Un grupo de ciudadanos de origen africano, en Torre-romeu.

‘L’estat de la ciutat (II)’: Inmigración en Sabadell, primera aproximación

L’ESTAT DE LA CIUTAT (II)

La inmigración es un fenómeno muy complejo. Para abordar el tema trazaremos un perfil de la inmigración en la ciudad y plantearemos unas primeras consideraciones sociológicas y teóricas sobre una cuestión sobre la que habremos de volver.

Para encarar con un mínimo de rigor esta difícil cuestión hemos de conocer con cierto detalle sus características en la ciudad. Para ello utilizaremos los informes del ‘Observatori de la Immigració a Sabadell‘ (OIS), editados por la Lliga dels Drets dels Pobles i Fòrum Idea (UB), el último actualizado el 1 de julio del 2011, que proporcionan una radiografía muy fidedigna del fenómeno.

En esa fecha, de una población total de 208.476 personas, 26.371 son extranjeras (12,9%). Un porcentaje ligeramente superior a la media española (12%) y algo inferior a la media catalana (15,7%). Desde mediados de la década de 1980 hasta 2000, la población de Sabadell se había mantenido estable, en torno a los 184.000 habitantes, con un insignificante porcentaje de extranjeros en torno al 1%. Entonces, se experimenta un notable crecimiento de la inmigración que se concentra entre los años 2006-2008 cuando el número de extranjeros pasó de 19.962 a 26.814 personas. En Sabadell, la corriente migratoria llega algo más tarde que otros municipios del entorno como Terrassa o Rubí que, a finales de los 90, presentan altos porcentajes de extranjeros. Probablemente, un estudio comparativo del precio de la vivienda en la comarca nos daría las claves para entender este fenómeno.

En 2009-2010 se observa una tendencia al estancamiento que se acentúa en el 2011 cuando la población extranjera desciende en 1.126 personas (-4,2%). Unas cifras que se corresponden con la evolución del paro. En los años inmediatamente anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria (2005-2007) la tasa de desempleo se mantuvo en torno al 8%,  hasta el 2008 cuando experimenta un brusco salto situándose en el 13% y que continuó aumentando hasta rondar el 20% actual.

Otra de los rasgos más notables de esta “nueva ciudadanía” radica en su juventud respecto a la población autóctona, si en está última los mayores de 65 años representan el 17,8% del total, entre los primeros sólo es del 1,4%. Se trata de personas jóvenes, en edad laboral, que han venido a cubrir las necesidades del mercado laboral español de mano de obra barata en la construcción, industria y servicios.

Distribución territorial

La procedencia de esta inmigración es muy diversa y comprende 128 nacionalidades. El principal contingente corresponde a América Latina (47%), seguido de África (29%), Europa (17%), la gran mayoría de la Unión Europea (14%), y Asia (7%), de los cuales el 4,2% son chinos. Por nacionalidades, Marruecos ocupa la primera plaza, seguido de Bolivia, Ecuador y Rumania.

Las nacionalides más presentes en Sabadell. Autor: OIS
Las nacionalides más presentes en Sabadell. Autor: OIS

La desigual distribución territorial nos proporciona valiosas indicaciones sociológicas. Tomando como referencia la media de la ciudad (13%), se observa la pauta que, a medida que nos alejamos del Centro, aumenta el porcentaje de población extranjera, lo cual puede explicarse por el precio de la vivienda. Los barrios de Can Puiggener (32,2%), Sur (22,6%), Creu Barberà (18,9%) y Torre-romeu (16,8%) están por encima de la media. Ca n’Oriac, Can Rull o Can Feu están en torno a la media, mientras que Creu Alta (9,7%), Gràcia (8,5%)  y Centro (6,5%) están por debajo del promedio.

Tampoco esta distribución es homogénea. Los marroquíes, los primeros en instalarse la ciudad, residen sobre todo en Can Puiggener, donde son el 45,7% de la población extranjera, y Torre-romeu (35,3%). Los bolivianos se concentran en Concòrdia (29,7%) y Ca n’Oriac (25,2%). Los ecuatorianos en la zona Sur (33%) y los gambianos en Torre-romeu (27%).

Mujeres de origen magrebí, en Torre-romeu.
Mujeres de origen magrebí, en Torre-romeu.

