L’ESTAT DE LA CIUTAT
El retorno a la alcaldía de Bustos marca un antes y un después en la crisis abierta el 27 de noviembre de 2012 con el estallido del caso Mercurio. Si ese día empezó a correr el tiempo para que los socialistas cesasen a los cargos públicos imputados, desde el 7 de febrero de 2013 el reloj comienza a contar contra la oposición para presentar la moción de censura.
El anunciado regreso de Manuel Bustos a la alcaldía estuvo condicionado por la respuesta del secretario municipal a la recusación de los cinco grupos de la oposición al decreto que prorrogó por segunda vez la alcaldía accidental y que no se ajustaba a ninguno de los tres supuestos que contempla la ley. De dicho informe se desprende que el alcalde no podía instalarse permanentemente en una tierra de nadie institucional: o dimitía o ejercía plenamente el cargo.
Bustos ha preferido volver. Quizás temeroso a que las revelaciones del levantamiento de su parte del secreto del sumario se lo impedirían. Acaso porque así tiene en sus manos una ficha que jugar ante la dirección de su partido.
En cualquier caso, esta decisión responde a la defensa de sus intereses personales y de sus allegados, sin importarle un bledo hundir el prestigio de su partido o el buen nombre de la ciudad. Durante más de dos meses el PSC de Sabadell ha tenido tiempo para apartar a los cargos electos y de confianza imputados y emprender una operación de regeneración del grupo municipal y del partido. Incluso, Juan Carlos Sánchez y Ramon Burgués parecían reunir las mínimas condiciones para ello.

No ha sido así. Han optado por la defensa cerrada de los imputados, negando las evidencias, perdiendo las formas con la oposición… En suma, vinculando su destino a la suerte de ‘El Capo’ a quien se lo deben todo. El desarrollo de la crisis mercurial ha demostrado la inexistencia de un “sector sano” en el PSC local donde todos aparecen obedientes a los dictados del amo y señor de horca y cuchillo del partido.
El tiempo de la oposición
La reincorporación a la alcaldía acelera extraordinariamente el desenlace de la crisis mercurial. Si el 27 de noviembre empezó a correr el reloj para que el PSC apartase del poder a los imputados, desde el 7 de febrero comienza a contar el cronómetro para que la oposición presente la moción de censura.
De momento y por este orden, Entesa, EUiA, ICV y, aunque sin expresarlo públicamente como el resto de grupos, el PP se han manifestado a favor de la moción de censura. CiU, segunda fuerza política de la ciudad, es la única formación de la oposición que aún no lo hecho. No olvidemos que para que esta opción prospere es necesario el concurso de los cinco grupos municipales que suman una estrecha mayoría de 14 concejales, contra los 13 del PSC.

Carles Rossinyol, portavoz del grupo municipal convergente, se mostró partidario –en declaraciones a El País, a esperar el levantamiento del secreto de sumario del alcalde, concejales y cargos de confianza que podría verificarse en pocos días. Las revelaciones serán tan demoledoras –argumenta- que no dejarán otra salida a la dirección del PSC que forzar la dimisión de los imputados. Así, evitaría CiU la difícil papeleta de integrarse en un heterogéneo gobierno de concentración con las finanzas municipales quebradas e intervenidas por el Ministerio de Hacienda, producto de años de pésima gestión económica del equipo de gobierno, ahora bajo sospecha. No obstante, Rossinyol quiso subrayar que ese momento procesal será la última oportunidad para que el PSC cese a los imputados. Si no lo hace, no les dejarían otra opción que apoyar la moción de censura.
Los dos tableros
Siempre hemos de tener presente que la partida de Mercurio se juega en dos tableros: el local donde los grupos municipales tienen la última palabra y el nacional donde la responsabilidad recae sobre las cúpulas de los partidos en Barcelona.
El comportamiento de Bustos a lo largo de crisis muestra que está dispuesto a resistir hasta el final. Previsiblemente, incluso cuando se levante el secreto de sumario y accedamos a la transcripción de las conversaciones intervenidas, negará las evidencias. Volverá a escudarse tras la presunción de inocencia y dirá –como aseguró en la entrevista en Àgora– que no dimitirá hasta que los tribunales emitan una sentencia en firme de culpabilidad; esto es, dentro de unos años.
Por otro lado, la implicación del diputado Daniel Fernández en el caso, las previsibles amenazas de Bustos de poner en marcha en ventilador interno y la debilidad del liderazgo de Pere Navarro no permiten deducir que, cuando se levante esa parte del secreto del sumario, la dirección del PSC le obligue a dimitir. De momento, sólo sabemos Navarro y Colboni avalaron el regreso a la alcaldía de Bustos. Quizás entonces, para ganar tiempo, nos remitirán a la redacción del auto de procesamiento del juez instructor.

