el colonialismo. Todavía hay estatuas en Bélgica dedicadas al rey Leopoldo II que era propietario del Congo belga. En este tema también es necesario un debate. En Bélgica se ha intentado olvidar esta historia del colonialismo, pero el tiempo ha ayudado para hablar de un tema donde también hay sufrimiento. Bélgica tiene su parte de responsabilidad en lo que está pasando en el Congo y en África. Aquí también hay un problema y si queremos hablar de estados democráticos hay que abordar estos temas. Cada país tiene su lado oscuro. Creo que para avanzar y para no repetir errores hay que hablar del tema y sobre todo hay que pasar por la educación. Es importante que la gente conozca su historia, el lado oscuro y el lado bueno.

Actualmente en Europa estamos asistiendo a un ascenso de la extrema derecha y del fascismo. Su libro está inscrito en un contexto de lucha antifascista ¿Qué semejanzas y diferencias observa entre el ascenso del fascismo en los años 30 y ahora?
Las mamás belgas formaban parte de una generación muy solidaria. Gente que realmente pensaba que un mundo mejor era posible y que con la lucha había maneras de ir hacia una sociedad más justa.

Tengo la impresión que hoy en día hay mucho cinismo y mucho miedo. Creo que somos mucho más miedosos que esa gente de los años 30 estaba dispuesta a luchar y a dar su vida por este ideal. Ahora estamos acojonados, no sabemos muy bien cómo reaccionar y frente a muchos problemas miramos hacia otro lado. Hay gente que está muriendo en el Mediterráneo y no sabemos muy bien qué hacer. Nos da miedo el cambio climático. No hacemos muchas cosas. Si es gratis podemos hacer algo, pero si nos cuesta algo miramos hacia otro lado. Vivimos en una burbuja y estamos ahí sin reaccionar. Estamos muy bien informados si queremos estarlo.

A mí lo que me impresiona de las mamás belgas es que eran inmigrantes en Bélgica que vinieron a España para proteger nuestra democracia y nuestros valores. Lo hicieron cuando un inmigrante que se instala en un país, empieza a crear un poco su nido y ellas hacen lo contrario vienen a España porque piensan que vale la pena proteger los valores de la República y luchar contra el fascismo ¿Quién hace esto hoy en día? ¿Quién va tan lejos hoy en día? Eso es para mí como un espejo, frente a todo lo que está pasando ¿Cuál es el momento en que reaccionas? ¿Cómo puedes reaccionar? ¿Qué puedo hacer? Porque tenemos todos una responsabilidad. Si mañana Vox gana las elecciones, tendremos la responsabilidad por no interesarnos por la política. Hay que ser consciente y hay que reaccionar. Entonces lo hicieron gente muy pequeña, porque no eran gente famosa, eran obreros que hicieron algo impresionante. Por eso es muy importante acordarse de ellos y aprender sus lecciones.

Aunque depasa la presentación de su libro no puede resistirme a preguntarle sobre la percepción en Bélgica del proceso soberanista catalán, especialmente cuando Carles Puigdemont está instalado en este país.
No puedo contestar por los belgas porque hay diversas opiniones sobre el tema. Tampoco puedo hacerlo como corresponsal porque no es mi función opinar sobre algo que está pasando en España. Mi opinión personal es que es un fallo de la política. Creo que los políticos están para resolver problemas. Aquí tenemos una crisis política muy profunda y la tarea de los políticos es encontrar una solución. También es algo que me da mucho miedo. Es triste que, cuando estoy cubriendo este tema, siempre tenga miedo que un día habrá un accidente. Una manifestación donde un coche de policía atropelle un niño y al día siguiente en los periódicos salga: “policía nacional mata un niño catalán durante la manifestación”. ¿Qué hacemos si pasa eso para parar todo esto? Todos los ingredientes están ahí para que todo explote.

En Bélgica también hemos tenido momentos en la historia donde todo estaba muy caliente, menos mal que la tensión ha bajado mucho y que los políticos realmente hicieron su trabajo para bajar un poco el tono. Creo que esta es la gran responsabilidad de todos los políticos para, ahora mismo, bajar un poco la presión. Pienso que hay soluciones para empezar para bajar la presión y luego empezar a negociar.

Foto portada: Tuytens, durante la entrevista. Autor: David B.