En este punto, debemos señalar la importancia de las redes de solidaridad familiar y social, particularmente en comunidades donde se conserva la familia campesina de base amplia. Muchos inmigrantes vienen a nuestra ciudad porque ya residía aquí algún pariente o amigo lo cual facilita su aterrizaje y suelen proceder de determinadas regiones de su país. Así la mayoría de marroquíes provienen de las comarcas habitadas por los amazigh (bereberes), los bolivianos del departamento de Santa Cruz y los ecuatorianos de la provincia de Otavalo.

En esto el comportamiento de la inmigración extracomunitaria no difiere mucho de la emigración del Sur de España en 1950-1970. Por ejemplo, en Ca n’Oriac abundan los murcianos, en el Llano de Can Puiggener vecinos procedentes de Archidona (Málaga) o en Merinales y Can Rull de San Sebastián de los Ballesteros (Córdoba).

Estratificación social

La inmigración arriba a una ciudad postindustrial con una estructura socio-cultural estratificada y articulada en tres ejes: geográfico (centro/periferia), social (clase alta/media/baja) y cultural (lengua catalana/castellana), con múltiples excepciones, permutaciones y combinaciones.

Porcentaje de población de origen extranjero por barrios. Autor: OIS
Porcentaje de población de origen extranjero por barrios. Autor: OIS

Las clases medias/altas residen en el casco antiguo de Sabadell, colindante con barrios como Gràcia, Creu Alta o Can Feu donde habitan los estratos inferiores de las clases medias (pequeña burguesía), ambos de lengua catalana. En los barrios del norte, suelen residir los sectores cualificados de la clase trabajadora (aristocracia obrera), mientras que en los distritos del Sur, Can Puiggener o Torre-romeu viven las capas más descualificadas (proletariado), ambos de lengua castellana.

Una estructura social donde las diferencias de clase están subrayadas por factores de orden cultural -principal, aunque no exclusivamente- de carácter lingüístico y donde los inmigrantes vienen a situarse en el escalón inferior de la pirámide social.

La experiencia del SCAI

Sectores progresistas de la sociedad civil local fueron muy sensibles a esta cuestión. Así se implementaron diversas estrategias de inserción social destinadas a los inmigrantes y se impulsaron campañas de sensibilización para evitar las reacciones de rechazo.

En 1998, cuando apenas se iniciaba el flujo demográfico, se constituyó el Servei Ciutadà d’Acollida als Immigrants (SCAI), formado por distintas entidades que trabajaban en este ámbito (Càritas, Lliga dels Drets dels Pobles, Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat y las secciones comarcales de CC.OO y UGT) y financiado mediante convenios con instituciones públicas como el Ayuntamiento de Sabadell, Diputació o Generalitat y entidades financieras. Un modelo original en la medida que combina la gestión en el terreno jurídico-institucional con la acción sobre el tejido social y que, con casi 20.000 visitas anuales, se convirtió en una referencia positiva para los emigrantes de la ciudad.

Sabadellenses de origen africano, en Torre-romeu
Sabadellenses de origen africano, en Torre-romeu

Un servicio que ha estado a punto de desaparecer, tras el anuncio en noviembre del año pasado de la retirada de la subvención municipal de 125.000 euros, principal fuente de ingresos de la entidad y la intención de sacar a concurso público la asesoría jurídica para extranjeros. Finalmente, tras diversas movilizaciones y complejas negociaciones, el Ayuntamiento decidió dar marcha atrás y mantener el convenio, lo cual disipa al menos durante un año las incertidumbres sobre el futuro del SCAI.

Agentes sociales e institucionales

Paralelamente, se produjo la eclosión del asociacionismo inmigrante con la creación de más de una treintena de entidades muchas de las cuales en función del origen nacional de sus miembros. Una veintena de estas asociaciones latinoamericanas, magrebíes, africanas y asiáticas, se agruparon en la Federación de Asociaciones de Inmigrantes del Vallès (FAIV), constituida en abril del 2009 con el objetivo de aunar esfuerzos para:

defender los derechos sociales, económicos y políticos de todas las personas que han venido a trabajar y rehacer sus vidas en Catalunya”.

Desde el punto de vista institucional, además de la labor de los Servicios Sociales, en 2007 el Ayuntamiento creó la Oficina de Nova Ciutadania con el siguiente objetivo:

coordinar y gestionar los programas y servicios públicos dirigidos a la acogida, acompañamiento e inclusión de los ciudadanos recién llegados y a la vez a la sensibilización intercultural de toda la población”.