Tampoco parece que la dirección nacional de CiU, asediada por su implicación en numerosos escándalos de corrupción, esté por la labor de animar a su sección local a dar vía libre a una moción de censura que sentaría un precedente para casos. De momento, el convergente Josep Valls, teniente de alcalde de Urbanismo de Lloret de Mar e imputado por prevaricación y cohecho en el caso Clotilde de blanqueo de dinero de la mafia rusa, se ha apartado temporalmente de su cargo tras ser imputado por el juez.
A nivel local, el grupo municipal convergente se verá sometido a una fuerte presión política y social para dejar expedito el camino de la moción de censura como una inexcusable medida de higiene democrática donde se juega su credibilidad política y ética ante la ciudadanía.
Huracán de corrupción
Mercurio resulta la expresión local de un fenómeno general y estructural de la restaurada monarquía parlamentaria. Desde la Casa Real, a la presidencia del gobierno, pasando por casi todas las comunidades autónomas y numerosos ayuntamientos, como el nuestro, están salpicadas por la corrupción.
Las demandas de regeneración democrática de la ciudadanía, en el contexto de una profunda recesión económica de terribles consecuencias sociales, serán tan potentes que obligarán a la depuración de responsabilidades de los implicados en las tramas corruptas. Un factor que tiene su importancia en la resolución del caso Mercurio.
Nos hallamos ante unas circunstancias excepcionales. Esperemos que las fuerzas de la oposición estén a la altura de sus responsabilidades políticas y cívicas. Hagamos votos para que sean capaces de -por encima de personalismos e intereses partidistas- de ponerse de acuerdo para sacar a la ciudad del pozo negro del bustismo e impulsar un ejecutivo de regeneración democrática que realice una limpieza a fondo de la administración local.
El silencio de los corderos
La crisis mercurial ha puesto todas cartas boca arriba y nos ha devuelto una imagen poco amable de Sabadell. En ocasiones por acción y en otras por omisión.
Excepto honrosas excepciones, como la Federació d’Associació de Veïns (FAV), las instituciones económicas, organizaciones patronales y profesionales y la mayoría de las entidades cívicas han optado por mirar para otro lado y no pronunciarse sobre el tema. O, peor aún, como el Gremi de Constructors, han ratificado en la presidencia a Melquíades Garrido, tío del alcalde y uno de los principales imputados en la causa. Lo mismo ocurre, salvo contadas excepciones, con los intelectuales y artistas de Sabadell envueltos en la espesa bruma del silencio.

El prolongado y férreo control ejercido por el bustismo sobre la sociedad civil y los medios de comunicación, unida a la distribución clientelar de los recursos públicos, han acabado por generar un clima de temor y connivencia que continúa vigente. Incluso, ahora, cuando el régimen está a punto de desmoronarse.
Sin duda, nos hallamos ante una de las más pesadas herencias de la era Bustos. En un ejercicio de “optimismo de la voluntad”, que diría Antonio Gramsci, la moción de censura puede ser el vehículo para restituir un clima de normalidad y limpieza democrática en la vida pública de la ciudad. Como ocurre cuando se abren las ventanas de una habitación cerrada durante muchos años.
