Foto portada: una de las movilizaciones. Autor: SoterramientoMurcia.es

Opinión de Josep Asensio. ‘¡Murcia, qué fuerte eres!’

Los acontecimientos que se suceden en Catalunya nos han impedido concentrarnos en la actualidad de otras partes de España y del mundo. Tanto las buenas como las malas noticias han pasado este último mes desapercibidas por una sociedad en stress perpetuo a la espera de conocer si el culebrón catalán va a finalizar de alguna manera o se va a enquistar en el tiempo. Lo último: me preocupa que cada vez más gente aviste un escenario de violencia en las calles y que lo que los independentistas denominaban ‘vía eslovena’ se va a parecer mucho a la ‘vía Ulster’.

De manera silenciosa, pero permanente, los ciudadanos trasladan sus cuentas corrientes fuera de Catalunya y miles de empresas, también en silencio, a un ritmo de 20 por hora, trasladan sus sedes físicas y fiscales a otras partes, lejos de este sinsentido que nos mantiene en vilo.

Como Teruel, Murcia también existe. Situada entre la Comunidad Valenciana y Andalucía, Murcia permanece aislada desde hace siglos. Sus gentes han sido testigos mudos del expolio del Partido Popular durante casi dos décadas, padeciendo todo tipo de improperios y humillaciones que han tenido y van a tener consecuencias nefastas para las generaciones venideras. Con infraestructuras que datan del siglo XIX, la Región de Murcia se despierta poco a poco de ese letargo mortífero y alza su voz para gritar, para suplicar, que la ciudadanía está harta de mentiras. Ya en marzo escribí un artículo titulado El iceberg murciano, donde exponía esos pequeños cambios que quedaban reflejados en las elecciones municipales de 2015. Las diferentes mareas, sanitarias y educativas, han lanzado a los murcianos a las calles de manera masiva, irritados por la inacción de sus políticos, de manera que se ha perdido el miedo a la escenificación de las protestas.

El último motivo de presión, de movilización, ha sido la esperada llegada del AVE a la ciudad de Murcia, una obra que se alarga en el tiempo pero que parece que finalmente va a ver la luz en un plazo máximo de dos años. La infraestructura ferroviaria murciana data del siglo XIX y se han hecho muy pocas obras de mejora. Baste decir como anécdota que la Estación de Murcia fue inaugurada por Isabel II el 24 de octubre de 1862 como estación “provisional”. Y ahí sigue, casi como hace 155 años. La ciudad ha ido creciendo y las vías han separado barrios enteros. La promesa de que el AVE iría soterrado abrió la puerta a la esperanza pero la realidad ha sido muy distinta. Un muro de nueve kilómetros de largo por cinco de alto impedirá para siempre esa soñada unificación, aunque el Ministerio señala que será provisional, una palabra que los murcianos detectan que lleva trampa incluida. Por si fuera poco, una catenaria de 25.000 voltios acompaña a toda esta parafernalia en aras del progreso.

Hace cinco años se produjeron las primeras movilizaciones, en forma de acampada todos los martes. Pero la última, el pasado 5 de septiembre coincidió con las fiestas patronales, lo que dio más vistosidad a las protestas. Fue el inicio de un hecho histórico en la Región de Murcia. Nunca antes 50.000 personas habían salido a la calle para reclamar nada. La Gran Vía de la capital se convirtió en un acto de solidaridad con los barrios afectados por la dolorosa separación y unió una vez más a una población recelosa de falsas promesas.

Dos hechos destacan en estas concentraciones. La primera, la perseverancia. 25 noches seguidas de protestas con una participación inicial de 10.000 personas que fueron ampliándose hasta las ya nombradas 50.000 del sábado 30 de septiembre. 25 noches donde no faltaron las cargas policiales de violencia inusual contra mujeres y niños, lo que condujo a una mayor movilización. La segunda, la música como exteriorización de la protesta. Más de 200 músicos se sumaron a las reivindicaciones y convirtieron ya una canción mítica en el icono de sus exigencias: The Wall de Pink Floyd. Parece que hay un principio de acuerdo y todo este movimiento ha servido para algo. El tren llegará a Beniel, a 10 minutos del centro de Murcia y habrá trenes lanzadera como los que ya existen en Zamora o Vigo. Mientras, se soterraría completamente el AVE, aunque vuelve a ser una promesa a la espera del visto bueno del Ministerio de Fomento.

No todo acaba bien en Murcia. La otra cara de la moneda la ofrece un mar Menor ya muerto y con muy pocas posibilidades de remontar el vuelo y convertirse en lo que antaño fue un paraíso. La zona arrastra una degradación urbanística y ambiental de difícil reparación fruto inexorablemente de la ambición y la mezquindad de las administraciones y de los constructores. Todavía existen emisarios submarinos, ésos que vierten las aguas fecales al mar sin depurar. En pleno siglo XXI.

Vista del Mar Menor desde el paseo marítimo de Los Alcázares. Foto: Geografíainfinita.com
Vista del Mar Menor desde el paseo marítimo de Los Alcázares. Foto: Geografíainfinita.com

Las protestas todavía no han llegado hasta aquí. La zona languidece bajo la desidia de la administración y la inacción de los vecinos. Solo ANSE (Asociación de Naturalistas del Sureste) lleva años reclamando una solución que nunca llega. Y hasta Jesús Calleja se apuntó a salvar el Mar Menor en su programa Volando voy el pasado 8 de octubre. A pesar de lograr juntar a todos los actores de este drama, la escenificación resultó una farsa, ya que había sido grabado seis meses antes y la consejera de Medio Ambiente entrevistada ya no estaba en el cargo. A pesar del buenismo de Calleja, se evidenció una vez más la enorme distancia entre los políticos del PP murcianos y los ciudadanos a los que en teoría representan. Pero eso ya es una constante. La lucha continúa y Murcia es en estos momentos un buen ejemplo.

Foto portada: una de las movilizaciones. Autor: SoterramientoMurcia.es