La Oficina asumió un papel relevante en la interlocución con las asociaciones de inmigrantes.

Convivencia y coexistencia

Durante los años de bonanza, mientras hubo trabajo para todos, en los barrios más que convivencia se produjo la coexistencia entre la población autóctona y la inmigrada que compartían espacios comunes, juntos pero no revueltos.

Los movimientos migratorios suelen ser percibidos por la población autóctona con recelo y desconfianza no sólo porque cuestionan la homogeneidad cultural y lingüística de los Estados-nación, sino porque son percibidos por muchos trabajadores como competidores desleales por bienes escasos como el empleo o las prestaciones sociales. Precisamente, el rechazo a la inmigración (“primero los de casa”) se ha convertido en el principal argumento de la pujante extrema derecha europea.

La crisis económica genera las condiciones ideales para exacerbar las reacciones de rechazo al “otro” latentes en nuestra sociedad. Incluso, en época de bonanza, se detectaron pruebas de ello como la creación de guetos en escuelas públicas de barrios como Can Puiggener y Torre-romeu donde muchos padres autóctonos decidieron escolarizar a sus hijos fuera del barrio. No hace mucho se recogieron muchas firmas en Gràcia contra la posibilidad que se instalase un oratorio musulmán.

Restaurante Döner en el barrio de Torre-romeu
¿Convivencia o coexistencia?

Otro indicador del rechazo a la inmigración son los resultados electorales de Plataforma per Catalunya (PxC) en la ciudad. En las autonómicas del 2010, la formación xenófoba consiguió sus mejores registros justamente en los distritos donde se concentra la inmigración. En Torre-romeu (5,8%), en los barrios del Sur (3,9%), en del norte (3,7%), mientras que el Centro sólo obtuvo 1,3%.

Cuatro modelos 

Los inmigrantes son uno de los sectores más vulnerables ante la crisis, con tasas de paro que duplican los de la población autóctona y sin el colchón de las redes de solidaridad familiar de los nacionales. Así es lógico que sean ellos quienes más utilicen los servicios sociales tanto públicos como del ámbito de las entidades solidarias. Algunos han regresado a sus países de origen y otros buscan empleo en otros estados de la Unión Europea, aunque la inmensa mayoría ha venido para quedarse.

Para concluir esta primera aproximación repasemos, esquemáticamente, los distintos modelos teóricos y políticos sobre la inmigración, con la intención de aportar elementos de reflexión sobre este complejo fenómeno.

El enfoque segregacionista alemán propugna la separación entre los nacionales y extranjeros, percibidos como una amenaza a la identidad nacional. Los inmigrantes son “trabajadores invitados” que deberían retornar a sus países de origen cuando expiren sus contratos laborales, sin mezclarse con la población autóctona.

El punto de vista integracionista de Francia exige que en el curso de un proceso, más o menos largo, los inmigrantes abandonen su lengua, costumbres, cultura y tradiciones y adopten los valores identitarios de la sociedad de acogida. Sólo así podrán integrase y convertirse en ciudadanos de pleno derecho. Este es el planteamiento dominante en amplios sectores la sociedad catalana.

Para la perspectiva del multiculturalismo anglosajón los inmigrantes han cumplir sus obligaciones legales y fiscales como ciudadanos al igual que los nacionales. Ahora bien, se considera la cuestión identitaria como un asunto privado donde el Estado no debe interferirse, siempre que no se vulnere el ordenamiento jurídico. Por ejemplo, la tradición cultural no puede servir como argumento para justificar la discriminación de la mujer.     

Las tesis postmodernas del interculturalismo plantean que las nuevas tecnologías de la comunicación, los procesos de globalización económica y los grandes movimientos migratorios del siglo XXI están derribando las barreras culturales y destruyendo las marcas identitarias del pasado. Se abre un largo y complejo proceso de fusión del cual emergerá una nueva cultura mundial que se formará a través de diversas e imprevisibles síntesis, con elementos extraídos de las diversas tradiciones culturales del planeta.

A nuestro juicio, será muy difícil hallar una solución democrática a la cuestión de la inmigración en base a los dos primeros modelos; por el contrario, el multiculturalismo y el interculturalismo ofrecen mejores perspectivas para facilitar la convivencia entre autóctonos e inmigrantes en igualdad de derechos y deberes.