No sé si podré explicar en tan solo unas líneas y a través de unas pocas palabras todo lo mucho que pierde en estos momentos Sabadell, su ciudadanía y la política local, autonómica y nacional sin el hasta hoy alcalde Manuel Bustos en primera línea.
A los que conocemos de primera mano a la persona, al político y sobre todo el juicio mediático y popular que ha precipitado su renuncia a la alcaldía nos invade una profunda mezcla de tristeza, rabia e impotencia.
Sin duda el tiempo y la verdad siempre acaban teniendo la razón y poniendo a cada uno en su sitio, pero el momento, la desafección y los tempos de la política han precipitado su renuncia a la alcaldía dando eso sí, una vez más, un nuevo ejemplo que le honra, que para Bustos ante todo están Sabadell, su ciudad, y el partido al que ha dedicado toda su vida política, el PSC.
Un partido con el que comparte la mayoría de los valores que le han acompañado a lo largo de su trayectoria: trabajo, esfuerzo, dedicación y sacrificio.
A Manuel Bustos le debemos que Sabadell sea hoy una ciudad abierta, moderna, plural, referente en muchos aspectos y disciplinas. Pero por encima de todo le debemos que a muchos nos haya enseñado a querer un poco más Sabadell, a disfrutar de cada uno de sus rincones.
Su vehemencia, su estilo apasionado, el amor sincero que desprende en cada una de sus palabras al hablar de Sabadell la magnifican, te contagian, te enamoran. No he visto ninguna de esas palabras, de esos grandes, medianos o pequeños proyectos y de esas buenas noticias que han hecho lo que hoy es Sabadell en los titulares, los editoriales y las noticias de las que se han hecho eco los medios de comunicación y las redes sociales en los últimos tiempos.
Vivimos en una profunda crisis no tan solo económica sinó también de valores, y los medios de comunicación se han plegado ante la misma. Hoy no venden las buenas noticias, el crecimiento ni el progreso. Hoy vende el escándalo, la exageración, el escarnio y la difamación. La mayoría de los medios de comunicación han aparcado el código deontológico periodístico para convertirse en la mayoría de los casos en un simple altavoz de sus mecenas.
Ante este panorama poco más queda que esperar a que la justicia se ajuste a las necesidades del momento actual, del contexto. Desde ya debemos reclamar una mayor celeridad en los processos judiciales que envuelven especialmente a los políticos, ya que la suma de los últimos acontecimientos y noticias han provocado que ahora sean el foco de la crítica y del imaginario social.
Todos estamos de acuerdo que cabe actuar con la mayor severidad ante los casos de corrupción y el delito, pero también con mayor diligencia y urgencia para con aquellos que simplemente se han visto involucrados por un sinfín de desgraciadas coincidencias y quieren poder demostrar su inocencia, restañar su honorabilidad.
Los hechos siempre superan a las palabras, y Manuel Bustos ha demostrado que detrás de cada una de sus palabras le acompañaban un sinfín de hechos: un nuevo pabellón, una nueva biblioteca, una nueva infraestructura y un nuevo y mejorado servicio.
Ahora son la suma de la amenaza por parte de los grupos de la oposición y de las palabras, mal entendidas, sacadas de contexto, utilizadas de mala manera, las que han provocado su renuncia a la alcaldía que no a la política.
Sabadell y la política están en deuda con él pero sobre todo la justicia, por no haber evolucionado al ritmo que la sociedad y la política reclaman en estos momentos.
Unos momentos en los que la batalla de la rivalidad por el descrédito entre las diferentes formaciones políticas ha superado de forma alarmante a la batalla de los valores, de las ideas, de la POLÍTICA. En la que sus protagonistas al intentar destruir a sus adversarios están erosionando a pasos agigantados la política y la democracia, con la consiguiente desafección por parte de la ciudadanía.
De Manuel Bustos hemos aprendido muchas lecciones, la última, que ante todo hay que priorizar los intereses de la ciudadanía y los de las siglas del partido a las que un político representa. Esa, sin duda, ha sido su decisión y lección más difíciles.
Pero somos muchos a los que nos sabe a poco y los que queremos seguir aprendiendo.
